04/03/2009
Gabriel Bambill y el amor a la ciencia (parte I)

Publicar o no esta nota generó serias dudas en la dirección de PUERTO. Es que criticar las estructuras científicas nunca es agradable. Siempre resulta más fácil atacar al empresario tramposo, al funcionario corrupto, que a un biólogo marino.

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Por KARINA FERNÁNDEZ | Fotos de GUILLERMO NAHUM

Sinceramente, dudé mucho en publicar esta nota. La crítica a las estructuras científicas nunca es agradable; siempre es más fácil atacar al empresario tramposo, al funcionario corrupto, que a un biólogo marino. Pero luego de sopesar una y otra vez cuánto bien o cuánto mal podría provocar esta nota, pensé en la gran cantidad de biólogos apasionados por su trabajo que he conocido en estos últimos diez años y consideré que quizás ellos nunca ocupen un lugar de poder dentro de esta estructura, precisamente porque existen personajes como el que aquí presentamos, protegidos a pesar de su impericia.

Luego de visitar la estación de Maricultura del Inidep y quedar sorprendida, en primer lugar, por la gran infraestructura y la calidad del equipamiento tecnológica y en segundo término por la falta de logros concretos en el desarrollo de tecnología, comencé a preguntarme por los verdaderos responsables de este proyecto: Marisel Bertolotti como jefa del programa de investigación, operaciones y tecnología desde hace 15 años y Laura Luchini, Directora Nacional de Acuicultura, también en su cargo desde hace más de una década. ¿Cuál es el grado de responsabilidad que les cabe por la desidia imperante en el desarrollo de proyectos? ¿Cuál es el grado de compromiso con la actividad investigativa?

Marisel Bertolotti, como jefa del amplio programa IOT, detenta la dirección de la estación de maricultura del Instituto, sobre el que existen más críticas que elogios, más errores que aciertos y más sospechas que confianzas. El director de la estación de maricultura es Gabriel Bambill, quien ha contado siempre con el apoyo de su jefa; sin embargo no parece contar con más crédito que su padrinazgo para continuar al frente de este proyecto. Con él hemos hablando sobre los logros y fracasos de la estación y sobre la opinión de un grupo de expertos japoneses sobre el trabajo que ellos realizan.

El programa de maricultura lleva 14 años trabajando en el desarrollo de la tecnología para el cultivo de besugo y lenguado, y 7 desde que se inauguró la nueva estación con fondos del gobierno japonés, con un costo de un millón ochocientos mil dólares.

Todavía no se ha llegado a la etapa de transferencia de tecnología; algunos problemas como la bacteriosis patógena y la despigmentación de los lenguados no se han resuelto. Recién en la temporada de verano del presente año se pudo completar la segunda fase, cuando nacen los primeros ejemplares de lenguado criados en cautiverio; sin embargo, la gran mortalidad sufrida no podría considerarse un éxito. En el mundo de la acuicultura se considera que el espacio y equipamiento con que cuenta el INIDEP no está siendo aprovechado de la mejor manera y que la dirección de dicha estación es ineficiente; también alcanzan a su director los cuestionamientos, dentro del Instituto, acerca de la legítima ocupación del cargo de jefe de proyecto.

Si bien podríamos haber armado esta nota con elementos que ya contábamos, preferimos conocer la versión del jefe del programa de acuicultura del INIDEP, Gabriel Bambill.

Conociendo las condiciones en las que se trabaja en acuicultura en la Argentina, muchas veces “atando con alambre”, y viendo el tremendo laboratorio con el que cuenta el proyecto, es que me resultó antipático el comentario inicial de Bambill: “Este espacio para hacer engorde resulta chico”. Pero preferí no hacer comentarios en ese momento ya que la charla recién comenzaba y se lo escuchaba muy entusiasmado con los primeros pasos dados para el cultivo de lenguado.

PUERTO: –¿Con qué porcentaje de mortalidad llegan a los primeros 15 días de vida de los lenguados?

GABRIEL BAMBILL: –A esta altura la mortalidad va del 90 al 50 por ciento. Es normal. En Japón me decían que ellos no buscan el 80 por ciento de supervivencia, buscan el 40 o el 50 porque es la que va a crecer bien. Nosotros estamos entre un 10 y un 30 por ciento de supervivencia.

P: –¿La supervivencia depende del grado de bacterias patógenas que haya en la alimentación y el ambiente?

GB: –Puede ser, en el medio siempre hay bacterias patógenas, si la camada es fuerte la mortalidad va a ser más baja. Ahora estamos trabajando con probióticos, que son bacterias buenas que compiten con las patógenas.

P: –¿Cuál fue el resultado que obtuvieron?

GB: –En realidad los probióticos que conseguimos fueron de Corea, específicamente para crustáceos, con lo cual los resultados no fueron buenos, dio resultado negativo.

