28/01/2020
“Llegamos a tener 1500 asociados y hoy quedan 35”

Patricio Alessandroni es uno de los referentes del cooperativismo asociado al reprocesamiento de pescado en frigoríficos de Mar del Plata. “El SOIP es responsable en la destrucción de empresas pero también faltaron políticas para defender el trabajo”, marcó el dirigente.

Revista Puerto - Patricio Alessandroni - 02
Por Roberto Garrone Fotos Diego Izquierdo

En la primera década del siglo veintiuno Industrial Coop era una de las cooperativas vinculadas al reproceso de pescado fresco más importante de Mar del Plata.  Con un frigorífico, fasoneras como San Jorge, San Remo, San Justo, San Sebastián. Con peones, envasadoras y fileteros en plantas de terceros, la empresa social alquilaba oficinas en los márgenes del barrio Los Troncos y tenía proyectos para exportar pescado a Italia donde el movimiento cooperativo está más consolidado.

Después de ocho años casi nada de eso se mantiene en pie. Ni siquiera el nombre de la cooperativa y mucho menos las oficinas en el barrio residencial. “Llegamos a tener 1500 asociados activos, mil en el pescado fresco y quinientas mujeres en la industria de la conserva, en saladeros de anchoíta en Batán y el Parque Industrial”, enumera Patricio Alessandroni, el dirigente que acompañó todo el proceso de la empresa social, del pico de productividad al ocaso, ocupando distintos roles.

“Hoy ya no alquilamos ninguna fasonera y le prestamos servicio a un solo cliente, Frigosur, donde trabajamos con 35 operarios, sin fileteros; solo con envasadoras y peones”, dice Alessandroni, ahora miembro de la comisión directiva de Mar Adriático, la cooperativa que quedó en pie. “A Industrial Coop le quitaron la matrícula a partir de los cientos de juicios laborales que le iniciaron”, reconoce.

Se autodefine como un “sobreviviente” de la industria del reproceso y la única esperanza que le queda es que la Provincia otorgue permisos de pesca a las plantas para garantizar el trabajo en tierra. Piensa que la merluza puede generar empleo si hay seguridad de que se dispondrá de pescado todo el año. En 2006 el entonces intendente Katz fue a la inauguración de la planta de Alejandro Korn e Irala. “Le dije que iba a sumar cien socios más. Cuando lo logré, volvió a la fábrica para verlo. Hoy ya no podés siquiera mantener lo poco que queda. Es imposible mantenerlos con la flota yéndose al langostino la mitad del año”, afirma.

El dirigente no reconoce un solo motivo sino varios que generaron esta caída paulatina en los eslabones del pescado fresco. “Hubo menos materia prima para procesar a partir de la caída de algunos pesos pesado como Barillari, pero también la pesca se fue corriendo más al sur. No hubo buenas políticas para defender el trabajo local; se fueron barcos, ahora se van muchos más cuando abren aguas nacionales, pero también el SOIP contribuyó a la caída. Fue permanente el combate y los conflictos a empresas que utilizaban este sistema y se terminaron hartando y bajando la persiana. Loba Pesquera es un caso testigo. Arhehpez… los cansaron con piquetes, protestas y quema de gomas. Así defendieron el laburo y mirá cómo quedamos. Nadie hoy piensa en tomar personal, todos quieren cerrar”, refleja.

Alessandroni también responsabiliza a los gobiernos que han pasado en estos años por no distinguir quién cumplía con el sistema y quién se abusaba de él. “Nosotros pagábamos monotributo, seguro, tenían una obra social… Por eso cuando todo se fue cayendo no hubo grandes conflictos, la gente entendió que no era culpa nuestra y algunos pudieron reinsertarse en otros rubros. Pero el gobierno debió haber distinguido a las que éramos verdaderas cooperativas. Nos cansamos de ser auditadas, de mandar los papeles que pedían y nunca nos reconocieron. Creo que también fue por presión del propio sindicato”.

El último grupo en Alejandro Korn tomó la planta y hasta se manifestó en su casa del barrio Constitución. “Se cansaron y se fueron porque todos eran socios de la cooperativa. Habían firmado y estaban encuadrados en ese sistema; no hay relación de dependencia. Todavía debo unos meses de alquiler pero ya lo voy a terminar de pagar. Hoy está cerrada y en manos de su dueño. No me fui ni me mudé porque no tengo nada que esconder”, asegura,

En la charla florecen nombres de empresas que ya no están más. Cafiero & Polio, Costa Brava, Arhehpez, Frigorífico Bermejo, Moliendas, Argenpesca, la conservera de Centauro, Loba Pesquera, Barillari y todas las que han reducido personal, a cuentagotas o con retiros forzosos como los que ahora plantean Ostramar y Taturiello.

“El otro día lo llamé a Fernando González, uno de los socios de Loba para saludarlo, ver cómo andaba. Lo conozco desde hace 20 años, siempre tuvimos una excelente relación. Me contó una cosa increíble: la sindicatura que entiende en la quiebra debía velar por la seguridad de los bienes, del frigorífico que tenían, porque su idea era vender el barco, pagar las deudas y seguir en el negocio. Pero todo ese predio fue vandalizado, se robaron hasta los marcos de las puertas y ventanas. Es muy difícil que eso vuelva a funcionar. No se valora lo que se tiene hasta que se pierde. Nosotros buscábamos nuevos clientes, más pescado, pero la gente siempre estaba disconforme, nada les alcanzaba, siempre querían algo más. Mirá como terminamos”.

Esa pérdida de valores, el cambio cultural ocurrido en estos últimos años se vincula estrechamente con una industria a la que ya no es posible pensarla como transformadora de realidades, como un camino para acceder a una vivienda propia ni vivir con dignidad. Por el contrario, las nuevas generaciones de obreros del pescado, ocupadas en satisfacer necesidades más urgentes, también generaron un quiebre que se sintió en los lugares de trabajo.

“Fumaban marihuana mientras cortaban pescado. O tomaban cerveza en los cuartos de descanso. Eso que al principio fue una rareza cada vez ocurría en más casos. Todo se fue descomponiendo. A la falta de pescado la acompañó una falta de valores y si alguna vez Mar del Plata recupera actividad, el de la droga será un problema que se debe enfrentar para revertirlo”, concluye.