Mar del Plata, sábado 24 de junio de 2017
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16/07/2009
Hay ocho escenarios de cuotificación y sólo faltaría definir las coimas

Entre los que aspiran a una cuota de merluza hubbsi ya se habla de lo que pedirían quienes tienen el poder para otorgar los cupos. Todos dicen saberlo, pero nadie se siente en condiciones de denunciar.

Texto y fotos de GUILLERMO NAHUM

Desde hace varios años se puede leer en las actas del Consejo Federal Pesquero que este organismo mantiene asiduas reuniones para definir el proyecto final para el reparto de Cuotas Individuales y Transferibles de Capturas de la merluza hubbsi. De hecho, en los últimos dos años tuve acceso a cuatro de ellas, donde se planteaban escenarios de reparto que diferían entre sí de manera significativa.

Se sabe que en teoría, la cuota asignada por quince años a cada barco debería depender de la ponderación de parámetros tales como captura histórica, empleo genuino, permiso de pesca vigente, cantidad de infracciones e inversiones efectivamente realizadas, tal lo estipulado en el artículo 27º de la Ley Federal de Pesca.

Pero lejos de ello e independientemente de los cálculos matemáticos, hoy el reparto inicial de las cuotas de captura se estaría haciendo en base a un precio tentativo que deberían abonar los armadores, para asegurarse la continuidad de su negocio y la propiedad de una porción de recursos públicos. El precio, si bien parece depender en principio de la complejidad de cada caso, rondaría por estos días los 70 dólares por cada tonelada de merluza asignada “legalmente” por resolución y por el plazo de quince años. Y digo “por estos días” porque esa es la información que acercó a esta redacción un importante operador político pesquero, de nuestra más absoluta confianza, quien se mostraba asombrado y preocupado a la vez, no sólo por lo abultado del negocio que se estaría en camino de perpetrar, sino por la obscenidad con que la actual administración estaría encaminando las negociaciones. “Lo hablé con Lino, le dije que para los tipos como yo 70 dólares la tonelada es demasiado, que no lo podemos pagar, estamos de acuerdo en pagar más o menos la mitad de esa guita, pero 70 dólares es mucho”. ¿Y que te contestó? –pregunté, asombrado por la naturalidad con la que me explicaba cómo se negocian las coimas– “Que no me apurara, que el precio no está cerrado aún y que espere; que van a comenzar a negociar con los grandes y después recién con nosotros”

Asombrado por el testimonio, tomé el teléfono e hice varias llamadas intentando obtener más precisiones entre personas del más alto nivel dentro de la industria pesquera: un lobbista, tres empresarios y dos abogados. A decir verdad, sólo me confirmaron que estaba absolutamente en lo cierto y que el precio de 70 dólares por tonelada es el valor que se estaría manejando entre los más altos empresarios pesqueros con los representantes del gobierno que estarían operando; y que no serían otros que el propio Norberto Yahuar y sus dos más directos colaboradores.

Claro, es muy difícil demostrar que esto es así. Por supuesto que ninguno de los consultados se mostró dispuesto a poner la cara para denunciarlo públicamente. Sólo logré que uno de ellos me reconociera que estaría dispuesto a denunciar el hecho si confiara en la justicia. “Yo, con mi barco, si no compro merluza me tengo que dedicar a otra cosa. Estoy condenado a ponerles la plata que me pidan y después ponérsela también a la provincia para que me sigan dando del cupo provincial. Ojalá existiese justicia, hace cincuenta años que pesco y si no es por la cuotificación es por el Dejupa, si no es por los juveniles es por la p… que lo parió, pero nosotros siempre tenemos que ponerla. Preguntale a Romano y a Retrivi cuánto cuestan las transferencias de los costeros. Andá al Sheraton y averiguá qué pasa en la caja de seguridad, decile a Pita que te diga dónde van los 11 pesos por cajón que ponemos todos los viajes, averiguá qué pesca el Araucania. Y vos querés hacerme un reportaje… No, yo soy loco pero tengo una familia”

Ni falta que hace, quienes trabajamos en esta industria sabemos que la corrupción es la respuesta exacta a cada uno de los temas planteados. Lo sabemos nosotros y lo saben muchos. Desde hace varios meses las charlas entre los armadores en los bares cercanos al puerto sólo tratan acerca de cuánto le ponen a Pita para borrar la merluza de los partes de pesca y las actas de descarga, cuánto pagaron para que el CFP les apruebe tal o cual transferencia, cuántas toneladas de merluza compraron a 70 dólares la tonelada otorgada por resolución y cosas por el estilo. Hoy un armador me graficó su visión sobre el tema marcándome lo que a su entender diferencia a las actuales autoridades de las del menemismo. “En la época del Turco tenías que garpar para conseguir cosas truchas, generalmente un permiso o una transferencia. En cambio ahora vas por la avenida a 40 kilómetros por hora, con las luces prendidas, el cinturón puesto, pasás el semáforo en verde y te paran y te cobran coima igual. La mayoría de las transferencias que aprobó el Consejo no están del todo mal, es más, la que yo hice correspondía, pero cuando la quise hacer por derecha me la cajonearon y hasta que no la puse no me la aprobaron”

Así las cosas, da la sensación de que la industria pesquera seguirá siendo el pozo de corrupción que es desde hace muchos años. Una industria que integran, entre otros, muchos armadores que juran no poder blanquear a su personal explotado en negro, no poder aumentar sueldos a sus marineros, que piden compensaciones de todo tipo pero que a la vez hacen cola para aportar a la caja negra e insaciable de la política. Y por el otro lado, administrada por funcionarios que reparten los recursos como si fueran propios y se enriquecen ostensiblemente por sus gestiones. En medio de tanta desidia generalizada, está la frustración que nos carcome a quienes soñamos con un país mejor.

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