02/12/2019
Cortocircuitos entre la Armada y el Consorcio por las obras en el varadero

El Jefe de la Base Naval Mar del Plata aseguró que la administración portuaria no entregó el certificado que permitiría verificar los trabajos y comenzar a remover barcos hundidos. En el Consorcio sostienen haber cumplido con ese trámite y reconocen que la relación con la Armada es difícil.

  • Revista Puerto - Varadero Base Naval MdP - 02
  • Revista Puerto - Varadero Base Naval MdP - 03
  • Revista Puerto - Varadero Base Naval MdP - 04
  • Revista Puerto - Varadero Base Naval MdP - 05
Por Roberto Garrone Fotos Diego Izquierdo

El plan de desguace de una docena de barcos inactivos y abandonados sobre el muelle 2, anunciado hace más de dos años sin que todavía se haya removido y desguazado uno, suma en su etapa final un obstáculo imprevisto. La mala relación entre la Armada y el Consorcio impide que comiencen las tareas cuando ya hay casi una docena de buques en condiciones de ser convertidos en chatarra.

La semana pasada el jefe de la Base Naval Mar del Plata, Gabriel Attis, le aseguró a este medio que el Consorcio Portuario todavía no había elevado el informe con el final de las obras en el varadero, lugar donde se desguazarán los buques y que fue cedido a la Provincia en abril pasado mediante un convenio de uso por cuarenta meses, en el cual se establecía que el Consorcio era el encargado de ponerlo en valor y la Armada incluyó el desguace de tres viejos remolcadores.

“Faltan algunos detalles; es una obra importante porque debe recibir a la Draga Mendoza”, remarcó el Comodoro de Marina ante la consulta de REVISTA PUERTO en un intervalo de la jornada de Intereses Marítimos. “Cuando nos avisen llegará una misión de la Base Naval Puerto Belgrano para certificar las obras”, agregó Attis.

En el Consorcio dan otra versión de los hechos. Que la Armada fue avisada hace más de un mes del final de obra y siguen esperando la visita para poder comenzar con la extracción de buques cuya lista encabezan los dos Chiarpesca, el 57 y 58. Los otros dos, el 54 y 56 fueron removidos por La Pasteca entre 2017 y 2018, deteriorando aún más el varadero.

El Consorcio invirtió 8 millones de pesos en las obras de mejoras y colocó un cabrestante usado, reparado a nuevo que Lusejo, la empresa que se encargará del operativo desguace, extrajo de uno de los barcos abandonados de Ostramar.

El acuerdo entre Provincia y la Armada establecía que el plan de obras tendría una duración de cuatro meses, plazo que ya está completamente vencido. Qué pasa si ahora la Armada decide romper el acuerdo y establecer otras condiciones, con un presidente del Consorcio al que le quedan pocos días para tomar decisiones con poderes plenos.

Los dichos de Attis dejan entrever que la Armada no está conforme con que no se hayan cambiado los varales del varadero que estaban completamente deformados. La intervención del plan de obra en ese punto fue darlos vuelta. Creen que en esta primera atapa subirán barcos más livianos que resistirán perfectamente la estructura.

El otro punto es el cabrestante. El convenio firmado establece que debe ser un objeto nuevo. En el Consorcio buscaron por todo el país y no encontraron. La duda es por qué ponen en papel un requisito que era imposible de cumplir.

Cuando Mariano Pascual sacó los primeros dos barcos no había ni cabrestante. Los levantó y arrastró con un malacate. “Yo no estaba en la Base en ese momento”, se excusó Attis. La desaparición del ARA San Juan en noviembre del 2017 congeló la actividad de desguace en el varadero cuando se retiró el último trozo del Chiarpesca en el verano de 2018.

Ante la falta de cabrestante, Lusejo reacondicionó y donó el del buque San Pablo, uno de los que figura en la lista para remover. Según la empresa de chatarras el costo fue de 65 mil dólares. Todo sea para comenzar cuanto antes con las obras. Claro que en Lusejo no contaban con la pifia humana. Operarios del Consorcio tuvieron un error de cálculo al momento de fijarlo en el varadero. Ese percance dilató aún más los trabajos.

Un plan de obra que tiene y no tiene final según se hable con la Armada o el Consorcio Portuario, y que desnuda una interna que impide la posibilidad de que el puerto gane espacio en su espejo interior.