18/02/2021
Escuchar la música del mar para salvar los delfines de las redes

Gisela Giardino, investigadora del CONICET, estudia a través de un micrófono para el mar los sonidos de mamíferos marinos para así ayudar a su conservación. En la costa bonaerense mueren entre 500 y 650 delfines franciscanas por año en las redes de la pesca costera artesanal.

Revista Puerto - Estudios para salvar delfines franciscana - 02

Como parte de la importante tarea de comunicación que lleva adelante el CONICET en Mar del Plata, se ha presentado el trabajo que realiza la bióloga e investigadora asistente Gisela Giardino, que desde 2015 se dedica al estudio de la acústica pasiva en mamíferos marinos en el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (IIMyC-CONICET, UNMDP). Con un micrófono subacuático denominado hidrófono escucha a los delfines, ballenas, lobos y demás mamíferos del ambiente acuático. Su primer objetivo es comprender por qué los delfines franciscanas (Pontoporia blainvillei) quedan atrapados en las redes de pesca, lo cual cobra una importancia aún mayor si se considera que es la especie de delfín más amenazada del Atlántico Sudoccidental, señalaron desde la institución.

“Para que tengan una idea, solo en la costa bonaerense mueren unos 500-650 delfines por año en las redes de la pesca costera artesanal. Mi línea de investigación apunta a identificar acústicamente la presencia de los delfines franciscanas, detectar la diferencia en la emisión sonora en redes con y sin captura incidental y conocer si efectivamente producen sonidos de ecolocalización que les permitieran detectar las redes de pesca, para contribuir con medidas efectivas de mitigación”, detalla la investigadora.

Estudiar a partir del monitoreo acústico pasivo tiene potencial para evaluar mejor el tamaño de la población y estructura social en la naturaleza de esta especie, dado que los individuos son de tamaño pequeño, su color es poco distinguible en el agua y realizan escasas exhibiciones aéreas, por lo que es más difícil su estudio visual. Giardino agrega: “Dentro de la misma línea de investigación también tenemos objetivos como conocer el repertorio acústico, ritmos circadianos, el contexto, la perturbación antrópica en delfines de ambientes controlados y caracterizar la emisión sonora de cetáceos en rehabilitación”.

El campo de acción de la investigadora se encuentra fuera de las oficinas. El trabajo con animales y guardado de material se realiza en la estación costera Nágera, sobre la Ruta 11 y frente al mar, camino a la vecina ciudad de Miramar. Y cuando tienen que utilizar los hidrófonos lo hacen en Chapadmalal, Claromecó, Bahía Blanca o en los oceanarios Mundo Marino y Mar del Plata Aquarium.

La bióloga explica que la acústica pasiva de cetáceos es una línea de investigación que se ha establecido en diversas partes del mundo, pero que se encuentra poco desarrollada en nuestra región y puede aportar conocimientos para explorar nuevas herramientas de mitigación para la mortalidad incidental de los cetáceos en general. Y explica: “Los mayores antecedentes se encuentran en estudios de cetáceos en Brasil y recientemente en Patagonia, por lo que su desarrollo en poblaciones del norte de Argentina aporta nuevos aportes científicos y abre interesantes posibilidades de cooperación en otros grupos faunísticos y áreas”.

Desde el CONICET destacan la pasión de Giardino por lo que hace, un trabajo sin días ni horarios, ya que debe trasladarse rápidamente ante un varamiento, por ejemplo. “Lo hermoso de mi trabajo es que no es siempre igual. ¡La verdad que lo amo, amo que me sorprenda!”, dice la bióloga nacida en la pequeña ciudad costera de Oriente, en la provincia de Buenos Aires. Se formó en la Universidad de Mar del Plata y profundizó sus conocimientos en un laboratorio de investigación en acústica en Sicilia, Italia.

“El trabajo lo llevo a cabo con un grupo maravilloso que me abrió sus puertas como pasante allá en el 2000 cuando tímidamente me presenté a una pasantía con los doctores Bastida y Rodríguez, manifestando mi pasión por este grupo taxonómico”, dice la investigadora Giardino, cuyo trabajo puede contribuir en gran medida, no solo a preservar los delfines, sino a mejorar las técnicas de pesca y contribuir a lograr certificaciones de sustentabilidad, tan importantes para ingresar a importantes mercados.