Mar del Plata, domingo 24 de junio de 2018
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01/09/2017
El naufragio del “Qué Le Importa” en primera persona

Crudo testimonio del tripulante Javier Altamirano. Aportó datos reveladores sobre las condiciones generales del barco construido en 1948, uno de los últimos de madera que quedan en Rawson. El capitán era nuevo. Uno de los marineros también protagonizó otro hundimiento.

Por Nelson Saldivia

El barco pesquero “Qué Le importa” (MN 01355) se hundió el viernes 25 de agosto pasado, a 38 millas al sur del puerto de la capital de Chubut. La comunidad pesquera volvió a vivir momentos de angustia ante un nuevo naufragio que se suma a numerosos hechos, la mayoría de los cuales han sido trágicos.

El buque de la flota amarilla de Rawson había zarpado el día anterior hacia aguas nacionales al mando del capitán Miguel Ángel Franco. El resto de la tripulación estaba compuesta por Andrés Eliseo Rodríguez, Hernán César Quiquinte, Víctor Daniel Lincomán, Walter Maximiliano Milipil, José Sanabria Corbalán y Javier Altamirano. Los siete fueron rescatados con vida por el buque El Malo I.

Javier Altamirano accedió a dialogar con REVISTA PUERTO. Atraviesa, al igual que sus compañeros, signos de estrés postraumático. Al comenzar la conversación confiesa que minutos antes se quebró en llanto, en la soledad de su casa en Rawson. “Tenemos ataques de pánico, no puedo dormir. Me despierto y me vienen imágenes de esa madrugada”, contó.

Hace una semana, a las 3:50 el barco se declaraba en emergencia. Todavía no logra recuperarse, pero anticipa que seguirá en la pesca porque es lo que sabe hacer. “Estoy vinculado a la pesca desde que tengo 16 años y ahora tengo 41, siempre en el puerto de Rawson. He pasado por diferentes sectores de la actividad pesquera en mi trayecto de laburo”, manifestó. “Tengo tres hijos, soy un padre soltero. Una vida común como todo trabajador”, relata al describir sus circunstancias personales.

Antecedente

Altamirano precisó que en este barco “estaba (trabajando) ya hace cuatro años y algo. Y anteriormente también había estado en el 2010”. Allí rápidamente le viene a la memoria otro episodio que casi termina en naufragio: “En ese año también una vez entramos ‘con lo justo’, como se dice. Ya habíamos tenido este mismo problema”, recordó en alusión a las falencias del buque por ingreso de agua. “Esto no es de ahora”, reafirmó.

Fue construido en 1948

El barco siniestrado, propiedad de la empresa Es Posible SRL, era uno de los pocos barcos de madera que quedan en Puerto Rawson. “Estamos entrando al 2018 y es difícil de entender que todavía tengamos barcos de madera”, reflexionó Altamirano.

El “Qué Le Importa” es un pesquero arrastrero para navegación marítima costera que fue construido en 1948, y cuenta con el Certificado Nacional de Seguridad de la Navegación N° 161015 emitido por la Prefectura Naval Argentina.

“Son barcos viejos que representan un riesgo muy grande, pero la necesidad te lleva a no mirar el barco, y salir a pescar. Somos laburantes y no ponemos las condiciones, o las aceptamos, o no trabajamos. Sabemos del riesgo que significa, pero tenemos que llevar el pan a la casa”, razonó el marinero al reconocer que muchas veces aceptan embarcar sabiendo que no están dadas todas las condiciones de seguridad.

Dos horas eternas

El barco zarpó de Rawson el jueves 24 de agosto por la tarde para ir a pescar langostino. “Íbamos hacia aguas nacionales, y estábamos en navegación cuando ocurrió. Nos faltaban algunas horas para llegar a donde está habilitada la pesca. Afortunadamente no llegamos, porque hubiese sido peor si estábamos cargados. Porque una cosa es ir navegando vacío y solamente con hielo, y los tangones abiertos. Y, distinto es venir para puerto o estar pescando con los tangones abiertos y la carga arriba”, explicó sobre cómo sucedieron los acontecimientos.

Javier Altamirano precisó que “desde que empezó a hacer agua hasta que llegó el barco El Malo I pasaron dos horas, gracias a ellos pudimos salvar nuestras vidas. Desde que se dio el alerta, este barco estaba a prácticamente dos horas de donde estábamos nosotros. Fueron dos horas eternas esperando que llegaran para rescatarnos. En el mar, de noche, de madrugada, fueron dos horas eternas”, recuerda con la voz entrecortada con signos inocultables de angustia. Hace una pausa, y explica que “no tiramos la balsa. La dejamos preparada para último recurso. La dejamos lista. Cuando empezó a entrar agua, empezamos a achicar con bombas y con lo que había. Y en determinado momento las bombas dejaron de funcionar y tratamos de seguir achicando con baldes”, relató sobre esos momentos de desesperación al no poder contener el ingreso de agua al buque.

