Mar del Plata, martes 22 de mayo de 2018
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31/01/2018
Al igual que en los 90 se vive otra fiesta de permisos de pesca

De 2015 a 2018 se aprobaron 30 reformulaciones que permitieron el ingreso de nuevos barcos al caladero de langostino de forma definitiva. En muchos casos se valieron de permisos irrestrictos de lanchas amarillas para lograrlo y hasta del cupo de poteros para convertirlos en langostino.

Por Karina Fernández

Desde el inicio del boom de langostino muchos buscaron la forma de ingresar a la pesquería, pero fue recién en 2015 cuando se abrió la puerta de forma descontrolada, llegando a 2018 con 30 reformulaciones aprobadas por el Consejo Federal Pesquero, que se tradujeron en 34 nuevos barcos sobre el caladero.  Una gran proporción logró acceder gracias al uso de permisos irrestrictos de las agónicas lanchas amarillas: hasta la fecha son 20 las que cedieron su permiso.

La reformulación de permisos para acceder a la pesquería de langostino surgió a partir del crecimiento en la abundancia del recurso. Las capturas se mantenían entre las 40 mil y las 50 mil toneladas; pero a partir de 2010 comenzaron a crecer de forma sostenida, llegando por primera vez a las 100 mil toneladas en 2013, cifra que fue superada en los años siguientes, cerrando 2017 con 234 mil toneladas.

Poco a poco las reglas, como la Resolución 1113 que permitió el desarrollo de la pesquería sin peligro de sobreexplotación, se fueron volviendo más laxas. Primero, para poder ingresar a la pesquería se les exigía desde el Consejo Federal Pesquero a los propietarios de buque, historia de captura de langostino; luego dejó de tenerse en cuenta y la sola posesión de un permiso irrestricto los habilitó para lograr un permiso de langostino o de especies no cuotificadas, como gustan llamarlo en las Actas del CFP.

Durante los últimos años se vieron incluso casos en los que el permiso de calamar sirvió para obtener un cupo de langostino; y ahora ya ni siquiera importa el tamaño del buque, aunque esté reglamentado. En medio de tanto disparate hasta se legitimó el cambio de operatoria de fresquero a congelador, algo impensado año atrás.

Antes de 2015 solo se localiza un acta en la que un buque recibió permiso para especies sin cuotificar, sin especificar si se trataba de variado costero o pelágicas y sin que se aclare su imposibilidad de capturar langostino. Se trata del Acta 35/13, en la que el Altamar, que recibió el permiso del Primavera y del Volveré Si Puedo II, logró una autorización de captura similar a la suma de las capturas de ambos buques.

Fue precisamente en el año 2015 cuando se comenzó con la modalidad de reformular permisos para el ingreso a la pesquería de langostino, permitiendo convertir lanchas amarillas en barcos langostineros haciendo uso de su permiso irrestricto. Desde entonces la modalidad se ha establecido como válida y hasta la fecha ya son 20 las lanchas amarillas que han dado vida a permisos de barcos congeladores, fresqueros y costeros, que en mayor o menor medida generan un impacto mucho mayor sobre el caladero que una embarcación de rada o ría, sobre todo porque éstas nunca habían tenido como objetivo esta especie.

En los 10 meses de actividad que tuvo el Consejo Federal Pesquero durante el último año del gobierno de Cristina Kirchner se aprobaron 13 reformulaciones de permisos que dieron origen a 16 nuevos permisos, algunos con cupo de langostino y otros con permiso para especies no cuotificadas; fue en ese momento cuando comenzó a utilizarse este novedoso concepto.

Se dieron, durante ese año, casos increíbles como el del barco Santa María Madre que contaba con un permiso provincial que, valiéndose del permiso de dos lanchas amarillas con permiso nacional irrestricto, el Nuevo Gaucho Grande y el Volador, terminó con uno para todas las especies no cuotificadas con cupo de 940 toneladas.

