24/09/2020
Náufragos del Carmelo A llegaron a puerto y descansan en sus casas

Los tripulantes del costero de Pascual Demetrio arribaron a la terminal marítima anoche minutos antes de las diez y luego de ser evaluados por médico de Prefectura y constatarse su buen estado de salud, pudieron reunirse con familiares e irse a sus domicilios.

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Por Roberto Garrone Fotos Diego Izquierdo

Minutos antes de las diez de la noche el costero Pucará terminó de amarrar en la punta del muelle 10 con los ocho tripulantes del Carmelo A, sanos y salvos. El barco de Pascual Demetrio se hundió en la noche del martes a 114 millas de Bahía Blanca mientras realizaba tareas de pesca de magrú.

Guillermo Cejas (capitán), Hector Carnessalli (maquinista), Diego Scrosoppi, David Rodríguez, Jonatan Herrera, Juan Machado y Ezequiel Jorgensen (marineros) y Gustavo Luna (engrasador), fueron revisados a bordo por un médico de Prefectura quien comprobó que ninguno requería internación y dispuso el traslado a sus domicilios.

El Consorcio Portuario había desplegado el protocolo horas después de que se conociera la noticia del naufragio y psicólogos del Centro de Asistencia Psicosocial, Prevención y Seguridad (CAPPS) se habían comunicado con cada familiar de los tripulantes para contenerlos y ofrecerles el centro como sala de espera a la llegada del Pucará.

La más conmovida por la noticia fue la pareja del capitán, quien en comunicación con Mariana Kantt, le reveló que a bordo también iba uno de los hijos del oficial: Ezequiel Jorgensen. “Fue la charla más difícil y hubo que contenerla un buen rato”, confesó Claudio Cepeda, coordinador del Centro, ante este medio, mientras se hacía la hora de llegada.

En el muelle estuvo presente Aníbal Moya, jefe de la Prefectura Mar del Plata, quien fue determinante para que el capitán del Carmelo A se vaya a su casa y no tenga que ir a la sede de Prefectura a decir que no estaba en condiciones de declarar. Ese trámite se cumplirá después del mediodía de este jueves.

Algunos miembros de Prefectura también fueron determinantes para que los familiares de algunos de los tripulantes pasaran frío frente a la dependencia en lugar de concurrir al CAPPS donde los estaban aguardando.

“Me dijeron que esperemos acá afuera”, dijo la mamá de Gustavo Luna, que desconocía la existencia del CAPPS, mientras trataba de guarecerse del frío en la parada de colectivos de la esquina. Cruzando la calle la esperaban con un lugar cómodo, calefaccionado y algo caliente para tomar. Inentendible la falta de conocimiento que algunos efectivos de la Prefectura tienen de los protocolos de emergencia y asistencia a las víctimas en estos casos.

Guillermo y Damián son los hijos del maquinista. “Hace treinta y cinco años que navega y más de veinte en ese barco”, cuentan, también en la vereda de Prefectura. Tampoco conocían la existencia y los servicios del Centro de Asistencia pero prefieren esperar afuera. “No pudimos hablar con él; nos tranquilizamos cuando supimos que estaba bien”, acotan. Ninguno de los dos está vinculado a la actividad portuaria. “Venimos a traerlo o a buscarlo”, refieren.

El audio de Carnessalli en que refería que estaban contentos aunque un poco golpeados con dolores en brazos y piernas fue uno de los que primero se viralizó horas después del naufragio. “Llamó a mi tío, para avisar que estaba bien; es el único que tiene fijo y se lo acordaba”, reveló Guillermo.

Miguel es el papa de Juan Machado y fuma todavía intranquilo en las puertas del CAPPS. Prefiere seguir afuera a la espera de novedades mientras otros familiares eligen dirigirse al control de acceso del muelle 10 para tener un mayor panorama de la situación.

“Pude hablar un ratito con él, sí; están bien…”, dice luego de largar una bocanada de humo que se evapora en el aire frío de la noche. “Hace diez años que navega mi hijo. Acá en este hacía poco, creo que era el tercero o cuarto viaje que hacía a magrú”.

En el muelle las luces del Pucará iluminan y encandilan. Después de unos largos minutos comienzan a bajar los náufragos y completan algunas planillas de control tanto de Prefectura como del grupo de apoyo del CAPPS para futuras intervenciones.

“No se sabe qué pasó, una vez que estén todos revisados y se constate que estén bien, habrá tiempo para hablar”, dijo Damián Basaill. El dirigente del SOMU era otro de los que estaba en Puerto Piojo al momento de la llegada del Pucará.

En un principio se especulaba con la posibilidad de que tuvieran que ser derivados en ambulancia a algún centro asistencial. Muchos habían pasado frío desde el momento que cayeron a la balsa y podrían tener principio de hipotermia.

El Consorcio había dispuesto una ambulancia con mayor capacidad de las que usualmente usa para poder trasladar a más personas. Entre que todas las clínicas están saturadas con casos de Covid y que los tripulantes mostraron un buen ánimo y ansiedad por encontrarse con sus familias, se decidió que pudieran abandonar el puerto y dormir en sus casas.

Un día muy largo comenzaba a caminar por tierra firme.