16/04/2021
Enrique “Chiquito” Godoy, su fallecimiento

No podemos salir del asombro y nos inunda una profunda tristeza. La comunidad pesquera ha perdido súbitamente no solo a un hombre del sector, un industrial naval que peleó sin descanso por reactivar la actividad en nuestro país, sino a una persona que tenía una mirada diferente de la vida y la sociedad.

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Revista Puerto

No sabemos por dónde empezar. Si reflejar el último mensaje que ayer por la noche intercambiamos, en el que nos contaba que se había contagiado covid y estaba hecho bolsa, a lo que respondimos con la seguridad de que todo iba a estar bien, dejando la consulta para unos días, cuando estuviera mejor…

O tal vez destacar su preponderancia en el sector naval, desde su faz empresarial, con TecnoPesca elevando altura y cumpliendo sus proyectos en el predio frente a Prefectura, o como dirigente sectorial, al frente de la FINA, donde lo habían reelegido hace pocas semanas.

Cualquier atajo es mejor que enfrentar la realidad. Esa que dice, inapelable, incuestionable, que ayer se murió Enrique Godoy. Quedar conmovido con la noticia, buscar otra fuente para chequearla, cotejarla con otra gente porque no, no puede ser cierto que se murió “Chiquito”.

Lo conocimos cuando dábamos nuestros primeros pasos con Revista Puerto y él tenía montado su taller en un galpón en el corazón de la Banquina de Pescadores, rodeado de motores. Con cada uno de nosotros estableció una relación personal y supimos de su vida anterior como motorista naval, su crecimiento profesional “desde abajo” y sobre su mirada social de la vida.

Tal vez por eso siempre valoró el trabajo de los demás, porque los veía como pares. Chiquito no se sentía empresario; era un laburante que no tenía reparos en engrasarse las manos dentro de un motor si la ocasión lo requería. Y cuidaba del capital humano de su empresa como solo lo hacen aquellos que lo saben su principal capital y lo valoran.

No era un hombre de discursos sino de acciones, capaz de tener actos dignos de admiración. Hacía poco había dejado el galpón de la Banquina y ya estaba en el taller de la calle Alvarado; en una de las tantas idas y vueltas del puerto al taller, se puso a conversar con los chicos del semáforo que siempre le limpiaban los vidrios y les ofreció no solo trabajo sino formarlos en un oficio. Se los llevó a trabajar con él. Ese era Chiquito.

En los últimos tiempos estaba entusiasmado de haber podido comenzar con la construcción de la nave industrial en la que proyectaba construir barcos de hasta 40 metros. Estaba en conversaciones avanzadas para empezar con el primero de 35 metros, cuyo proyecto dependía del plan de renovación en Pesca.

Había tenido que posponer los planes por la pandemia y rediseñar la estrategia empresarial, abocado a las reparaciones navales cumpliendo los protocolos sanitarios. Le preocupaban los viejos mecánicos que habían tenido que quedarse en sus casas y la falta de maestros en el taller para las nuevas generaciones.

Porque Chiquito pensaba a otra escala: prepararse para estar preparados. Y para eso destinaba buena parte de sus ingresos a la capacitación de sus trabajadores. En una de las últimas entrevistas que concedió a REVISTA PUERTO sostuvo que la clave estaba en la formación y el conocimiento como valor agregado.

Hasta siempre Chiquito, el gusto fue nuestro. Buen viaje, amigo, y gracias por todo.