13/08/2019
Una administración ilógica del langostino

Se mantienen capturas similares a las de 2018 con menos barcos, pero aumentó el tiempo de arrastre. Hay zonas con alta presencia de merluza y langostino chico pero no hay controles y los observadores se redujeron drásticamente. El sector pide terminar la temporada el 1 de octubre.

Revista Puerto - Langostino - 02
Por Karina Fernández Fotos de archivo

Demasiadas variables unidas por la falta de manejo dan por resultado una temporada de locos. Se mantiene el mismo nivel de capturas con menos barcos pero aumentaron las horas de arrastre. No hay inspectores a bordo ni cámaras y el número de observadores se redujo al mínimo: solo un observador para toda la flota fresquera. La autoridad de aplicación no respeta los planes de prospección que presenta el INIDEP y la flota hoy opera en una amplia área habilitada. La captura de langostino chico y merluza se da en algunas zonas y las artes selectivas no son utilizadas; por lo tanto los descartes son habituales. En medio de un manejo tan irracional, el mercado, de forma fortuita, vino a poner algún freno y el sector empresario se ve empujado a pedir el cierre de la temporada para el 1 de octubre.

Los datos de desembarques oficiales al 7 de agosto muestran que los fresqueros (incluyendo costeros) llevan capturadas 58.934 toneladas, superando a los tangoneros que capturaron 52.730. En total se llevan desembarcadas 117.773 toneladas.

Pese al retraso del inicio de la temporada en aguas nacionales, a una menor presencia de barcos sobre el caladero y al mal tiempo, las capturas son similares a las del año pasado. El dato surge de la estadística oficial: al 31 de julio de 2018 se habían descargado 118.016 toneladas. Pero los barcos requieren de más tiempo que en temporadas pasadas para completar sus bodegas.

Un dato relevante es el que aporta un barco fresquero de 6.000 cajones que en esta temporada puede tardar hasta 3 días en completar, cuando hasta 2018 lo podía hacer en un día o día y medio. Ello implica más tiempo de arrastre y un mayor impacto sobre el recurso, la fauna acompañante y el ambiente.

En este momento la flota congeladora se encuentra concentrada hacia el este y los fresqueros dispersos en toda el área habilitada, con una mayor presencia en el norte durante los últimos días. Las capturas, dependiendo de la zona, pueden tener altos porcentajes de merluza que algunos capitanes tratan de esquivar, pero la descartan masivamente cuando no lo logran.

Varios actores coinciden en que los fresqueros suelen tener un comportamiento más depredatorio. Si la captura no viene limpia de merluza o si hay langostino chico, el barco no cambia de zona, levantan todo y luego descartan. El uso de artes selectivas tampoco se cumple; como siempre son muy pocos los que las usan y nadie es sancionado.

Todo se vuelve especulaciones porque no hay ningún tipo de control. No hay inspectores ni cámaras que puedan certificar lo que ocurre a bordo. Hasta el monitoreo biológico es cada vez más limitado. Se redujo el número en la flota congeladora y hay un solo observador en toda la flota fresquera.

Para cerrar con la descripción de este disparatado manejo pesquero debe tenerse en cuenta que últimamente las prospecciones que autoriza el Consejo Federal Pesquero no coinciden con los programas presentados por los investigadores del INIDEP, haciendo gala, una vez más, del desprecio que tiene esta gestión por el trabajo de los biólogos.

Por suerte este año, al menos en algunos aspectos, al langostino y a la merluza los cuida el mercado y eso llevará a que la temporada cierre en menos de dos meses. Del resto deben encargarse Juan Manuel Bosch y el Consejo Federal Pesquero, pero de allí parece más difícil que surjan manejos responsables y con visión de futuro.