P: –¿En qué etapa de desarrollo están, tanto del besugo como del lenguado?

GB: –Estamos en una etapa experimental, con buenos resultados. Tenemos algunos cuellos de botella, como la mala pigmentación en algunas camadas de lenguado, que el año pasado la mejoramos muchísimo con el cultivo de copépodos. Este es un problema de mercado. El lenguado que estamos produciendo tiene un mayor tenor graso que el de mar; el de mar tiene entre el 2 y el 4 por ciento de grasa y el de acá tiene el 7 por ciento. Pero se lo hemos hecho probar a un japonés tanto crudo como cocido y le resultó agradable el sabor, con lo cual no lo tocamos más. La idea ahora es pasar a una etapa piloto comercial. Lo que tengo que probar yo es cuánto me sale hacer un kilo de lenguado.

P: –Sería la primera vez que se transfiere tecnología. ¿Cuál es la empresa?

GB: –No sé, yo no tengo ninguna.

P: –Ah, es sólo una idea.

GB: –Hay ideas, hay que ver qué lugar de la costa es apto. El empresario tiene el riesgo que si la prueba, no es que salga mal, pero si el costo de producción es elevado y no es competitivo en el mercado, todo lo que invirtió lo pierde; por otro lado si el precio es competitivo va a ser el primero.

P: –Qué raro que el departamento de economía del INIDEP no haya desarrollado ninguna estimación de costos.

GB: –Lo que pasa es que si parten de algo que es experimental, parten de una base falsa.
Para acuicultura la parte biológica y la parte económica van de la mano, si no esto termina siendo un hobby. En realidad tiene que terminar siendo un negocio para alguien.

P: –¿Considera que se estiraron demasiado los plazos para la transferencia de tecnología?

GB: –No, teniendo en cuenta que se trata de una especie autóctona, si bien hay similares. En Japón tardaron 40 años en desarrollar la tecnología de una especie, está bien que no tenían ninguna base, no había ninguna similar. Acá el tiempo que llevamos fue muy bueno, ya en el 2003 había buenos resultados, siempre se puede mejorar. A mí me parece un buen tiempo.

Sin embargo todos saben que para los japoneses esto no era así. A esa altura consideraban improbable que este equipo técnico pudiera llevar a cabo el desarrollo de la tecnología y no creían que estuviera capacitado para sobrellevar los sucesivos episodios de mortandad de larvas que sufrían, por fallas en la alimentación. En el presente este problema sigue irresuelto y el tema de la pigmentación, como pudimos comprobar en los estanques, tampoco está solucionado.

P: –Cuando el gobierno japonés hizo su evaluación ¿cuál fue la conclusión a la que arribó?

GB: –El gobierno mandó expertos, a ellos les pareció un tiempo muy razonable el que pasó, que las cosas se hicieron en el tiempo justo y se fueron muy contentos y es el día de hoy que todavía me piden resultados, porque tenían miedo de que una vez que se fueran, esto se cayera. Todos los técnicos que mandaron se fueron muy contentos.

Bambill actúa como si desconociera los juicios de valor que los expertos han vertido sobre su persona; de ninguna manera los japoneses fueron optimistas frente al panorama del cuerpo científico y especialmente en lo que hace a su dirección. Los expertos enviados consideraron como el peor escollo la falta de verdadero interés por producir semillas, algo que da un poco de vergüencita después de que los japoneses invirtieran casi dos millones de dólares en esta estación.

Mucho se podría haber avanzado en el desarrollo de tecnología si el INIDEP hubiera propiciado la asociación con el sector privado y recurrido a los subsidios de Ciencia y Técnica, que para la institución sería sencillo obtener, en lugar de esperar que un empresario se juegue a tirarse del avión sin paracaídas. Recordemos las palabras de Bambill: “Si la experiencia sale mal va a perder todo, pero si sale bien va a ser el primero”.

Con este panorama parece bastante improbable que alguien quiera invertir en piscicultura. Por otra parte Bertolotti, que además es la especialista en economía del Instituto, no ha propiciado en todo este tiempo, como jefa del programa, ninguna asociación tecnológica con algún laboratorio para empezar a ampliar la escala, de experimental, a piloto comercial.

Tampoco se ha buscado la asociación con otras instituciones e incluso se rechazó el ofrecimiento de otras provincias para que técnicos experimentados colaboraran en el desarrollo. Los responsables del proyecto gestionan donaciones o compran harina de pescado en las plantas para hacer el alimento en un escala mínima –incluso dicen las malas lenguas que han llegado a recurrir a alimentos para gatos– cuando podrían asociarse con productores de alimento para trucha, en procura de lograr una producción a escala industrial a bajo costo.