06/03/2009
Doble o nada

La desopilante historia de una transferencia de Argenova. Allá por el 2002, coexistían dos bandos que se disputaban este tipo de transas. En esta en particular, se habrían pagado U$S 320.000.

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por GUILLERMO NAHUM
Fotos de JAVIER RODRÍGUEZ | PRENSA DE LA SUBSECRETARÍA DE PESCA DE LA NACIÓN

Un poco de historia. En 1993 la empresa de capitales españoles Argenova ingresó al país cuatro barcos pesqueros tangoneros: Gove Pisces, Gove Scorpio, Gove Leo y Gove Aquarius y les transfirió los permisos de pesca de los barcos Marumar, Namuncurá y Cabo Corrientes. Las reglamentaciones vigentes impedían la transferencia de permisos de pesca de buques inactivos por más de 180 días (el Marumar no pescaba desde 1990 y el Namuncurá no registraba actividad desde 1989) y ese solo dato debió haber dificultado el trámite administrativo; sin embargo eso no ocurrió.

Tampoco influyó negativamente el hecho de haberse fraguado la declaración de potencia de los motores de los Gove: mientras la empresa declaró 450 HP, se pudo constatar que realmente los barcos tenían 100 HP más cada uno. Ese fue el primer antecedente que, a decir verdad, no es el único ni el más grave de la pesca por aquellos años.

Pero el tiempo pasó y casi diez años después la misma empresa emprende la transferencia de tres buques, los Argenova II, III y IV para reemplazar a los tangoneros Conarpesa V, Gove Pisces y Challenger.

El artículo Nº30 de la Ley Federal de Pesca es claro al respecto: “El permiso de pesca sólo podrá ser transferido a otra unidad o unidades de capacidad equivalente, que no impliquen un incremento del esfuerzo pesquero, cuando ésta o éstas reemplacen a la primera por siniestro, razones de fuerza mayor o cuando hubiera llegado al límite de su vida útil, previa autorización de la Autoridad de Aplicación”. Sin embargo aquella transferencia se hizo a fines de 2002 y lleva la firma del ex SAGPyA Haroldo Lebed, a sabiendas de las irregularidades existentes en cuanto a que los buques ingresados eran más potentes y con mayor capacidad de bodega. La resolución se firmó “obligando” a la empresa armadora a reformar estructuralmente el barco y limitar su potencia para parecerse a los buques cedentes. La Prefectura debía encargarse de constatar anualmente las modificaciones y, por supuesto, los Reyes Magos pasan por el agujero de una cerradura.

Aunque lo más increíble de aquella historia no fue la resolución en sí, sino los prolegómenos de la zaga. Eran tiempos en los que como autoridades coexistían dos bandos bien determinados que se disputaban este tipo de transas; de un lado estaban Rubén Marciale (entonces Subsecretario de Pesca) y su asesor, el abogado Fernando Manuel Corbacho; mientras que enfrente operaban Haroldo Lebed y su Asesor en materia pesquera, Francisco Romano.

Por aquellos días llegaron a nuestra redacción rumores que aseguraban que en esta transferencia se habrían pagado U$S 320.000 de coima. Este dato, sinceramente, no llamó mucho nuestra atención, debido a que siempre circulan trascendidos de esta clase. Pero esta vez, quien nos contó lo sucedido nos juró que la coima se habría pagado dos veces y esto sí nos pareció una novedad.

Los rumores aseguraban que la negociación la habría iniciado el presidente de la empresa Argenova con Marciale y Corbacho, quienes se habrían comprometido a firmar el traspaso de los permisos a cambio de un dinero a depositarse en una conocida escribanía de Buenos Aires. Cuentan también que el dinero se habría dejado en la escribanía y fue retirado de allí según lo acordado oportunamente; pero pasaban los días y la transferencia no se firmaba. Y, finalmente, no se firmó.

Recuerdo haber tomado un café por entonces con el señor Jaime Pérez Pena, presidente de Argenova, en un conocido hotel de la zona de Retiro. Ante mi insistencia en saber si los hechos habían sucedido así, éste sólo atinó a decirme “Coños, qué buena información manejas, no sé para qué quieres que yo te lo diga”. De regreso a Mar del Plata y comiendo con mi familia y un amigo en el restaurante “El 5 andaluz”, vi con asombro que a metros de nosotros, Fernando Manuel Corbacho compartía una mesa con su familia y se hacía servir docenas y docenas de ostras como entrada, con abundante champagne francés.

Pero la historia no termina acá. A los pocos días Francisco Romano habría tomado contacto con la empresa para completar el malogrado trámite y esta vez la gestión llegó a buen puerto; se dice que el precio también habría sido de U$S 320.000 y que nuevamente se habría depositado en una escribanía porteña.

La resolución que legitima la transferencia está repleta de argumentos increíbles, se confeccionó en tiempo record y lleva la firma de Haroldo Lebed, aunque no es fácil de ubicar en los servicios de documentación que ofrece el Ministerio de Economía.

Finalmente, Argenova logró transferir sus permisos de pesca y todos fueron felices con el consabido aumento del esfuerzo pesquero.

En su momento me comuniqué con Francisco Romano y le pregunté si esto había sido así: Me dijeron que Marciale y Corbacho cobraron y no firmaron y que vos y Lebed también cobraron por lo mismo, le dije. “Pero nosotros se lo firmamos”, me respondió sin negar mi acusación.

Uno no puede afirmar que los testimonios recogidos mediante fuentes reservadas sean absolutamente veraces. Tal vez la justicia podría dilucidar lo ocurrido si así lo quisiese. Sí –como impresión personal acerca de lo ocurrido y habiendo hablado con las partes intervinientes– me queda la sensación de que las cosas se hacen así o no se hacen. Aunque lo presienta, no puedo asegurar que las coimas se cobraron y que fueron exactamente de U$S 320.000 cada una. Lo que sí puedo asegurar es que la transferencia no correspondía, que se hizo con una celeridad que las autoridades de entonces no mostraban para otros temas mucho más importantes; que si la transferencia no correspondía y se hizo igual es altamente probable que haya existido cohecho y que, por experiencia y teniendo en cuenta a los actores, da la sensación de que no estamos hablando de gente que se ensucie gratis.

Volviendo al presente, la empresa aludida está tratando de repetir la historia de transferir permisos de pesca de dos de sus barcos a otros de mayor potencia y eslora. Los buques en cuestión son el Argenova VII y Argenova VIII, barcos tangoneros de 27,55 y 23,22 metros respectivamente, con una potencia de 550 HP en ambos casos. Los receptores serían los Argenova XXI y XXV, aunque este dato no pudo ser confirmado.

El expediente estaría siendo tramitado por un colaborador del Subsecretario de Pesca de la Nación, Norberto Yahuar, y el hecho se presenta como un buen parámetro para saber de qué tipo de funcionario estamos hablando. Yahuar está frente a una oportunidad inmejorable para disipar las dudas de aquellos que sospechan que sólo vino a recaudar para la campaña electoral de cara a las elecciones de octubre.