03/03/2009
Cuchillos bajo patrón PyME

El SOIP lleva efectivizados en relación de dependencia, en lo que va del año 2009, a más de 200 fileteros. Mamerto Verón, operador clave en la negociación con CaIPA.

394_2c

Lo que hubiese sido utópico hace apenas dos años, en lo que va del 2009 el Sindicato Obrero de la Industria del Pescado (SOIP) efectivizó a más de 200 fileteros en relación de dependencia, bajo el convenio PyME que acordó con la Cámara de la Industria Pesquera Argentina (CaIPA).

El Convenio con la patronal tiene más de tres años de vigencia y si bien nació como una herramienta para comenzar a efectivizar los puestos de trabajo de más baja categoría, como peones y envasadoras, luego de las refriegas que sacuden periódicamente las calles del puerto en reclamo de mejores condiciones laborales, a fuerza de los buenos resultados ya desde el año pasado se incorporaron fileteros, con un acuerdo adicional entre las partes.

La primera experiencia tuvo como protagonista al Grupo Valastro, que creó tres empresas en el 2006 para adherirse dentro del Convenio Pyme, que establece una nómina menor a 90 obreros en relación de dependencia. Mar Atlántico S.A, Frigopesca S.A y Pesquera Argentina S.A, todas vinculadas con el empresario pesquero. La empresa, con Pesquera Ceres ya tenía 60 empleados bajo el Convenio 161/75.

Mamerto Verón está fuera de la Comisión Directiva del gremio del pescado pero su poder va mucho más allá del sello que lo muestra como Asesor. Es uno de los operadores clave que negocia con la Cámara para avanzar en la registración de los obreros.

“El año pasado Solimeno efectivizó a 350 fileteros, a partir de distintas empresas pymes, y Apolo Fish otros 30 fileteros. En lo que va del año, Mardi blanqueó 45 fileteros, Giorno otros 160 y la Pesquera Il Sole 80, pero peones y envasadoras”, detalló el dirigente en su despacho del sindicato.

En el blanqueo de Giorno fue fundamental la llegada a la firma de Mariano Pérez. El nuevo gerente impulsó el blanqueo masivo que terminó con las cooperativas. Todos fueron incorporados bajo el Convenio PyME. Hubo algunos fileteros que se negaron al traspaso y arreglaron su desvinculación. En la empresa quieren ganar en tranquilidad.

El crecimiento de los fondos provenientes de la cuota sindical de los nuevos afiliados se nota en el SOIP. El viejo edificio está siendo refaccionado y en el predio contiguo no asoma el caos y la mugre de años anteriores.

¿Qué lleva a los empresarios a incorporar personal en tiempos no precisamente propicios para el desarrollo de la actividad? Si no los efectivizaron con el derrame pos convertibilidad, ¿por qué ahora, que la rentabilidad casi ha desaparecido?

Desde el sector empresario, fuentes confiables destacaron la necesidad de terminar con el sistema cooperativo para garantizar la paz social por un tiempo mayor a un semestre. “Fue vital haber logrado un convenio con el gremio”, dijo Dario Sócrate, presidente de la Cámara de Armadores de Buques Fresqueros. Muchos de sus asociados iniciaron el proceso de la registración. Barillari está en ese camino.

“Creo que tomaron conciencia que así no podíamos seguir”, dice Verón al analizar la decisión de los empresarios. Para explicar la aceptación de los obreros, el dirigente considera que el acuerdo “es una garantía de contar con un mínimo a fin de mes, que son $ 1.240, pero todos cobran más”, avisa.

Desde las presiones recibidas por el Gobierno para regularizar la situación a cambio de poder seguir pescando como hasta ahora –sin controles–, hasta el cansancio de los empresarios para soportar escraches y críticas de toda la comunidad, pasando por la compresión de las empresas de su responsabilidad social como generadora de trabajo digno. Todas las versiones tienen algo de realidad, incluso aquellas que revelan con honestidad brutal el pensamiento de algunos empresarios. “Ya está… el cooperativismo fue una beca a la que le sacamos todo el jugo posible”, razonan con crudeza.

El acuerdo PyME establece $ 0,677 por kilo de filet de merluza, casi lo mismo que cobran los fileteros que cortan en cooperativas. “Pero ahí trabajan muy salteado, mientras que los efectivos trabajan con mucha más regularidad”, dice Verón.

Entre las duras negociaciones con la patronal, el SOIP logró que el horario no sea tan flexible como pretendía la Cámara. El horario de entrada oscila entre las 5 y las 9. “Ellos querían que estuviesen disponibles desde las 3 y hasta las 11, pero no queremos que nadie trabaje más allá de las 17”, afirma el Asesor.

Lo que no pudieron resolver fue la abolición de toda la antigüedad cuando el filetero pasa de la cooperativa a la relación de dependencia. “Hay dos años como protección, en caso de que lo blanqueen y al mes lo despidan, pero no ha ocurrido”, revela el dirigente.

En realidad pasó en la planta conocida como “Acha 1020”, que el año pasado registró bajo la relación de dependencia a 35 obreros y acaba de despedirlos por no disponer de materia prima. La planta no tiene barcos y está a merced de la ley de la oferta y demanda en el muelle. “Es el riesgo cuando son plantas chicas”, reconocen en el SOIP. “Ahora el problema no es pescarlo y procesarlo, el desafío es venderlo”, piensan los empresarios.

En tren de sumar a más empresas al modelo PyME, el SOIP mantiene cotidianas negociaciones con los directivos de El Marisco, donde hay 140 obreros de todas las categorías en condiciones de efectivizarse, los Mattera, que manejan el Frigorífico San Luis, donde en principio se haría por los 40 obreros, entre peones y envasadores.

“Nos quedarán unos 1.500 compañeros”, informa Verón. “Los más difíciles”, confiesa. En esa lista están los fileteros que cortan el pescado de los Baldino. No hay un número fijo porque hay cinco o seis plantas ligadas a su procesamiento. Los Marplatenses, que preside Guillermo Di Constanzo y corta en una planta de Triunvirato y San Salvador, reúne a 120 y es una de las más grandes.

También están los 130 fileteros de Moscuzza, que según parece se sienten cómodos bajo el sistema cooperativo. “Hace tres años han efectivizado a peones y envasadores. No creo que la empresa no tenga voluntad”, reconoce Verón.

El 2009 arrancó con fileteros bajo la mirada del patrón PyME. Aunque detrás de estas pequeñas y medianas empresas están los grandes nombres de la industria y la designación del acuerdo pierda relevancia, es un paso adelante que les permite a los obreros recuperar la dignidad perdida a fuerza de tantas traiciones y negociados que los trasladaron por años a la época medieval.