Otro caso llamativo fue el del Yenu (Ex Codepeca II) que se valió del permiso de dos lanchas amarillas, Virgen Pompeya II y Madre Concepción; un barco dado de baja por inactividad que había contado con permiso para merluza negra, brótola y raya; por último anexaron el permiso del Coral Azul, un potero que terminó aportando el mayor volumen de cupo. El permiso terminó en un congelador tangonero de 1200 toneladas para las especies no cuotificadas, léase langostino.

Pero sin dudas el caso más escandaloso fue el de la última acta de la era kirchnerista, cuando se aprobó, a partir de un fresquero irrestricto de 47 metros con un promedio de capturas de 519 toneladas y un potero, el Victoria del Mar I con 1.648 toneladas exclusivamente de calamar, un permiso de tangonero congelador con 2.600 toneladas para langostino. Si esto de por sí ya configura una burla que no debió ser permitida por el asesor letrado del CFP, Alejo Toranzo, menos lo es el hecho de que el barco al que le fue otorgado, uno nuevo a construir, mide más de 40 metros, algo que la Resolución 1113 no permite. Se trata nada más ni nada menos que del buque José Américo, propiedad de José “Pototo” Moscuzza.

En 2016, con la llegada de Cambiemos al gobierno, no se revisó esta entrega de dudosa legalidad. La explicación puede encontrarse en la estrecha relación que existe entre Moscuzza y el presidente Mauricio Macri, cultivada en el ámbito deportivo, dado que el empresario pesquero es además el presidente de Aldosivi.

Durante el primer año de gestión macrista fueron pocas las reformulaciones aprobadas, apenas dos que dieron origen a tres permisos. Es que uno de ellos fue tan escandaloso que obligó a guardar para tiempos más calmos varios pedidos en un cajón. La aprobación de cambio de operatoria del buque Bouciña, de fresquero a congelador, introdujo en la política de reformulaciones del Consejo algo que nunca antes se había visto y dejó abierta la puerta para que muchos comenzaran a engrosar la lista de congeladores en el caladero.

En 2017 las reformulaciones volvieron a desatarse. Se aprobaron 15, que dieron origen también a 15 nuevos permisos de langostino; con el antecedente del Bouciña, otros tres barcos pasaron de fresqueros a congeladores, el Arrufo, el Mar Esmeralda y el Siempre Don José Moscuzza. Pero además, a la hora de asignárseles un cupo, en lugar de tomarse el promedio de captura de los últimos tres años como corresponde, se tomó la mejor captura anual de cada barco, sin que siquiera se definiera cuál era ese volumen.

Por otra parte, solo durante el año pasado 9 lanchas amarillas dieron vida a barcos langostineros con un consabido mayor poder de pesca. Incluso una de ellas, la San Antonino, está envuelta en un grave problema judicial dado que los dueños originarios del permiso se encuentran inhibidos por no estar resuelto el naufragio que dejó víctimas fatales. Pero el representante legal del Consejo es un convidado de piedra desde hace mucho tiempo y avala con su silencio los más grandes atropellos.

El año 2018 arrancó con un nuevo permiso para langostino que, como ya es costumbre, también se sirvió del permiso de una lancha amarilla. Nadie está en condiciones de afirmar cuántos barcos más puede soportar el caladero; incluso desde el Programa de Langostino del INIDEP han dicho que no sería prudente aumentar el número de barcos porque no se conoce cuál es el estado real del recurso. “Se debe aplicar un criterio precautorio”, señaló a REVISTA PUERTO Juan de la Garza. Resultaría conveniente que alguien lo escuche.

Sería interesante que los miembros del Consejo Federal Pesquero den explicaciones sobre la gran cantidad de reformulaciones de dudosa legalidad que se han aprobado, que nos informen que artículo de la Ley de Pesca habilita transformar calamar o cualquier otra especie en langostino; fresqueros en congeladores y lanchitas en tangoneros. No nos vendría mal otra revisión de permisos de pesca parecida a la que se hizo después del menemismo, pero con un mejor final.

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