19/03/2020
“Estamos entre el contagiarnos de coronavirus o comer”

Cristina Ledesma, la secretaria General del gremio que nuclea a los trabajadores de tierra en la ciudad de Mar del Plata, plantea la dramática situación de los obreros del pescado. Temen que unos cinco mil fileteros queden en la calle ante una cuarentena obligatoria.

Revista Puerto - Cristina Ledesma - SOIP - 02
Por Karina Fernández Fotos de archivo

La secretaria General del SOIP, Cristina Ledesma, expuso ante REVISTA PUERTO la dramática situación a la que están expuestos los trabajadores del pescado. Unos 3000 trabajadores registrados trabajan en condiciones de higiene adecuada y estarían cubiertos por el cobro de un garantizado ante la obligación de cumplir una cuarentena, pero saben que varias empresas no podrán sostenerlo por mucho tiempo si la situación se agrava. Peor aún es el escenario para los casi 5000 trabajadores del mal llamado sistema cooperativo, tanto por las condiciones sanitarias en las que deben trabajar como por la alta probabilidad de que queden en la calle y sin dinero ante una cuarentena obligatoria por el avance del coronavirus.

La dirigente gremial cuenta que en las plantas no hay un protocolo establecido pero que van tomando medidas en función de las recomendaciones que dan las autoridades sanitarias a través de los medios de comunicación y que son los mismos trabajadores quienes en muchos casos se van organizando junto con los empresarios.

“Ellos están muy asustados y cuando se acercan tratamos de solucionar los problemas. A los mayores de sesenta años o los que tienen alguna enfermedad los hemos mandado a su casa, les pedimos que se laven las manos continuamente, que no suban todos juntos al comedor, que hagan turnos y que dentro de lo posible mantengan la distancia dentro de las plantas. En algunas empresas no es necesario decirles nada porque ellos ya saben cómo cuidar a su gente”, dice Ledesma, marcando el abismo que existe entre los dueños de plantas de procesamiento.

El sindicato tiene la representación formal de los trabajadores registrados pero toma intervención ante los constantes problemas que enfrentan los trabajadores de pseudocooperativas.

“En los casos en que nos vienen a ver, nosotros vamos y buscamos solucionarlo pero si se agrava la situación vamos a tener un problema muy serio. Estas pseudocooperativas nunca se hicieron cargo de la gente y tememos que los dejen en la calle. No se han hecho cargo de un bono para las fiestas, mucho menos se harán cargo de pagar un garantizado para cumplir la cuarentena. Acá el hilo se corta por lo más fino, vamos logrando que los mayores de sesenta años se queden en la casa, pero nos amenazan con nque terminarán echando a todos”, señala indignada.

Cuenta que 2020 comenzó de la peor manera, con cooperativas truchas que de un día para otro dejaron a los trabajadores cesantes y debiendo llegar a acuerdos que están muy lejos de las indemnizaciones que les corresponderían porque no están registrados.  Lo más delirante es que estas negociaciones se realizan a instancias del Ministerio de Trabajo. Pero a esta situación, de por sí grave, ahora se suma la crisis desatada por el COVID-19.

“Ahora nosotros tenemos dos temores: que la gente se contagie y que quede tirada sin poder comer, son dos temores constantes en nuestros trabajadores. Estamos en un callejón sin salida, no sabemos para dónde ir”, resume Ledesma.

En cuanto a las condiciones de higiene en las que trabajan los obreros de estas plantas, conocidas como cuevas, señala que “las condiciones de higiene no existen en muchas de estas plantas, estamos hablando de 5000 trabajadores que están en esas condiciones, no tienen un comedor digno y algunas ni baños para la cantidad de gente que tienen trabajando”, dispara y agrega que de la misma forma que deben llevar sus cuchillos y tablas para filetear, ahora también deben hacerse cargo de comprar la lavandina y el alcohol.

La primera muestra de lo que pude suceder en el puerto de Mar del Plata, la tuvieron esta semana con la cooperativa Echiban. “Tiene solo dos trabajadores registrados y noventa en negro, o en cooperativa, como quieras llamarlo. Ya les avisó que hasta fin de mes no trabaja nadie y a esos no les dan un peso. Estamos desesperados, necesitamos que nos ayuden”, nos dice.

“Nuestra gente no tiene ahorros para pasar dos semanas sin trabajar, no puede quedar en cuarentena porque no come. Estamos jugando a la ruleta rusa, tenemos miedo por nuestra gente, tenemos miedo que se contagien pero si se van a la casa no tienen para comer, por donde lo veas estamos jodidos. El que está registrado por lo menos sabe que un mes va a tener el garantizado pero por cuánto tiempo más, cuántas empresas podrán sostenerlo en el tiempo si esto se agrava…” se pregunta Ledesma como quien sabe la respuesta.

Los gremios marítimos se han unido para exigir un protocolo de embarque y detuvieron las zarpadas hasta que las autoridades lo establezcan como obligatorio.  Cristina Ledesma considera lógica la medida pero a pesar de ello no puede apartar la vista del impacto que tendrá no solo sobre sus representados sino y especialmente sobre los trabajadores en negro: “Para nosotros que los barcos paren es terrorífico, entendemos el reclamo pero nuestra gente necesita laburar para vivir porque vive el día a día”.

Ledesma rescata la preocupación de los funcionarios del área, tanto de Nación como de Provincia; pero pone de manifiesto el nulo alcance que tienen las conversaciones frecuentes que mantiene con Carlos Liberman y Carla Sain: “Hablamos día por medio con el Subsecretario de Pesca de la Nación y con la Secretaria de Buenos Aires, tienen preocupación por lo que nos pasa pero no tienen soluciones”.

“No podemos hacer mucho más que ir a reclamar por cada trabajador que dejan en la calle, peleamos todos los días pero pese a ello no conseguimos que registren a la gente, al final lo que pasa es que la dejan en la calle, ahora encima le sumamos el coronavirus. Es un momento muy duro, los trabajadores de tierra siempre somos los golpeados, nos muelen a palos y nos volvemos a levantar para ir a trabajar pero ahora no sabemos cómo vamos a hacer”. Así termina Ledesma la nota, no sin antes repetir una vez más, intentado que alguien la escuche: “Necesitamos ayuda”.