20/07/2021
Anchoíta patagónica, buena, pero con gusto a poco

La flota de Rawson discontinuó capturas para la industria conservera marplatense por enfocarse en el langostino aunque el balance es positivo y mantienen la expectativa de recibir nuevos envíos al no abrirse la subárea 6 en la zona de veda permanente de merluza.

Revista Puerto - Mar del Plata - Conserva - 02
Por Roberto Garrone Fotos de archivo

La industria conservera local mira con un ojo el nivel de actividad en este primer semestre, y con el otro sigue de cerca lo que ocurre a cientos de millas al sur del puerto de Mar del Plata.

Es que hoy el acceso a la materia prima, la anchoíta patagónica que captura y desembarca la flota costera de Rawson, ha quedado supeditado casi exclusivamente al rumbo que tendrá la temporada de langostino en aguas nacionales.

“Hace dos semanas que no recibo pescado”, reconoce Alejandro Pennisi, de Natusur. “Si vuelven a armar es posible que vuelva a comprar, si no habrá que esperar por la caballa”, dice el industrial que preside la cámara que agrupa a las pocas conserveras que quedan en pie.

La posibilidad de que se abra la subárea 6 en el tablero de la pesquería de langostino, la más próxima al puerto de Rawson, había encendido todas las alarmas en la industria local porque implicaba que los que pescaban anchoíta cambiaran de arte de pesca y comenzaran a capturar el marisco.

Los que aportaron las 2500 toneladas de anchoíta, que hasta el 14 de julio se llevaban desembarcadas en Rawson, fueron los costeros Padrino, Nuevo Quequén, Fiesta, Valeria, Mirta S, José Di Bona y Vamos a Probar.

La semana pasada alguno de ellos ya estaba armado para pescar langostino en la subárea 7, a unas 125 millas del puerto.  “Si el langostino se pone a tiro de la flota, con los números que manejaban los conserveros era muy difícil que sigan pescando anchoíta. Hay una diferencia muy grande”, revela un pescador patagónico.

En Marechiare también tuvieron un intervalo en el acceso a la anchoíta hace dos semanas. Le compraban al Padrino pero fue uno de los barcos que se fue al langostino. Hasta el viernes pasado, según contó Emiliano Rosso Quesada, el gerente de la empresa, habían podido comprar al menos un camión de los dos que completa la bodega del Nuevo Quequén.

El negocio de la conserva es reducido en Mar del Plata. Los otros dos actores importantes son Marbella y Copeca, que también han trabajado estas últimas semanas con anchoíta que llega por camión desde Rawson. La Campagnola se centra principalmente en el atún que llega congelado de Ecuador y algo de caballa que pescó la flota fresquera en Mar del Plata el año pasado.

Más allá de esta expectativa que hay en Mar del Plata por ver cómo sigue la zafra del langostino, en Marechiare aseguran haber podido comprar los mismos kilos de anchoíta que el año pasado en tanto en Natusur, Pennisi revela que pudieron comprar un 50 por ciento más que en 2020, lo que permitió ocupar al personal efectivo y también al temporario.

“Hicimos sardina en lata y también volcamos algo para salado y otro poco congelamos. Ya estamos conformes con poder trabajar en un período de baja temporada para nosotros”, subrayó. Lo mismo hizo Copeca: enlató sardina y también hizo salado en Pranas, el saladero que controla la conservera. “Estuvimos pasables, gracias a Dios”, contó un trabajador de la empresa.

Cuando pase el tiempo de la patagónica, en el sector conservero local esperan tener mayores datos de la situación del stock bonaerense de anchoíta. En ese contexto y con el objetivo de avanzar en el proceso de certificación de la pesquería, desde la Cámara de Industriales del Pescado elevaron nota al CFP en que solicitaron la realización de la campaña anual sobre el recurso. Los industriales buscan más información sobre los cambios en la estructura poblacional que se ha registrado en los últimos años.