02/03/2009
Y la seguridad jurídica ¿donde está?

Minada por conflictos que se suceden como efecto cascada en el ámbito de su castigada industria pesquera, Puerto Deseado ya no es ni la sombra de lo que fue.

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POR FRANCISCO RAMÍREZ

Dicen algunos que pueden mirarla desde la distancia, que esta ciudad, que en épocas de bonanza posibilitó la radicación de empresas pesqueras dándole trabajo a cientos de operarios, ahora es un barco que se va indefectiblemente a pique y todo gracias al «aporte» de un grupo denominado Marineros de Santa Cruz, que presuntamente respaldado por políticos locales y provinciales ha quebrantado la paz social, condenando a sus habitantes a vivir en permanente zozobra.

Disputando la miseria resultante de la quema de las plantas pesqueras, el mencionado grupo, acompañado por marineros que solicitaban el pago de un subsidio, instrumentó la toma de la delegación local del SOMU, argumentando que no sentirse representado por los delegados del gremio.

Ante la imposibilidad de otorgar el subsidio solicitado y de algún modo avalando la usurpación, el presidente del Concejo Deliberante en ejercicio de la intendencia, Jorge Navarro les habría aconsejado tomar la entidad gremial: «No hay plata, muchachos, tomen el SOMU porque a ustedes no les dan el subsidio por culpa de Suárez –Secretario General del SOMU–» cuentan algunos trabajadores que dijo Navarro, el mismo que dos meses atrás cobrara protagonismo en los medios nacionales por haberse agarrado a trompadas con el ahora diputado nacional Arturo Rodríguez en una FM local.

Ya con las instalaciones del SOMU tomadas y el pedido del fiscal ad hoc de una inmediata restitución por tratarse de un hecho penal, –un delegado que debió volverse a Necochea, temiendo por su vida, había interpuesto una denuncia por amenazas– el juez tardó 10 días en ordenar el desalojo, y cuando lo hizo su orden no fue acatada por la policía, que esperaba órdenes desde Río Gallegos. Una muestra de lo independiente que es la justicia en esta provincia.

Pero así son las cosas en Deseado. Mientras se intimaba la entrega del inmueble, los que impulsaron la toma querían perpetuarse como nuevos delegados, y para lograr ese cometido decían contar con el aval del mismo intendente Luis Ampuero, quien envalentonado por dos o tres violentos habría tenido la mala idea de pedirle al mismo Omar Suárez para que «estos muchachos manejen el SOMU en Deseado». Dicen las buenas fuentes que Suárez, fiel a su estilo, le habría cortado el teléfono y luego se habría hecho negar.

FALTA DE SEGURIDAD JURÍDICA

Si a las empresas dedicadas a la pesquería del calamar, que ya atraviesan una crítica situación debida a la presencia de la flota que, operando en la milla 201, satura el mercado, y al incremento de los costos de explotación, les faltaba algún motivo para no operar en Deseado, ese motivo se lo acaban de dar los marineros de Santa Cruz con la toma del SOMU. A medida que trascendían los detalles, no pocas empresas señalaban, desde el anonimato, la falta de seguridad jurídica. «Qué seguridad tenemos de que no nos tomen un barco y luego quieran incendiarlo», se preguntó un armador, disparando una polémica que en estos momentos es central en la localidad, acaso porque todos saben que mientras no haya nadie preso por los hechos que sucedieron en el 2007, todo seguirá igual o peor. En esta ciudad dominada por internas políticas el delito parece haberse naturalizado, y así quemar plantas, usurpar gremios, amenazar y apretar a la prensa parece ser parte de lo cotidiano.

«Los poteros no van a entrar masivamente y los que vamos a perder somos los trabajadores, que laburamos de sol a sol y no nos dan subsidio porque no estamos con ningún político y aquí eso se paga caro», disparó Damián.

«Los funcionarios nos toman por idiotas, culpan a los diarios de Chubut de generar rumores. Hace una semana fueron a un reunión a pedir por los poteros, volvieron exultantes por la radio diciendo por poco que mañana llegaban los poteros, al otro día salió el presidente de la Cámara diciendo que el panorama era complicado. Otra vez nos toman por idiotas, como lo hacen siempre; sin ir más lejos, hace una semana me enteré de que Medina tiene ya un permiso de pesca artesanal y la concesión para la limpieza de la ría, que se la dio Ampuero», dijo el trabajador para luego preguntarse, “¿será ése el premio que le dieron por la quema de las plantas?”

SOMOS REHENES

Si vivir en Deseado es complicado, trabajar en la pesca lo es mucho más, y así sucede con un camionero al que llamaremos José para evitar, luego de este informe, cualquier circunstancia desagradable. José tomó un crédito para arreglar su camión y hoy la triste realidad le da su peor cachetazo. «El puerto está parado, prácticamente nadie trabaja y si los barcos no vienen no sabemos qué va a ser de nosotros», se plantea preocupado. «Toda la violencia que hay en esta ciudad es porque está permitido y nosotros lamentablemente somos rehenes de estos violentos, que hasta quieren parar los barcos para que no haya trabajo», señala, al tiempo que reconoce haber sido amenazado en numerosas ocasiones «por estos sujetos inescrupulosos, y no los denuncié porque qué garantías tengo de que no me maten y me tiren en un zanjón, si aquí la justicia no existe», dispara categórico el camionero, dándonos así una triste pincelada de esta ciudad que siempre está a punto de incendiarse.