Mar del Plata, martes 16 de octubre de 2018
Revista Puerto es una publicación independiente dedicada al sector pesquero.
02/05/2018

Esperando un feliz Día del Trabajador

Para los obreros del pescado marplatenses la abundancia de langostino no es sinónimo de trabajo sino todo lo contrario. Pero incluso a pesar de los problemas macroeconómicos, una mejor representación gremial y convenios adaptados al recurso mejorarían su situación. En la Patagonia el nivel de empleo también podría aumentar.

Revista Puerto - Planta procesadora de pescado

En Mar del Plata miles de trabajadores del pescado quedan sin trabajo a la vez que se multiplican las exportaciones de pescado sin procesar.

Por Karina Fernández Fotos de archivo

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Esperando un feliz Día del Trabajador

Este 1º de Mayo de 2018 encontró a los trabajadores del puerto de Mar del Plata con pocos motivos para festejar, especialmente a aquellos que dependen del procesamiento del pescado para garantizar un ingreso digno en sus hogares. La ausencia de políticas de Estado respecto del destino que debe darse al pescado, unida a la incapacidad de los dirigentes gremiales para negociar nuevas oportunidades laborales, da por resultado el cuadro de decadencia que muestra la industria pesquera marplatense.

La fuerte presión fiscal y el evidente atraso cambiario quitan competitividad a una industria a la que el mercado interno no le mueve el amperímetro. La trampa en la que se encuentra la economía argentina, en ese doble juego entre inflación y dólar barato, no permite generar las condiciones para agregar valor a las materias primas y solo son rentables aquellos bienes más cercanos a commodities que a productos elaborados, aunque son temas de macroeconomía que exceden a la propia industria.

Qué destino debe darse al pescado que sale del mar debería estar claro para el Estado pero nunca lo estuvo, salvo en la letra muerta del artículo 27 de la Ley Federal de Pesca que ata la explotación a la ocupación de mano de obra en tierra en relación de dependencia. Exigir que un porcentaje de lo capturado deba ser procesado en el puerto base puede ser una solución para la penosa realidad de los obreros marplatenses, pero solo es imaginable con el acompañamiento de un sector gremial capacitado para lograrlo.

Con el boom del langostino muchos armadores prefirieron armar sus barcos para ir en busca del preciado crustáceo y dejaron de traer merluza o variado costero. En consecuencia, las plantas procesadoras comenzaron a desabastecerse de materia prima, dejando a miles de trabajadores en una situación de subsistencia.

Solo sigue llegando un poco de pescado que alcanza para trabajar dos o tres veces a la semana en medio turno; y por tan poco trabajo se percibe una garantía horaria que cubre el salario mínimo vital y móvil pero que no logra llenar la canasta básica familiar. En peores circunstancias están los trabajadores no registrados: como ya ha ocurrido en el pasado, el sindicato ha dejado de contabilizarlos.

Mientras esto ocurre en Mar del Plata, en los puertos patagónicos la industria pesquera florece al ritmo del langostino. Miles de puestos de trabajo se han generado en los últimos años y las plantas se encuentran con ocupación plena, con dos y tres turnos de obreros que descabezan, pelan y acomodan el crustáceo. En la Patagonia los dirigentes gremiales son tan mediocres como los bonaerenses; pero no se llega a ver con nitidez en la abundancia del marisco.

La industria tiene capacidad de emplear varios miles de personas más para procesar el langostino, pero no lo hace en parte por la adversidad económica y porque los bajos niveles de productividad de la mano de obra patagónica, hacen que convenga exportar las pastillas de langostino para reprocesarlas en Guatemala, Honduras o Perú.

Esta fuga de materia prima de primera calidad no se da principalmente por una cuestión de costos sino básicamente por ineficiencia en los niveles de productividad. En el sur la presión sindical frena el crecimiento y en Mar del Plata la incapacidad de brindar al sector empresario un servicio que al menos iguale lo que otros países ofrecen, deja a miles sin trabajo.

La productividad en algunos de esos países es más alta o muy bajo el costo laboral, lo que termina compensando la ausencia de alguno de estos dos componentes en la cadena. El problema que tenemos nosotros aquí, es que no están dadas ninguna de las condiciones necesarias para producir en la Argentina lo que se lleva a otros países en bloque.

Aún en las malas condiciones macroeconómicas el langostino podría generar miles de puestos de trabajo con sueldos más que dignos, muy por encima de lo que gana hoy un afiliado al SOIP en Mar del Plata, entre 30 y 40 mil pesos mensuales. Pero para que ello ocurra las partes deberían tener la madurez de firmar un convenio colectivo adaptado a las características de la especie y, sobre todo, que termine con vicios laborales y la baja productividad de nuestra mano de obra, comparada con la de los países que hoy reciben el langostino argentino.

Nuestros dirigentes sindicales prefieren tener desocupados que cobrarían 60 mil pesos a trabajadores ocupados por 30 mil y ante la abundancia de recurso los empresarios no tienen tiempo para perder con las pretensiones sindicales; entonces terminan exportando bloques congelados para ser procesados en otros destinos.

La dirigencia del SOIP no ha mostrado capacidad para dar una solución al constante goteo de pérdidas de empleo que sufre la ciudad de Mar del Plata, especialmente desde 2012. Para Cristina Ledesma nunca estuvieron dadas las condiciones para luchar por la registración laboral de los obreros del pescado y tampoco para reclamar por una mayor ocupación laboral.

Hoy, cuando las bases se revelan, la dirigencia insinúa torpemente que saldrá a la calle. Pero esta actitud no hace más que demostrar una vez más su incapacidad para dar soluciones a los trabajadores. Tomar las calles está claro que no mejorará la situación de los que viven hoy con una garantía horaria y muchos menos la de aquellos que quedaron desocupados luego de que una cooperativa trucha cerrara.

Lo único que puede salvar a los trabajadores es una negociación inteligente llevada adelante por dirigentes capacitados o que sepan rodearse de personas preparadas, que encuentren la formula económica junto con el sector empresario que haga más conveniente procesar en Mar del Plata que en Perú. Según aseguran desde el sector empresario, los costos dan, lo que se necesita es eficiencia y responsabilidad, dos condiciones que lamentablemente muchos trabajadores pierden en la representación de sus dirigentes.

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