29/09/2020
Langostino nocturno en Mar del Plata

El fresquero Luis Piedrabuena descargó el sábado a la noche en medio de una lluvia por momentos torrencial en Puerto Piojo. El marisco de buen tamaño volvió a Puerto Madryn por compromisos con un frigorífico. Los casos de covid merman la plantilla de personal en frigoríficos y no hay certezas de reproceso en los tiempos que requiere un producto perecedero.

  • Revista Puerto - Mar del Plata - Descarga de langostino - 02
  • Revista Puerto - Mar del Plata - Descarga de langostino - 03
  • Revista Puerto - Mar del Plata - Descarga de langostino - 04
  • Revista Puerto - Mar del Plata - Descarga de langostino - 05
  • Revista Puerto - Mar del Plata - Descarga de langostino - 06
Por Roberto Garrone Fotos de archivo

Son casi las 11 de la noche y en Puerto Piojo, el muelle 10 en Mar del Plata, se largó a llover con ganas. El fresquero Luis Piedrabuena está amarrado en el extremo del espigón con motor en marcha y luces prendidas.

Acaba de llegar de zona de pesca, 41°30 ´S y 64°30´ W, dice con la precisión de un orfebre Daniel Torres, el patrón del buque desde hace dos años, todavía sentado en el puente y coordinando la descarga que hace un rato comenzaron los estibadores de Estimar que tienen barbijos pero se lo colocan como corresponde cuando un par de efectivos de Prefectura llegan, avisados que los de REVISTA PUERTO andan caminando el muelle.

El fresquero de Gustavo Iácono trajo 2.300 cajas, dice el inspector que se guarece de una lluvia cada vez más intensa enfundado en una campera impermeable al lado del guinche que levanta las cajas de la bodega.

El Piedrabuena es uno de los fresqueros que amarró en Mar del Plata luego que la flota tocara buena abundancia de langostino sobre el paralelo 41. “Tenía 33 horas a Camarones donde tengo que descargar yo, y 31 a Mar del Plata. Pero en Camarones tenía una lista de espera infernal para descargar. Por eso venimos para acá”, cuenta el armador.

El buque tenía urgencia de descargar porque había iniciado marea el lunes después del mediodía. Con casi la misma tripulación volvieron a zarpar esa madrugada del domingo hacia zona de pesca. Se bajó el segundo maquinista y subió su relevo que ya tenía el negativo del test.

El langostino es de buen tamaño y los estibadores lo vuelcan con movimientos mecanizados sobre la mesada de acero inoxidable. La lluvia incomoda la instalación eléctrica para la balanza pero de pronto se completan de números verdes. Los cajones vienen casi sin hielo y no pasan de los 18 kilos.

La costumbre hizo que primero fuésemos al muelle 1 pensando que el barco descargaría ahí. Llegamos y nos cruzamos con tripulantes del Ribazón Inés saliendo de la terminal con el balde de propina. “No sé si descargará mañana (por el domingo) o quizás el lunes”, dijo un marinero fornido que caminaba raudo para la salida.

La paradoja es que este langostino que sube en un camión térmico no será reprocesado en Mar del Plata sino en Puerto Madryn. El barco tiene un compromiso para proveer materia prima a Pesquera Mar Chiquita y terminada la descarga sale hacia el sur.

Ahora se entiende por qué el apuro de descargar un sábado a las 10 de la noche y en medio de una lluvia infernal. El langostino no espera y allá las fábricas y los obreros trabajan todos los días de la semana. Saben de lo perecedero del marisco.

“Descargué allá en el sur y traje dos camiones con mil cajones para hacerlo acá y uno lo vendí a las apuradas porque donde lo reproceso no trabajaban el sábado a la tarde”, contó un armador con barcos acá que opera en Madryn.

Los armadores creen que ese es el talón de Aquiles para que el langostino pueda transformarse verdaderamente en una herramienta que genere empleo en la industria pesquera local. Que cuando llegue, sea en barco o en camión, se lo reprocese para que no pierda sus cualidades.

Ahora que los casos de Covid-19 se han tornado más frecuentes en las plantas de reproceso, ha disminuido el personal en varios frigoríficos y ese factor también genera incertidumbre a la hora de venir a descargar a Mar del Plata ya que no se tiene completa certeza de que se podrá trabajar.  Hay frigoríficos que están con más de la mitad del personal aislado cumpliendo cuarentena.

“Lo que hacen ahora es llamar por teléfono diciendo que tienen síntomas y se quedan en sus casas. Lo pasan como enfermedad y cobran un proporcional de lo trabajado en las últimas semanas”, contó una gerente de producción a este medio.

“Este marisco viaja a Puerto Madryn porque tengo un acuerdo desde hace tres años y jamás tuvimos un inconveniente; no tenemos cuota social de Chubut sino que pescamos con un permiso irrestricto”, revela Iácono.

El aguacero por momentos afloja pero es para tomar más envión. Cuesta levantar la mirada para ver como las hileras de cajones salen de las entrañas del barco y terminan sobre la planchada del semirremolque donde un par de estibadores los corre para adentro con más maña que fuerza.

El puerto de noche parece distinto; con otros colores, otros brillos y sombras. Pero el entusiasmo de la gente al poder trabajar y ganarse el pan en tiempos de vacas flacas regala un tono de esperanza, de ilusión, que se mantiene inalterable, de día y de noche; con sol brillante o la lluvia más espesa.