17/12/2018
Casi sin controles en el Distrito Pesca de Mar del Plata

Luego del despido de casi 20 trabajadores entre inspectores de tierra y embarcados, el nuevo coordinador Jorge Canale dio la orden para que la flota merlucera de más de 5 mil cajones no tenga controles al momento de la descarga.

Revista Puerto - Controles Distrito Pesca Mar del Plata

Se repite este tipo de notas en lugar de las actas de descarga.

La idea histórica del representante del Poder Ejecutivo, Oscar Fortunato, esa de flexibilizar los controles en muelle hasta virar a un sistema de fiscalizaciones al azar, parece ir tomando forma en el Distrito Pesca de Mar del Plata bajo la coordinación de Jorge Canale.

Ex capitán de buques fresqueros de altura con pasado a bordo del Marcea C, Canale asoma como el instrumento ideal para moldear los sueños del representante de CEPA en el Consejo Federal Pesquero.

Desde el mes pasado la flota de altura de más de 5 mil cajones quedó liberada de los controles de descarga. Buques como el Mellino VI, San Andrés Apóstol, San Jorge Mártir, Ur Ertza, Nuevo Viento y el propio Marcea C, entran y descargan miles de cajones de merluza sin ningún tipo de controles.

Desde el mes de agosto el Distrito quedó diezmado luego del despido masivo de personal en el marco del ajuste que encaró el Ministerio de Agroindustria y también se sintió en SENASA. En Pesca se desvincularon 5 inspectores de tierra, 4 administrativos y 12 inspectores embarcados.

Más allá de que desde que asumió esta nueva administración la canilla de la subdeclaración de pescado declinó el goteo, la falta del acta del control de descarga colisiona con la Disposición 1005 que establece pautas y condiciones para garantizar la trazabilidad de los productos de origen marino.

“No sé cómo están reemplazando el acta de descarga porque en el muelle no las hacen. Nadie controla”, contó una fuente del Distrito. Quedan unos 30 inspectores de tierra al mando de Canale, aunque en funciones operativas muchos menos. El resto está de vacaciones.

Mientras en los muelles la flota termina el año con un sistema de control casi inexistente, la lucha de los inspectores embarcados por lograr su reincorporación continúa. La semana pasada una delegación viajó a Buenos Aires para reunirse con el Subsecretario de Pesca.

En el nuevo edificio de Agroindustria y mientras esperaban por Bosch, se cruzaron con el mismísimo Etchevehere, a quien no solo le transmitieron el pedido sino que le hicieron saber de los 33 contratados de ñoquis con altos sueldos que abonó el actual gobierno durante la gestión de Tomas Gerpe y Juan Bosch, con el único objetivo de generar una caja chica en el área de la Subsecretaría.

“Vayan a la oficina anticorrupción con eso”, les dijo el Ministro, que pareció estar al tanto de los dichos de los inspectores. “Nosotros no hicimos las listas de los despidos en el Distrito Mar del Plata. Ese listado lo pasó Bosch, él debe resolverlo”, agregó Etchevehere como para ganar espacio y romper el cerco humano en el que se encontraba.

Con Bosch la charla de los inspectores fue en términos más duros y debieron intervenir los efectivos policiales que custodian el edificio para calmar los ánimos. Los insultos del final no invitan a pensar en una solución a la demanda de los trabajadores. La promesa fue incorporarlos pero como Observadores. El Subsecretario no quiere inspectores a bordo que puedan molestar a los empresarios y se inclina por el sistema de observadores sin poder de policía.

En la reunión quedaron un par de hechos en evidencia. Como las innumerables actas de infracción que el inspector Rodas confeccionó en los últimos años a los buques congeladores Centurión del Atlántico y Tai An, sobre irregularidades detectadas a bordo, que nunca fueron remitidas a la Dirección de Pesca desde el Distrito de Ushuaia y por consiguiente nunca se iniciaron los correspondientes sumarios.

Los inspectores advirtieron que en la Subsecretaría no tenían ningún registro de las actas.  Se “perdieron” antes de iniciarse el expediente. Por suerte Rodas tenía copia de cada una y las volvió a entregar, ya sin la intermediación de Anselmi, el jefe en Tierra del Fuego, de quien se sabe que sería un hombre bastante “tímido” al momento de infraccionar a empresarios locales.