08/12/2021
“El barco se hundió un sábado y me despidieron el lunes”

Marcelo Gyorfi era marinero a bordo del costero Siempre San Salvador cuando naufragó en la noche del 31 de julio pasado. A cuatro meses del hundimiento el tripulante asegura que los dejaron tirados.

Revista Puerto - Nasufragio del BP Siempre San Salvador - Tripulante Marcelo Gyorfi - 02
Por Roberto Garrone Fotos Diego Izquierdo

Marcelo Gyorfi integraba la tripulación del costero Siempre San Salvador que en la noche del 31 de julio se hundió a 70 millas frente a San Clemente del Tuyú mientras pescaba corvina. Por suerte él y sus siete compañeros sobrevivieron a bordo de una de las balsas salvavidas.

A cuatro meses del hundimiento, el marinero contó detalles de cómo se fueron desencadenando los hechos en una noche que si bien terminó con un final feliz, todos a salvo, lo marcó para siempre y le dejó secuelas que todavía hoy padece.

Los sobrevivientes, además del marinero, fueron el capitán, Silvio Martínez, Amilcar Gallardo, jefe de Máquinas, Alejandro Vuoso, Guillermo Larraburu, Jorge Zapulla, Daniel Frías y José Luis Iavícoli.

“Veníamos pescando variado costero, pero muy mal en los últimos meses. Hacíamos dos viajes incompletos por mes que no le servían a nadie… los otros barcos nos sacaban mucha ventaja”, arranca con el contexto de la previa de ese viaje, el último para el Siempre San Salvador.

“Descubrieron un problema en la red, el pescado pasaba por arriba, por eso no podíamos pescar bien. Lo solucionaron y arreglaron para ir a la pareja a corvina con el Faro, uno de los mejores barcos de la banquina. Estábamos ilusionados en poder salir de la mala”, cuenta Marcelo frente a REVISTA PUERTO.

Sobre los motivos del naufragio –el buque dio una vuelta de campana– el marinero que había salido algunos viajes como primer pescador pero en esa marea estaba de segundo pescador, revela que “el barco se comportó de una manera extraña”.

“Estábamos en maniobra, subiendo pescado a la cubierta, toda corvina rubia de gran tamaño, unos 500 cajones bien distribuidos en toda la cubierta y el mayor peso sobre la banda de estribor. He escuchado que nos responsabilizan a los de cubierta… eso es mentira”, asegura el marinero. “500 cajones no te pueden dar vuelta un barco como este. No hubo un error ahí… Creo que fue un problema de trasbase de combustible pero a esta altura no vale la pena responsabilizar a nadie”.

Marcelo mide más de 190 centímetros y pesa 140 kilos. Sus manos enormes van afirmando sobre la mesa los recuerdos que salen de su boca. “Subimos 12 bolsas de pescado, pero no todas estaban completas. Ya teníamos 500 cajones en la bodega, eso te anima a subir un poco más porque ya tenés una base. Pero a medida que vaciábamos la red el barco se escoraba a babor. Las últimas dos bolsas las abrimos pegado a la banda de estribor y se termina de dar vuelta a babor. Veo entre la cubierta y la borda que empieza a subir agua cuando todo el peso estaba del otro lado. Me empieza a llegar el agua a los tobillos”.

A partir de ahí la emergencia no era ya tratar de mantener al buque a flote sino sobrevivir en el medio del mar. “Las balsas no se abrieron –confiesa el marinero–, Una debió quedar atrapada en el barco o estaba atada… La otra la tuvimos que violentar para que se abra. Hice fuerza para poder liberar la válvula hidrostática, que estaba puesta sobre un tensor de acero. El capitán comenzó a tirar de un cabito que tiene como 30 metros y logró activar los botellones de aire y se disparó”.

Gyorfi revela que él y otros cuatro compañeros (el Capitán, Vuoso, Larraburu y Sapulla) lograron subir a la balsa. Los otros tres saltaron del barco y nadaron hasta el Faro. Que todos lo hicieron sin salvavidas ni trajes de inmersión. Que fue una bendición que todos estuviesen en cubierta porque si alguno hubiese estado trabajando en la bodega, hoy estarían lamentando su pérdida. Que el techo de la balsa nunca se abrió por lo que nunca pudieron encontrar los remos para poder alejarse del barco que se hundía.