“Peleábamos por nuestras vidas”

El hundimiento fue lento y progresivo, y antes que zozobrara por completo, llegó el pesquero que los auxilió y lograron ser subidos a la otra embarcación. La PNA reveló que horas después, con las primeras luces del amanecer, al sobrevolar el área, el casco del Qué Le Importa ya se había hundido, y solo flotaban la balsa y la baliza Epirb. La tripulación ya iba rumbo a Rawson.

“Yo puntualmente no lo vi hundirse por completo al barco. Estaba oscuro, era de madrugada. Llegó El Malo I y saltamos para ser rescatados. Fueron momentos desesperantes donde peleábamos por nuestras vidas. El barco ya estaba lleno de agua cuando nos pasamos al otro. Cuando subimos al otro barco lo primero fue abrigarnos porque estábamos todos mojados y volver a puerto”, continuó Altamirano dispuesto a que se sepa lo ocurrido. También contó que “Franco es el capitán, estaba hace poquito. Era nuevo. En otras temporadas era otro el capitán”, agregó, pero no quiso abundar sobre el particular.

Con ataques de pánico

“Estamos con psicólogos que nos están atendiendo. Estamos con ataques de pánico. Me acuesto a dormir y duermo media hora, una hora. Hoy justamente estuve con el psicólogo, y como soy una persona muy fría, muy duro, no sé cómo decirlo, un rato antes que me llamaras me quebré solo en mi casa”, admite el abnegado hombre de mar. Inmediatamente, reitera que “desde los 16 (años de edad) estoy en la pesca. Esto no va a poder conmigo, soy un hombre fuerte y me siento muy capaz. Me recuperaré y seguiré poniéndole el pecho. Esto de navegar y la pesca es lo que sé hacer”, anticipa.

“Vivo en compañía de mi hijo más grande de 19 años. Me quebré y la psicóloga me había dicho que en algún momento me iba a caer la ficha. Tengo otras dos hijas de 12 y 16 años y tengo que pensar en ellos”, afirma pensando en lo que viene y el futuro de su familia. Y luego pide destacar “el apoyo y acompañamiento de Miguel Santibáñez (dirigente local del SOMU), por la buena acción de estar desde el primer momento al lado de nosotros”. “Quiero agradecer las muestras de apoyo. Esperamos que el dueño de barco obre bien con nosotros y nuestras familias. Y quiero destacar a Miguel Santibáñez del SOMU que nos está dando una gran mano”, reitera.

Un antes y un después

Con otros compañeros de la tripulación se siguen juntando y conversando todos los días. “Ya nuestra vida no es la misma. Nos levantamos de madrugada, no podemos dormir, a todos nos pasa lo mismo. Hoy estoy despierto desde las 3:15 de la mañana, ya es de tarde, y no puedo dormir. Intento dormir, pero me despierto sobresaltado. Se me cruzan las imágenes de mis compañeros y no tengo palabras para poder relatarte lo que estamos viviendo”, confiesa Altamirano.

Otro de los tripulantes, Andrés Rodríguez, es un vecino apreciado y conocido de la capital. Sufrió otro naufragio que seguramente dejará huellas imborrables. Fue en febrero de 2013 a bordo del Neptunia III, un artesanal que también operaba en puerto Rawson.

Reparado “por changarines”

“Esto no puede seguir pasando. Yo creo que los barcos de madera, en la época que estamos, no debieran seguir; no hacen falta muchas explicaciones”, sostuvo Altamirano al señalar que el buque hundido tenía casi 70 años; había sido construido en 1948.

REVISTA PUERTO le consultó puntualmente acerca de si este barco había estado en astillero meses atrás, a lo cual Altamirano interrumpió con un certero “no”. “No es así, es lo que se está diciendo, que el barco estuvo siendo reparado en un astillero, pero no es verdad”, clarificó.

“Todo lo que es reparaciones, refacciones y esas cosas, las hicieron changarines y gente que anda caminando en el muelle. Los trabajos no fueron hechos por un profesional como corresponde. ¿No sé si me explico?”, preguntó Altamirano al ventilar la precariedad de los arreglos a los que había sido sometido el barco.

“Con esto te estoy queriendo decir que me importa tres bolas lo que diga el dueño, o salga a decir después, pero esa es la verdad. Yo no voy a ocultar la verdad. Los que ponemos el cuero somos nosotros”, disparó.

Entonces, cómo se entiende que tenga todos los certificados de Prefectura. “Esa es una muy buena pregunta. Y yo no tengo la respuesta. Ahí está la clave”, concluyó abriendo un abanico de interrogantes que la justicia deberá dilucidar.

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