02/03/2009
78 puestos de trabajo en peligro

Astilleros Mar del Plata no escapa a la sombría realidad que atraviesa Antonio Barillari S.A. Aunque no forma parte del concurso preventivo de la empresa madre que se tramita en la justicia porteña, el astillero de Barillari sólo construye incertidumbre.

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Fotos de Diego Izquierdo

Astilleros Mar del Plata no escapa a la sombría realidad que atraviesa el grupo que le dio origen y al que está estrechamente ligado: Antonio Barillari S.A. Aunque no forma parte del concurso preventivo de la empresa madre que se tramita en la justicia porteña, al ser el empresario pesquero su principal accionista, el panorama es desolador y nadie se anima a vislumbrar un mejor porvenir para los tiempos que vienen.

Conocido como “el astillero de Barillari”, este emprendimiento que nació hace casi tres décadas pero cobró impulso en los años 90 con la fiebre del langostino, está a la deriva, con atraso de sueldos, la salida de su referente dirigencial y con fuertes rumores de venta.

Son 78 obreros ligados al Sindicato Argentino de Obreros Navales (SAON) los que padecen la incertidumbre laboral en el astillero que cuenta con tres imadas de 500 toneladas cada una y una playa de maniobras o gradas de construcción de 5.500 metros cuadrados.

“Estamos 3 puntos”, confiesa Walter Castro, secretario gremial de la nueva comisión Directiva del SAON filial Mar del Plata. Así califica la situación de los obreros navales que trabajan en el astillero. “Estamos con atrasos en el pago de las dos quincenas del mes de diciembre, las dos de enero y el aguinaldo”.

Todos los viernes la empresa entrega adelantos, que oscilan entre los $300 y $600, de acuerdo a la calificación de los obreros. “No lo cobran todos los compañeros”, avisa el dirigente gremial. “Los que más se quejan por la falta de pago, menos cobran”, aseguró.

La actividad en el astillero es mínima. El proyecto de reemplazar las imadas de madera por carros sobre rieles de acero que permitirían duplicar la capacidad de varada sigue siendo una deuda pendiente. Los trabajos se centran en los buques Euro II y Galemar y barcos chicos de Necochea. Muy poco para un complejo ubicado en el sector de cabotaje del Puerto Mar del Plata con 50 metros de frente al espejo de agua y una superficie adicional de 4.000 m2 donde se pueden realizar trabajos de prefabricados planos y de alistamiento de calderería.

Con esa modalidad de los pagos semanales, la empresa no cortó la relación laboral con sus fuerzas de trabajo como sucedió en la planta pesquera. Esta sería la diferencia clave por la cual el astillero no fue arrastrado dentro de la convocatoria de acreedores. En el SAON no saben bien quiénes más son accionistas del astillero en los papeles, pero tienen en claro que “es de Franco Barillari”.

La salida de Jorge Tarnovsky de la empresa por discordancias justamente con el empresario pesquero marcó el punto final de una relación de muchos años. El ingeniero naval fue el autor de los proyectos de diseño y construcción de los nuevos barcos de la pesquera. De los ocho ASTSA FB-16 que se programaron, dos están pescando. También los prototipos de la serie ASTMAR FB-20 de los que se han construido 6 unidades. Además cuentan con el prototipo ASTMAR FB-40 del que se planea construir 3 unidades, ya finalizados los ensayos de modelos en canal de experiencias.

Marcelo Duarte, que ya trabajaba en el astillero, reemplazó a Tarnovsky y le dio un poco de aire a la relación con el SAON. Ante la crisis, el gremio tuvo que resignarse y renunció a cobrar algunos items salariales que sí cobran otros obreros navales. Pero ahora la situación no mejora y todo es incertidumbre.
En asamblea, los trabajadores no han decidido a profundizar medidas de fuerza, justamente por el temor ha acelerar la caída de la empresa y que de gris, el panorama laboral pase a un negro oscuro.

Ya nadie le cree a Duarte, quien se comprometió a principios de año a mejorar la situación laboral en el astillero, pero la deuda crece sin pausa. Lo mismo ocurre con los aportes sociales y sindicales que la empresa le adeuda al sindicato.

Ante este panorama sombrío, comenzaron a crecer los rumores de venta. La versión indicaba que había un fuerte interesado en adquirir el astillero. La necesidad imperiosa de Barillari de hacer caja para lubricar el circuito productivo hoy prácticamente detenido, completaba la fórmula. Hasta se habló de una preferencia para hacer una oferta de compra. “Prefiero quedarme con lo que dicen en el astillero; que no se vende”, dijo Castro.