Marcelo y el resto comenzaron a remar a mano pero no pudieron alejarse mucho. “El plumín del barco engancha la balsa y nos hunde”, revela el marinero. “Yo estaba completamente seco y de pronto estoy abajo del agua… No sé cuánto tiempo pasó pero veo los reflectores del Siempre San Salvador… Fue un shock… Logro salir a flote y estaba solo en medio del mar…Hoy me acuerdo y siento que me falta el aire… Fue una de las peores sensaciones de mi vida”, confiesa.

Pero otro milagro acababa de consumarse… La balsa se libera del plumín y vuelve a emerger a pocos metros… “Me agarro de la balsa y comienzo a darme aliento para poder salir del agua. En el agua la balsa es alta… Me agarré de una cinta de seguridad e hice toda la fuerza que jamás había hecho para pasar del otro lado”. Ese movimiento le dejó a Gyorfi un desgarró en la ingle, otro en el abdomen y una luxación de hombro.

Después del naufragio, el despido

Lo que Marcelo no sabía era que ya en tierra firme, lejos de estar seguros, comenzaba otra aventura.

“Naufragamos un sábado a la noche, 31 de julio. Llegamos al día siguiente después del mediodía al puerto y el lunes me mandaron el telegrama de despido. Porque estaba como eventual, a prueba y se cumplían los 3 meses… Así se comportan… Para ellos no valemos nada. No le avisaron a nadie del hundimiento. Mi vieja se enteró por mi hermana que supo por redes sociales. Cuando llegamos a algunos compañeros los llevó la Prefectura a sus casas porque no fueron capaces ni de pagarles un remís”, cuenta Gyorfi.

La empresa armadora del Siempre San Salvador es Lourdes Mar, propiedad de Quique Di Constanzo, el presidente de la Asociación de Embarcaciones de Pesca Costera. Consultadas fuentes de la empresa, aseguraron que Gyorfi firmó el acuerdo por la indemnización el cual se encuentra homologado. Gyorfi reconoció que no estaba en litigio con Lourdes Mar.

“Me faltaba un día para quedar efectivo en la empresa. Al resto los fueron despidiendo también. Pasaron más de 120 días del naufragio y solo cobré 80 mil pesos. Yo tenía entre 150 y 200 mil pesos en efectos personales. La empresa nos estafó, dicen que el seguro que tenían por ese concepto nos dan el mínimo vital y móvil… 28 mil pesos… No me compro ni las botas con esa plata. Ellos son millonarios pero para vos te sacan un seguro de mierda”, dice indignado.

El barco, que quedó hundido a 35 metros de profundidad, tenía el certificado vigente y era la séptima marea que realizaba luego de haber sido puesto en valor en un astillero de Necochea. El mes pasado el marinero denunció la situación vivida y el abandono posterior en un posteo de Facebook.

A partir de ahí se le acercaron referentes sindicales del SOMU y del SIMAPE, y un grupo de compañeros juntó alimentos para ayudarlo. “No volví a navegar y no creo que vuelva. En la ART también nos dejaron tirados. Es un negocio a favor de las empresas. Me dieron el alta al mes cuando sigo teniendo problemas para dormir y arrastro las lesiones que me dejó el naufragio”.

No son las únicas quejas a la ART. “Supuestamente arreglaron los recibos de sueldo para que cobremos 80 mil pesos por mes mientras estemos en la ART, cosa que no pasó porque me pagaron 55 mil pesos por una luxación en el hombro izquierdo, desgarro en la ingle izquierda, desgarro dorsal derecho, posible fisura en canilla de la pierna derecha”, especifica el marinero.

Marcelo se refirió a la necesidad imperiosa de contar con apoyo psicológico “urgente”. “No puede ser que la ART no te quiera dar asistencia psicológica pero recomiende que consultes a un psicólogo en tu obra social. Siempre con malos tratos y denigrando a los trabajadores. Nosotros salimos a trabajar, no a hundir el barco… Nos sentimos olvidados y abandonados y encima pasando hambre y tapados de deudas. Siento que todos fuimos abandonados”, remarcó.