05/03/2009
Mandatos vencidos y sillas vacías

Los once integrantes del Directorio del Consorcio Portuario Regional Mar del Plata tienen el mandato vencido desde marzo de 2007. Algunos ya no forman parte del cuerpo y la Provincia no los ha reemplazado. Otros ya no representan a los sectores por los que fueron designados.

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La realidad del Directorio del Consorcio Portuario Regional Mar del Plata es una foto que revela cabalmente el estado en que se encuentra el principal puerto pesquero del país, con falta de inversiones públicas y privadas y problemas crónicos que hacen peligrar toda su infraestructura de servicios.
Los 11 integrantes del Directorio tienen el mandato vencido desde, para ser precisos, el 23 de marzo de 2007, casi dos años. Algunos ya no forman parte del cuerpo y la Provincia no los ha reemplazado, otros representan a otros intereses que aquellos por los que fueron originalmente designados y está el caso de uno al que problemas de salud lo ausentan desde hace mucho de la habitual reunión de los martes.
Demasiado desinterés para un puerto que, todos coinciden, está llamado a cumplir un rol estratégico vital para el desarrollo de la región.
Un representante del Municipio del Partido de General Pueyrredon, en este caso Juan Guiñazú, integra el directorio del Consorcio. El secretario de Gobierno de la comuna ya era miembro y apenas tuvo que cambiar de sillón: era el representante de CEPA. Su lugar quedó vacante hasta tanto Oscar Fortunato defina al nuevo representante. ¿Es ético que Guiñazú haya aceptado representar al Municipio? El funcionario fue designado especialmente por el Intendente Municipal, Gustavo Pulti.
El representante de los municipios de la región era Jorge Paredi, de Mar Chiquita. Ya no está y se necesita que el Gobernador defina entre los intendentes del sudeste al nombre de su reemplazante.
Presidida por el titular del Consorcio, Eduardo Pezzati comparte la mesa grande de la sala de reuniones con ocho representantes de la actividad pesquero portuaria. Ahí se sientan Darío Sócrate (Armadores), Mariano Pérez (CAIPA), sólo hasta que se defina quién es el nuevo gerente de la Cámara, ahora que Pérez es empleado del Grupo Valastro. También participan Alberto Rosa (Fecooaport), Ricardo Manoquio (gremio ferroportuario), “Pichín” Elena (Cámara de Actividades Portuarias), ausente por problemas de salud, Jorge Andrade (gremios marítimos) y Juan Gutiérrez (Cámara de empresas).
De acuerdo al estatuto del Consorcio, el mandato de los directores dura 3 años pero su renovación es automática. Para removerlos e incorporar a sus reemplazantes es necesario un acto administrativo del Ministerio de Producción. Elena se quiere ir hace rato, pero no puede hasta tanto llegue su reemplazo. Lo mismo ocurre con Mariano Pérez.
Alejandro Arlía es el nuevo ministro desde fines de noviembre del año pasado, cuando Débora Giorgi saltó al gabinete nacional. Si Giorgi no lo hizo en veinte meses, muchos dudan que el ex subsecretario de Asuntos Municipales pueda hacerlo en tres.
En los despachos del Ministerio ya han recibido varias notas y cartas de distintas cámaras empresarias y pesqueras, solicitando un lugar en el Directorio, el día que se decidan a cambiar las fichas.
Pese a las ausencias y bajas, el Directorio puede funcionar, deliberar y decidir apenas con 6 integrantes, aunque en los últimos tiempos hubo un par de reuniones que se cancelaron. Los motivos no fueron más que el descontento de varios directores por esta situación de incertidumbre, incluso de los que tienen garantizado su lugar. El de Mar del Plata es el Consorcio Portuario que más sillas tiene en su Directorio en toda la Provincia. Desde el Ministerio de la Producción aseguraron que no está pensado ampliar la mesa del Directorio para que entren más sillas.
Los dos asientos que generan más polémicas entre los que están y los que quieren llegar al Consorcio son los de los permisionarios y el de las prestadoras de servicios. Como muchos de los permisionarios también son prestadores de servicios, la polémica se multiplica.
En el Directorio que antecedió al actual, entre el 2000 y el 2003, estuvo Domingo Contessi, representante de la Cámara Naval, como referente de los prestadores de servicios, mientras que “Pichín” Elena fue la cara de los permisionarios.
Hubo un acuerdo tácito cuando se conformó el actual Directorio para que salieran los navales y entrara Alberto Rosa, de las cooperativas de estibadores, con la promesa de que en la renovación siguiente, saliera Elena y reingresaran los navales. Pero el proceso está subido a una tortuga y los navales hasta amenazaron con llevar a la justicia el reclamo por su lugar en el Directorio.
“Ahora aparecen cinco millones de interesados, cuando antes había que ir a buscarlos a la casa”, confió un viejo funcionario de carrera en el Consorcio. “Le dan una importancia superlativa al hecho de estar en el Directorio, cuando en realidad, si bien es el lugar donde se definen cosas, éstas no salen sino por mayoría”, analiza.
Y en ese tablero donde se mueven los intereses sectoriales, el pesquero es el que luce con una ventaja singular por sobre el resto de las actividades. No sólo tiene tres votos, sino que suma varios más con los indirectamente involucrados, como para hacer y deshacer a su antojo.
Esta hegemonía la padece sobre todo el sector naval, según confiesan los propios integrantes de la Cámara, situación que genera falta de posibilidades para los astilleros y talleres. Ahora esperan que la Provincia y el Consorcio activen el recambio y el Directorio se ponga a la altura de las circunstancias.