24/07/2020
El SOMU se defiende y presenta el acuerdo como un triunfo sobre las empresas

Sin realizar ninguna autocrítica, justificaron los cortes de ruta ante la falta de apoyo de los fresqueros y cargaron contra los empresarios diciendo que se quisieron aprovechar de la pandemia para modificar el convenio.

Revista Puerto - SOMU

Al sindicato le sobran bases y le falta capacidad profesional para negociar.

Por Karina Fernández

A casi una semana de firmado el acuerdo con las cámaras de buques congeladores, el SOMU rompió el silencio con un comunicado en el que reconoce la falta de apoyo de los buques fresqueros al paro y justifica, ante ello, los piquetes que provocaron que cientos de toneladas de langostino debieran ser tiradas a la basura. Consideran que el acuerdo que fijó en 65 pesos el valor del dólar hasta diciembre es un triunfo sobre los empresarios que, dicen, buscaron aprovecharse de la pandemia para modificar el convenio. A la vez afirma la dirigencia sindical que las cámaras jugaron con la necesidad de la gente y la culpan de haber perdido un mes y medio de la temporada de langostino.

“Las empresas claramente no sacaron los barcos, exponiendo que, por los altos costos laborales sumados a la baja de la tonelada de exportación, no le es rentable salir a pescar, agravada por la pandemia mundial, lo cual nosotros vimos como un aprovechamiento de una excusa perfecta para bajar los valores del CCT”, señala en uno de sus pasajes el comunicado difundido ayer por la conducción nacional del gremio.

En todo el texto del comunicado, lejos de bajar el tono en la disputa con la patronal, la responsabilizan de las pérdidas generadas a los trabajadores “Se nos fue un mes y medio de nuestra temporada por el lockout patronal, porque fueron ellos los que no sacaron los barcos, por el capricho de estos empresarios de querer tocar el CCT, que gracias a todos ustedes los empresarios se quedaron con las ganas”, aseguraron.

Desde el SOMU siguen sosteniendo que las bajas ventas, con un valor depreciado del langostino, han sido una excusa y no una realidad. Pero además aseguran que se vieron empujados a tomar medidas de fuerza porque la única propuesta del sector empresario fue bajar un 40 por ciento los precios de referencia, cuando a la par se presentó como opción modificar el valor del dólar, lo que finalmente y tras 45 días de conflicto terminaron aceptando.

Reconocen en el comunicado, a diferencia de lo que antes habían declarado, que la flota fresquera no se plegó al paro y justifican con ello los piquetes realizados en distintos puertos, que dieron por resultado que miles de kilos langostino se tiraran podridos. Los dirigentes no realizan autocrítica y dicen haberse visto forzados por “las bases” a realizar esas acciones.

“El día 6 de julio se decide comenzar un paro Nacional, pero como la flota fresquera cajonera langostinera que en su gran mayoría tiene tripulación del SIMAPE seguía pescando entonces por propuesta de las bases se decidió el 10 de julio ir a parar los camiones que transportaban cajones de pescado en la ruta, porque las mismas empresas que nos querían tocar el convenio eran las que estaban procesando el langostino de los barcos cajoneros, en las plantas de tierra”, se indica textualmente en el comunicado.

Que los marineros querían salir a navegar era algo que todos sabían, que llevaban demasiados meses sin navegar y los apremios económicos comenzaban a sentirse con fuerza, era una realidad que se planteó desde el inicio del conflicto; pero la dirigencia dice haber tomado conocimiento recién en julio, durante el paro, y responsabiliza a las empresas por las pérdidas ocasionadas a los trabajadores, diciendo que jugaron con la necesidad de la gente.

“Todos sabemos que llevamos mucho tiempo sin embarcar, las empresas vieron una oportunidad con esta pandemia, jugando con la necesidad, sin meter un viaje, cuando tomamos medidas muchos compañeros en la ruta o apoyando diferentes movilizaciones, les comentaba a nuestros representantes que ya tenían que salir a navegar por la necesidad económicas en sus hogares, que traten de buscar alguna alternativa para salir”, señalan; pero a la vez aseguran que pese a ello los marineros “estaban dispuestos a acompañar” y les agradecen, como si se tratara de hinchas de futbol, porque “salieron a aguantar los trapos”.

Les cuentan a sus afiliados que tras evaluar varias opciones, optaron por la propuesta de un acta acuerdo por esta temporada que fijó hasta el 31 de diciembre el dólar en 65 pesos, que fue sometida a votación y aceptada en todas las delegaciones y seccionales del gremio. “Claro que hay que poner en la balanza la cantidad de meses sin trabajar, muchos compañeros endeudados esperando la temporada”, reconocen un poco tarde.

Luego realizan un cálculo de una liquidación por tonelada en las distintas categorías de langostino, con el valor del dólar acordado que da por resultado, por ejemplo, para un langostino L1 un valor de 2.499 pesos bruto por tonelada. Con los mismos valores de referencia a la cotización actual del dólar, esa tonelada tendría un valor de 2.730 pesos. Desde que se firmó el acuerdo a hoy el marinero perdió 31 pesos por tonelada y es de esperar que la cifra aumente con el correr de los días, producto de la devaluación constante de la política monetaria de Argentina.

Es una pena que el tiempo transcurrido no haya sido suficiente para que los dirigentes del SOMU realizaran una mejor lectura de los hechos vividos durante el conflicto. En primer lugar es dable decir que desde el primer momento el SOMU se encontró en una encrucijada muy difícil al tener que tomar una decisión entre salir a pescar o aceptar una baja. Como hemos dicho desde el primer momento en estas páginas, lo único que podían hacer era aceptar un acuerdo transitorio atendiendo las particularidades del contexto mundial actual. Lo que finalmente debieron aceptar porque no había otra salida, nunca la hubo.

La gran falencia del gremio radica en la falta de profesionalismo. Tiene al frente una dirigencia bien intencionada pero que careció de herramientas para negociar de forma inteligente un acuerdo que evitara a los marineros la pérdida de al menos cuatro mareas. El gremio no fue capaz de presentar una sola propuesta en toda la negociación.

Es lógico y esperable de un sindicato que se apoye en sus bases, que confíe en su fuerza para movilizar, parar puertos y cortar rutas, pero cuánto más útil sería que con la plata de los afiliados se contratara a un grupo de expertos que supieran de mercados, que conocieran en profundidad el negocio de la pesca para poder sentarse de igual a igual a negociar frente a los empresarios, sabiendo realmente el valor de su producción en lugar de suponer que “se la llevan toda” como único argumento.