Mar del Plata, lunes 15 de octubre de 2018
Revista Puerto es una publicación independiente dedicada al sector pesquero.
28/03/2018

“Siempre fui a pedir embarque de jogging y zapatillas”

Alicia Giménez fue enfermera de barcos de la flota comercial y en los del INIDEP. Se bajó porque no ganaba más que en tierra. “Siendo clara, jamás podés tener un problema a bordo. Nunca me faltaron el respeto. Hoy algunas chicas suben de short y musculosa”.

Revista Puerto - Alicia Gimenez enfermera a bordo 01
Por Roberto Garrone Fotos Diego Izquierdo

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“Siempre fui a pedir embarque de jogging y zapatillas”

Alicia Giménez tiene grabados a fuego los años que pasó en el agua, distante de la tierra y lejos de su hija, el motivo que la hizo tramitar su libreta de embarque durante un año de capacitación en Prefectura.

“Comencé a navegar cuando mi hija cumplió 10 años. Era sola con ella y era la única forma de darle lo que necesitaba”, cuenta Alicia que el mes que viene cumple 52 años. Vive en una casita en construcción en el barrio Antártida Argentina, detrás del camping El Griego.

Alicia era enfermera en el Hospital Materno Infantil y cuando le salió el primer viaje, luego de varios meses de tener la libreta, pasó 60 días a bordo del Navegantes, el congelador de Solimeno.

“Subimos varias mujeres. Yo como enfermera y otras chicas en la planta. Sufrí mucho porque mi hija era chica pero era la única manera de hacer una diferencia y poder darle todo lo que necesitaba”, dice Alicia mientras fuma en el comedor de su casa. Su hija asoma desde distintos portarretratos.

Cuando se bajó del Navegantes estuvo un par de meses sin conseguir viajes hasta que consiguió subirse a un palangrero que operaba sobre merluza negra desde Ushuaia. “Siempre caminé el muelle de jogging y zapatillas”, dice la enfermera.

Sobre la relación con la tripulación a bordo, Alicia es clara. “Jamás tuve un problema arriba de un barco. Siempre fui compañera de mis compañeros. Soy de esas personas que te muestro hasta dónde vas a llegar; siendo clara, jamás podes tener problemas en algún lado, te mentiría si alguna vez me faltaron el respeto”, asegura.

Hoy en día la presencia de mujeres a bordo es más común aunque Alicia no concuerda con algunos comportamientos. “Veo algunas chicas que se ponen short y musculosa para subir a bordo. Es un ambiente de hombres y nadie tiene derecho a faltarte el respeto por eso, pero hay que saber comportarse”.

La estabilidad que no encontraba en la flota comercial Alicia la consiguió en el “Oca Balda”, el buque de investigación del INIDEP. “Es una responsabilidad muy grande ser la enfermera… Nunca tuve nada grave por suerte, no pasó de suturar algún compañero que se cortó la cabeza por un golpe”.

Trabajar en un barco oficial para quien quiere hacer una diferencia en alta mar no es una buena alternativa. “Renuncié porque los barcos estaban más tiempo amarrados al muelle que navegando y ya no era tanta la diferencia. Navegando podés ganar pero dejas muchas cosas, te perdés momentos que son irrecuperables. Sentía que era mucho más lo que perdía que lo que ganaba”, confiesa y le da una bocanada al cigarrillo rubio.

Alicia no recuerda fechas ni años. Parecen haberse borrado en las horas interminables encerrada en su camarote, pensando en su hija. “No extraño navegar porque no es algo que me guste. Subí por una necesidad. El único privilegio es ver cosas que jamás hubieses imaginado ver, fauna, delfines, ballenas, témpanos… Pero lo padecí mucho desde el lugar de madre”, reflexiona.

Hasta que se liberó el lugar en la clínica de estética donde trabaja actualmente, hizo unos viajes más en barcos de Wanchese, a la vieira. “Esa empresa fue la precursora en incorporar más tripulantes a la planta de procesamiento. Hay una chica que es capitán, incluso. Es duro para los hombres, mucho más para las mujeres”.

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