04/05/2020
Los informes de langostino arrojaron datos preocupantes

Primera caída de capturas en 14 años, sobredimensionamiento de flota, sobrepesca del crecimiento, disminución de biomasa e individuos y un menor potencial reproductivo que deja al crustáceo más vulnerable a los cambios ambientales. El plan de manejo se vuelve una necesidad ineludible.

Revista Puerto - Langostino
Por Karina Fernández Fotos de archivo

“Con el aporte de las empresas que apoyan la investigación del langostino, al día de la fecha se cuenta con una nueva base histórica, la cual no solo respeta la plataforma de muestreo sino también los tiempos en los cuales deben realizarse las campañas. Esta situación nos permite realizar una comparación interanual adecuada entre las distintas campañas estivales”, anunciaron agradecidos los responsables del Programa Langostino del INIDEP, Paula Moriondo Danovaro y Juan de la Garza.

No es una noticia menor, luego de que se interrumpiera la serie histórica de diez años en esta y tantas otras pesquerías por problemas en los barcos y con el SIMAPE. Se recuperaron datos muy preciados para los investigadores, porque les permiten comparar la evolución a través de los años. Los dos últimos informes elaborados han dado a conocer situaciones que requerirán de una gran atención y determinación por parte de las autoridades para evitar que se repita una sobrepesca del reclutamiento, como ocurrió el año pasado. La pandemia, con su impacto en los mercados y en la vida diaria, pone freno por el momento al avance de la flota sobre el recurso y da tiempo para elaborar un plan de manejo, que se adeuda desde hace tres años y que parece necesitarse hoy más que nunca.

Por un lado el informe final de 2019 plantea la caída en las capturas por primera vez en catorce años como consecuencia, entre otras variantes, del sobredimensionamiento de flota. El informe de campaña a bordo del Bogavante II, dio cuentas de una disminución significativa de la biomasa, del número de individuos y una sobrepesca de juveniles en 2019. También se confirmó el retraso madurativo y, como resultado del profundo estudio que están realizando sobre este punto, se ha descubierto que las hembras tienen un menor potencial reproductivo, volviendo más vulnerable al langostino a los cambios ambientales.

“Desde el año 2006, el volumen de langostino desembarcado fue incrementándose desde 40.000 toneladas hasta el récord de 256.000 toneladas, declaradas en el año 2018. La temporada de pesca 2019 es la primera donde la descarga disminuye interanualmente”, señala textualmente el informe final. La captura en 2019 fue de 214.000 toneladas, un 16% menor.

“La disminución del volumen de langostino descargado interanualmente y la disminución de los rendimientos de langostino durante las operaciones de pesca de la temporada 2019, podrían ser consecuencia de la combinación de varios factores que incluyen el sobredimensionamiento de la flota, cambios en algunos parámetros poblacionales y posibles variaciones ambientales, las cuales influirían principalmente en las fases larvales”.

“Todos estos factores combinados pueden devenir en una sobrepesca del crecimiento y/o del reclutamiento si no se aplica un manejo adecuado del recurso durante las temporadas venideras”, concluyeron Moriondo y de la Garza.

Los datos obtenidos “en la presente campaña y durante los años 2018 y 2019 indican claramente que, en líneas generales, la población de langostino muestra un retroceso en cuanto al número de individuos y la biomasa disponible en las áreas evaluadas. Debido a esta situación podría esperarse una disminución en la biomasa disponible, en términos de su volumen para la captura comercial en la temporada 2020, en aguas nacionales, al sur del paralelo 42°Sur”, indicaron los biólogos en el Informe de la campaña de marzo, en la que se evaluaron biomasa y procesos reproductivos en el Golfo San Jorge, aguas de Chubut y nacionales.

“Cuando se analizan las diferentes subzonas, también se observa para cada una de ellas la tendencia decreciente a través de los años en las capturas por unidad de esfuerzo. Para el norte del golfo la disminución no es tan significativa, pero puede observarse que el promedio del área se mantiene por la aparición de altas concentraciones puntuales, que en general son concentraciones reproductivas”.

En el sur del golfo, en 2018 la biomasa relativa se estimó en 28.477 toneladas y en 2020 en 13.268 toneladas y en numerosidad pasó de 1.174.918.000 individuos a 930.563.000 individuos. En el sector norte del golfo, “tanto la biomasa como la numerosidad de individuos estimados, se redujeron a casi la mitad”, pasando de 29.422 toneladas en 2019 a 14.117 toneladas en 2020 y de 1.163.783.000 individuos en 2019 a 673.038.000 individuos en 2020.

En la comparación con las campañas de 2019 y 2018, se pudo observar que a medida que pasan los años aumenta proporcionalmente la fracción más pequeña de la población, mientras que se reduce la fracción de langostinos más grandes. Esto pone en evidencia que desde hace dos años se está sometiendo el recurso a niveles muy altos de explotación y de captura de  juveniles.

“La disminución en la fracción de la población potencialmente reproductora indica que, si bien las medidas adoptadas por el Consejo Federal Pesquero, en cuanto a la protección de individuos de categoría comercial menores a L3 fueron acertadas, no fueron suficientes para evitar la sobrepesca del crecimiento. Los elevados niveles de esfuerzo pesquero aplicados desde el año 2017 han disminuido la fracción reproductora de la población y han modificado los picos temporales de reproducción”, revela el informe.

Esta estructura de longitudes que se encontró 2020 es similar a la del año pasado, pero con un incremento mayor de ejemplares juveniles y menor de reproductores. “Esta situación apoyaría la hipótesis que, de mantenerse el esquema histórico de apertura de la pesquería, el inicio de la temporada 2020 podría ser similar al de la temporada 2019, con una elevada proporción de individuos de longitudes pequeñas al sur del paralelo 45º”, anunciaron respecto del futuro de la temporada.

Los biólogos explicaron que el retraso en los ciclos de reproducción que vienen observando está siendo intensamente estudiado y que investigaciones recientemente realizadas han demostrado que las hembras que llegan a reproducirse lo hacen con un buen estado corporal pero con una menor concentración de reservas energéticas con respecto a 2018 y 2019.

“Estas reservas son necesarias y fundamentales para mantener el potencial reproductivo. La fecundidad no ha cambiado significativamente con los años, pero podría estar siendo afectada la calidad de huevos, lo que inevitablemente conllevaría a una menor viabilidad de los mismos”, explicaron.

“Además, como ya fue documentado en varios informes, se suman otros potenciales factores que podrían influir en la mortalidad natural de las primeras fases del ciclo de vida, como no tener as condiciones ambientales y de alimentación adecuadas para el desarrollo de las distintas fases larvales, las cuales son muy vulnerables a cambios en el ambiente”. Esta situación nos remite a lo ocurrido con la merluza hubbsi, luego de la sobreexplotación a la que fue sometida en la década del noventa.

Disminución de la biomasa y de los individuos, sobredimensionamiento de flota, sobrepesca de juveniles, cambios en el potencial reproductivo de las hembras y una calidad de huevos que podría resultar muy vulnerable a los cambios ambientales, son los tópicos que quedan como resumen de los informes del INIDEP. Informes en los que se rescató la colaboración de los empresarios y las importantes medidas de manejo que se han tomado desde el Consejo Federal Pesquero y las provincias pero que lamentablemente no han sido suficientes. La unificación de criterios y el planteamiento resultan en esta etapa cruciales para mantener el equilibrio, biológico, económico y social en la pesquería de langostino. Una materia pendiente de las autoridades pesqueras.