30/09/2021
Cerró un saladero y dejó a treinta y cinco obreros en la calle

En Mar del Plata la empresa Anchomar funcionó durante diez años en Ortiz de Zárate casi Bermejo. Vendió las instalaciones y los trabajadores aguardaron cinco meses para saber dónde reabriría. Ayer protestaron en la casa de los propietarios ante la falta de respuestas.

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Por Roberto Garrone Fotos Diego Izquierdo

La industria pesquera en Mar del Plata suele regalar cada tanto historias como estas en que todo resulta inverosímil.

Anchomar era una empresa dedicada al salado de anchoíta. Funcionaba en una planta ubicada en Ortiz de Zárate a pocos metros de Bermejo, en el corazón del puerto marplatense. Ahí trabajaban tres obreros registrados bajo convenio y treinta y dos precarizados en una cooperativa de la que no se sabe ni el nombre.

El emprendimiento, como el terreno donde estaba radicado, pertenecía originalmente a Di Meglio y Damián Seoane, junto a su mujer. La sociedad se separó hace unos años y el matrimonio quedó a cargo de Anchomar.

Hace un tiempo pusieron en venta el predio a través de una inmobiliaria y pronto apareció un comprador: Pascual Baldino, el armador de los congeladores Canal de Beagle y Coalsa II, entre otros buques pesqueros. La idea de Baldino es montar una gran cámara frigorífica.

Desde Anchomar licenciaron al personal con la promesa de volverlo a convocar cuando tuvieran definido el nuevo lugar donde funcionaría el saladero. Los obreros aceptaron y aguardaron sin reclamar hasta ayer, cuando un grupo acudió al domicilio de Seoane, en Carasa al 2800.

“La última vez que trabajamos fue antes de Semana Santa”, cuenta Marcela, una de las obreras ligadas al saladero. “Hacíamos descabezado, filet y envasábamos anchoíta en frascos de 1500 gramos”, especifica la trabajadora.

Después de esa fecha volvieron un par de veces a trabajar solo media jornada. En todo este tiempo el grupo se mantuvo en silencio y sin cobrar.  “Teníamos miedo de perder el trabajo y confiábamos en lo que ellos (por los Seoane) nos decían, que ya iban a decirnos dónde trasladaban el saladero”, cuenta Marcela.

Los trabajadores comprendieron que algo no funcionaba bien cuando Damián y Alejandra dejaron de contestar los mensajes. Acompañados por dirigentes del SOIP fueron a ver a Pascual Baldino quien les dijo que tampoco tenía datos porque la operación de compra del predio en Ortiz de Zárate había sido a través de una inmobiliaria.

Ayer la manifestación frente al domicilio de Seoane concluyó poco después del mediodía y tampoco pudieron dar con los empresarios para tener una respuesta. “Sabemos que viven ahí. Vamos a volver hasta que aparezcan porque no pueden jugar así con los compañeros”, revelaron en el gremio.

Al cierre de esta edición se evaluaba en el sindicato solicitar la intervención del Ministerio de Trabajo, aunque había quienes dudaban de esa alternativa. “Si no los encontramos nosotros, mucho menos los van a encontrar ellos”, aseguraban.

En Mar del Plata es posible tener un establecimiento que procesa alimentos para consumo humano sin ninguna habilitación, tener a una treintena de obreros precarizados, vender la propiedad y dejarlos en la calle y evaporarse como si fuera un truco de magia sin que ninguna autoridad pida explicaciones.