Mar del Plata, jueves 16 de agosto de 2018
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06/02/2018
La vida del marinero no le importa a nadie

El 1 de febrero el buque Claudina tuvo riesgo de naufragio y sus tripulantes debieron ser rescatados por otro pesquero. El caso pone en evidencia la ausencia de controles de la Prefectura, del Ministerio de Trabajo, la irresponsabilidad del empresario y la indiferencia de los gremios marítimos.

La tripulación rescatada del Claudina.

Por Karina Fernández Facebook “Puerto de Puerto Deseado”

El Claudina es un potero de 53,58 metros propiedad de la firma Armadora Acrux y el viernes pasado debió ingresar a puerto luego de que sus tripulantes pasaran por una situación traumática en la que sintieron que sus vidas corrían peligro. Este caso pone en evidencia la falta de controles sobre el estado de los barcos, el desamparo por parte de los gremios que viven los tripulantes y el desprecio por la vida de los trabajadores que tienen algunos empresarios.

El 1 de febrero alrededor de las 9 de la mañana cuando intentaban fondearse en la zona de pesca, el Claudina estuvo a punto de dar una “vuelta de campana”, naufragar. El rescate no lo hizo la Prefectura, sino un barco que se encontraba en las proximidades, el Espadarte. Los tripulantes debieron esperar nueve horas para ser puestos a resguardo del pesquero solidario. El Claudina ingresó al día siguiente a Puerto Deseado con una visible escora, quedó detenido, se labró un sumario y se dio inicio a una investigación.

Los datos fueron suministrados por un portal de Facebook (Puerto de Puerto Deseado) y además se dio a conocer un audio en el que se escucha el relato de un tripulante sobre los acuciantes momentos que vivieron. “Estaba en el Claudina, ayer casi se hunde con todos nosotros adentro”, dijo sin dejar lugar a dudas; y presa del miedo concluye que “esto fue una señal, me voy para mi casa, ya está”.

Más que una señal parece una descripción de las pésimas condiciones en la que se les permite zarpar a algunos barcos.  Esta vez no terminó en tragedia pero nada garantiza que no existirá una próxima. Los problemas del Claudina no son nuevos. En este mismo portal dan cuenta de que la escora era visible ya antes de zarpar; pero nadie vio nada o hizo como que no veía.

Como el barco no se hundió y no hubo víctimas fatales nadie está hablando de los responsables, pero los hay. La Prefectura es la primera que no cumple con su deber cuando permite la zarpada, que no hace inspecciones o las hace sospechosamente mal; el Ministerio de Trabajo que no cumple con el Convenio de la OIT que debe garantizar buenas condiciones de trabajo; todos los sindicatos marítimos que no defienden ni cuidan a los obreros y los empresarios para los que la vida de sus trabajadores no vale nada.

La Prefectura Naval Argentina es la encargada de inspeccionar los barcos pesqueros para autorizar su navegación, inspecciones que incluyen pruebas de estabilidad; de máquinas; de electricidad y de la seguridad de armamento, que comprende el instrumental de navegación, señalizaciones, dispositivos de incendio y todos los elementos necesarios para salvaguardar la vida de la tripulación.

Cuántas de estas inspecciones se le realizaron al Claudina es una incógnita que deberá develar la Prefectura, dado que se investiga a sí misma. Si como afirman el barco ya zarpó escorado, hubo un Prefecto que lo permitió, que no cumplió con su deber. Sí las inspecciones se hicieron no quedarán exceptuados de responsabilidad, mucho peor, podría pensarse que existe connivencia entre los responsables de la fuerza y los propietarios del buque.

El empresario que permite que su barco navegue en condiciones que pueden poner en riesgo la vida de sus trabajadores no puede seguir siendo beneficiado con la entrega por parte del Estado de un permiso. Es una cuestión de responsabilidad empresaria pero además de derechos humanos.

La pregunta que siempre gira en torno de estos casos, sin importar cuál haya sido su desenlace final, es por qué un capitán permite que el barco salga en malas condiciones y por qué los tripulantes se suben. La respuesta que se da, es siempre la necesidad y el temor de no volver a embarcar al quedar expuesto. Y así, lo urgente deja para otro momento lo importante, hasta cuando lo importante es la vida.

Los tripulantes deberían poder hacer las denuncias sin temor a represalias, para eso existen los gremios marítimos a los que les aportan parte de sus sueldos, marea tras marea. Los sindicalistas tendrían que ponerse al frente de sus representados e impulsar las denuncias; pero no lo hacen. Se han transformado en estructuras burocráticas que resguardan a los empresarios antes que a los trabajadores. Entonces los tripulantes quedan solos y en estas condiciones ya no hay quien denuncie.

Según surge de los comentarios realizados por extripulantes del Claudina y otros pescadores, las malas condiciones de la embarcación no son una novedad: ya en 2008 había estado a punto de hundirse y la mayoría coincide en que el estado del barco es lamentable. El problema es que el único espacio que utilizan para las denuncias son las páginas de Facebook como esta o los grupos de WhatsApp, donde lo que dicen carecen de todo valor, solo sirve para hacer catarsis.

El casco del barco fue inspeccionado luego de que ingresara a puerto y ahora deberá determinarse la gravedad de lo sucedido y si está o no en condiciones de navegar. Pero nada cambiará, no se logró siquiera después del trágico naufragio del Repunte y la incansable lucha de sus familiares. Prefectura se sigue investigando a sí misma, los gremialistas siguen haciendo sus negocios y los empresarios irresponsables se benefician de esta situación con la seguridad de que el Estado no les quitará sus permisos de pesca.

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