24/06/2020
El futuro embajador en Londres considera clave al Atlántico Sur

Javier Figueroa es el elegido para hacerse cargo de la legación en Gran Bretaña a partir de agosto. No es un terreno desconocido para el actual representante argentino en Cuba, porque durante trece años participo en diferentes reuniones y encuentros con funcionarios del Reino Unido, debido a los cargos que ocupó en su carrera diplomática.

Revista Puerto - Javier Figueroa - Futuro embajador argentino ante el Reino Unido - 02
Por Karina Fernández Facebook Embajada Argentina en Cuba

La designación de Javier Figueroa como embajador en Londres, baja el tono al discurso disruptivo y hasta un poco hostil del Canciller Felipe Solá respecto de la relación con el gobierno británico. En realidad, esa retórica debería vincularse a una necesidad de diferenciarse, puertas adentro, de la política exterior del macrismo. El perfil de quien será el nuevo embajador no es el de un “dialoguista” al estilo del excanciller Guido Di Tella pero mucho menos se asemeja al estilo agresivo y beligerante de la exembajadora Alicia Castro, que no dudó en insultar al Primer Ministro británico en su propia casa. Figueroa es un diplomático de carrera con una postura constructiva que considera la cooperación y la confrontación como dos polos que no se excluyen en la cuestión Malvinas. En ese sentido aumentar el control de nuestro país sobre la explotación de los recursos en el Atlántico Sur es considerado clave por el diplomático.

Javier Figueroa comenzó su carrera en la Dirección de Malvinas y Atlántico Sur en el año 1993 y en 1998 cumplió funciones en la embajada argentina en Londres hasta el año 2005. De regreso en el país y hasta 2009, fue designado representante alterno de la Cancillería en el Consejo Federal Pesquero y estableció contacto con los actores del sector. En 2012 fue puesto al frente de la Dirección de Malvinas y Atlántico Sur, desde donde gestó junto a Daniel Filmus la Secretaría de esa cartera. Hasta 2015 fue Subsecretario de Malvinas participando de la conformación del Programa Pampa Azul.

En noviembre pasado publicó un artículo que hoy puede leerse como una presentación del futuro Embajador en Londres. El foco lo centró en el control del Atlántico Sur: “Es un espacio de futuro, de potencial desarrollo económico y científico, de incalculables recursos. Debe ser un espacio de unidad nacional, que convoque a nuestra creatividad y audacia”.

En ese sentido, afirmó que “la disputa de soberanía (…) debe ser leída como un catalizador de nuestras potencialidades, como un llamado a desarrollar políticas imaginativas y despertar una vocación oceánica en nuestro país”.

Figueroa juzga ineficientes tanto las políticas de “intenso activismo diplomático” como las “estrategias de cooperación con menor nivel de confrontación política”, vistas en distintos períodos presidenciales. Dice que ambas han arrojado resultados igualmente frustrantes: “El Reino Unido mantiene su cerrada negativa a negociar a la vez que ha expandido su presencia en el Atlántico Sur en diversos campos”.

Para el diplomático, Malvinas debe vincularse a otras agendas como la ciencia o la conservación marina, generando espacios de trabajo que, manejados de forma inteligente, ofrecerán “áreas de convergencia cooperativa con el Reino Unido y otros actores claves” que podrían incluir acuerdos con otros países, organizaciones especializadas y ONGs.

En otros artículos Figueroa ha señalado que para aspirar a un manejo sustentable de los recursos en el Atlántico Sur será necesario establecer acuerdos bilaterales con España, China y Corea, que tienen intereses en la región, e incluso con Uruguay por su rol central en la logística de la flota extranjera.

La postura del futuro Embajador, puede decirse que ya tiene adherentes en el sector empresario; y los recientes acuerdos firmados con España para combatir la pesca ilegal en el Atlántico Sur son una muestra de ello. Por otra parte Figueroa, que ve en la generación de áreas marinas protegidas una herramienta útil para limitar el acceso de la flota extranjera en zonas de sensibilidad ambiental, podría encontrar apoyo de ONGs que vienen trabajando denodadamente en la expansión de esos espacios preservados.

“Como puede apreciarse, existe una vasta gama de intereses nacionales en juego, que exceden la existencia de la disputa de soberanía con el Reino Unido, aunque resultan por ella influenciados”, indicó Figueroa y destacó la necesidad de desarrollar una política oceánica y asignarle recursos.

Propone entonces no seguir demorando el desarrollo de un centro lógistico de envergadura en Ushuaia, permanente coordinación entre la Armada y la Prefectura para optimizar los escasos recursos destinados a la vigilancia; mayor presencia de la flota nacional sobre el recurso calamar y una constante actividad científica en aguas adyacentes. La generación de áreas marinas protegidas que no necesariamente excluyan toda actividad pesquera, también la considera una herramienta útil.

Plantea además que la cooperación y la confrontación son dos instancias en la relación con los británicos que pueden convivir y considera que “la visión conservadora nos ha llevado, por ejemplo, a marginarnos en foros marinos que a priori no comparten algunas de nuestras posiciones, o enredarnos por años en discusiones bizantinas respecto de ciertos cursos de acción”. Finalmente aclara que no aboga “por una conducta temeraria o imprudente en términos legales, sino por una mayor creatividad y un ajuste en función de una política de miras más amplias en términos geopolíticos”, concluyó el diplomático.

Los artículos a los que se ha tenido acceso permiten tener una idea de cuáles son los objetivos que se planteará el futuro embajador para llevar adelante, en los que el sector pesquero y la investigación científica aplicada en el cuidado ambiental tendrán una importancia relevante.