11/09/2019
“Los costos laborales son altos pero estoy más tranquilo”

Diego Buono es el referente de Mar Calmo. La empresa registró peones y envasadoras en su planta donde procesa variado para mercado interno. La registración dejó afuera a los fileteros.

Revista Puerto - Diego Buono - Mar Calmo - 02
Por Roberto Garrone Fotos Diego Izquierdo

Mar Calmo es un frigorífico que funciona en el barrio industrial del puerto marplatense, dedicado al reproceso de variado costero para mercado interno. Podría ser una fábrica más de las que brotan por la zona pero encierra una característica que la distingue.

Luego de trabajar durante casi una década bajo la tercerización del servicio en una  cooperativa, la empresa inició negociaciones con el SOIP meses atrás para registrar a parte de los trabajadores: peones y envasadoras.

“Son 20 obreros que sumamos al convenio del 75 anexo Pyme. Los fileteros no quisieron adherirse y siguen bajo el otro sistema”, cuenta Diego Buono, el referente de Mar Calmo en su oficina del primer piso de la fábrica.

“La verdad es que el costo laboral es mucho pero trabajo con mayor tranquilidad sabiendo que no voy a tener ningún conflicto o reclamo con ellos. Anteriormente he tenido algún problema impositivo con cooperativas a las que contrataba el servicio y luego con los años llegó una impugnación del IVA por cifras millonarias… Comencé a sacar cuentas y preferí evitar futuros problemas de este tipo”, dice el empresario.

La planta que ahora ocupa tiene detrás su propia historia familiar. Sus abuelos tuvieron durante muchos años un saladero de anchoíta, que luego continuaron sus padres. De chico trabajaba en la línea de producción y luego comenzó a atender los equipos de frío desde su formación de técnico electrónico.

Hace una década que está en el negocio del reprocesamiento aunque tres años en el edificio familiar luego de haberle comprado las partes a sus hermanos. “La competencia en el mercado interno es complicada porque competimos con otros establecimientos que tienen costos diferentes. Si tendría que poner a los fileteros en blanco directamente salgo del mercado”, reconoce Buono que trabaja casi todos los días con pescado que compra en banquina, llega de Necochea o de puertos patagónicos.

“Hacemos todo banquina: gatuzo, pollo, lenguado, gallo, algo de tiburón pero poco últimamente. Merluza compro a terceros ya elaborada. Cuando no tenemos nada para procesar hacemos algo de merluza aunque el filetero de banquina tiene mucha fuerza, acostumbrado a otro tipo de pescado y sin querer la estropea un poco”

Mar Calmo levanta pescado de una docena de barcos costeros aunque ahora la mitad está en la temporada de langostino. “Si estuviesen todos no sabríamos qué hacer con tanto pescado porque el mercado interno está muy planchado. En relación con el año pasado las ventas se han caído casi un 30 por ciento”, revela el empresario.

Buono dice que tiene una relación excelente con sus trabajadores. Que cuando hay pescado se pasa más tiempo entre las mesadas que en su oficina. “Con algunos nos fuimos a la final del Mundial en Brasil. Cargamos la camioneta y salimos”, recuerda.

Ante la difícil situación del mercado interno en Mar Calmo buscan otras alternativas. “La exportación esta en los planes. Hemos hecho algo a través de un tercero pero fue circunstancial. Hubo mucho gatuzo para Semana Santa y teníamos compromisos con los barcos compraron todo lo que trajeron. El precio del pescado entero bajó mucho y pudimos exportar a Brasil, una cosa rara porque siempre el gatuzo estuvo como el 20 por ciento arriba de la merluza y no tiene mercado, pero fue algo excepcional”.

En paralelo la fábrica incorporó una cámara frigorífica y están por habilitar el congelado con tres túneles chicos y una congeladora de placa para almacenar stock propio y evitar tener que contratar frío.

En Mar Calmo el año tiene dos períodos bien definidos. Cuando todos los barcos operan desde Mar del Plata y cuando se van. “Desde noviembre a mayo trabajamos mucho. Mucho más de doce horas por día. Prefiero que sumen más horas a incorporar gente nueva que no conozco. Pero igual podría sumar más gente en esos meses en que hay mucho pescado. Les he dicho al gremio que permitan incorporar por ese plazo, en blanco, con cargas sociales, todo como corresponde, pero ellos dicen que tiene que quedar efectivo. Y no puedo porque en la otra mitad del año el trabajo ya no sobra”, reconoce Buono.

Sobre el mercado interno, reconoce que el consumo de pescado se ha convertido en una exclusividad de sectores pudientes, que lo poco que tiene la gente lo gasta en carne vacuna, pollo o cerdo.

“Nosotros compramos el kilo de filet a un precio y en el interior del país llega a mostrador al doble. En Santa Fe, viendo a un cliente en su pescadería, vi que la gente compraba uno o dos filets de merluza; un lomito (gatuzo) no muy grande… Me quedé helado pero también es la realidad. Y lo peor es que no podemos trasladar los costos al precio final porque venderíamos mucho menos. Vamos resignando rentabilidad, absorbemos todo lo que podemos. Ahora se cayó el mercado del lenguado a USA.

RP: ¿Qué sucedió?

DB: No sé los motivos pero sí me avisaron de la empresa a la que le hacemos el pescado para exportación que no levante más lenguado. Después de las PASO se devaluó un 30 por ciento, eso debería ser favorable pero se complicó todo. Saben que Argentina devaluó y te pisan el precio. El lenguado en esos días posteriores saltó un 20 por ciento el kilo entero. Pero luego bajó un 22 por ciento porque nadie compraba. Y quizás el lenguado valdría incluso mucho menos si estuviesen todos los barcos…

RP: ¿La relación con los armadores es tirante?

DB: No, creo que hay más problemas con los compradores infrecuentes que convalidan subas injustificadas. Con los barcos que tenemos relación constante el precio se acomoda y nos ponemos de acuerdo. A veces pierden ellos, otras nosotros. Nosotros compramos mil cajones y no los vendemos mañana, sino que lleva tiempo. Y a veces no lo vendemos y lo tenemos que mantener en cámara hasta que aparezca la demanda.