Mar del Plata, martes 30 de mayo de 2017
Revista Puerto es una publicación independiente dedicada al sector pesquero.
11/05/2017
La espera eterna para conseguir un viaje

Dos marineros que hacen relevos en buques fresqueros de Mar del Plata contaron sus penurias para embarcarse. Trabajos de jardinería y delivery para sobrevivir en tierra.

Por Roberto Garrone Fotos Diego Izquierdo

La crisis laboral en el puerto de Mar del Plata por la inactividad de la flota fresquera tiene en los marineros al grupo ocupacional principal, más allá de que luego repercute también en el resto de la cadena productiva que alimenta el pescado fresco: estibadores, transportistas y sobre todo, personal vinculado al procesamiento.

Cristian Vivas y Santiago Delaje comparten horas de espera en la vereda del Sindicato Marítimo de Pescadores (SIMAPE) a la expectativa de ser convocados para hacerse a la mar, darle sentido a esa libreta azul de embarque que guardan como su mayor tesoro.

Vivas tiene 31 años y hace cuatro que es marinero. Cuando se recibió pensó que tenía parte de la vida solucionada, que trabajo no iba a faltar. Pero como él, cientos piensan lo mismo y todos los años la Escuela de Pesca y centros privados, emiten libretas que parecen condenadas a dormir en un cajón.

Delaje tiene 27 y es un novato. Se recibió el año pasado y acepta esa condición como un derecho de piso hasta “tener muchos conocidos en el muelle para que te consigan más trabajo”, como dice este mediodía de miércoles despejado en el cielo pero con nubarrones oscuros para la actividad fresquera en el puerto local.

“Muchos barcos ya se han ido a la Patagonia y muchos otros se están preparando para salir. Si ahora es complicado conseguir un viaje…” dice Vivas sin sacarse los anteojos de sol. Cuenta que el último viaje fue hace dos meses, como relevo en el “Inmaculada”, del grupo Baldino. “Pagaron todo, como corresponde, ningún problema”, agrega mientras saluda a un dirigente que entra al gremio.

El último viaje de Santiago fue hace un mes, a bordo del Feixa. Duró 10 días a merluza. Antes de esa marea tiene que pensar bastante para recordar cuando había sido la anterior. “Este año fue, pero ya no recuerdo bien”, dice el marinero. No tiene hijos y con el trabajo de su señora pueden pelearla para llegar a fin de mes.

“Aprovecho que tengo la moto y hago algunos deliveries a la tarde, porque a la mañana siempre estoy acá, viendo si sale algún viaje. Las veces que conseguí fue por estar acá, por el sindicato”, cuenta mientras vigila el vehículo de los mandados, una moto roja de la que no se separa.

“Cuesta mucho porque cada armador ya tiene su grupo de gente y también los relevos… Y cada vez será más complicado porque los barcos se van y contra eso qué podés hacer”, refiere Delaje.

Vivas tiene dos hijos que mantener y dice que con lo que gana como marinero apenas le alcanza para pagar algunos gastos fijos. “Corto el pasto; salimos con un amigo a ofrecer el trabajo. Tenemos una máquina medio vieja –se ríe tímido, como avergonzado- pero vamos tirando. Esto cada vez se pone peor”, coincide con lo que acaba de decir Santiago.

En el gremio casi no hay movimiento. Un rato antes de la charla, Juan Domingo Novero se disculpó de no poder hablar con REVISTA PUERTO porque tenía que tomarse el remise que lo esperaba en la puerta. El secretario General, Pablo Trueba, estaba “por llegar”.

Lo que llegó hace rato son las horas muertas de los marineros marplatenses. La inactividad lejos del agua, la incertidumbre en tierra firme, la carencia de oportunidades. La espera en una sala sindical en la que si algo parece faltar, es la esperanza.

Un contenedor convertido en Hospital Móvil en Mar del Plata

Tras un acuerdo entre la Secretaría de Salud y la Terminal de Contenedores Dos (TC2). Trabajo en conjunto para disminuir accidentes. Campañas de capacitación en seguridad, cursos de RPC y vacunación para estibadores.

Cerrar