10/12/2021
Hay anchoíta y caballa, lo que faltan son barcos que las pesquen

Claudio Buratti, David Garciarena y Paula Orlando, integrantes del Programa Pesquerías de Peces Pelágicos del INIDEP, analizaron una temporada singular para esas especies. Mayor presencia de ejemplares adultos en las capturas de anchoíta.

Revista Puerto - INIDEP - Integrantes del programa de Pesqueria de Peces Pelagicos - 02
Por Roberto Garrone Fotos Diego Izquierdo

Investigadores del Programa Pesquerías de Peces Pelágicos del INIDEP analizaron la temporada 2021 para la anchoíta y la caballa, especies que centraron por distintos motivos la atención en la segunda parte del año de armadores e industriales conserveros.

Claudio Buratti, jefe del Programa, junto con Paula Orlando y David Garciarena, recibieron a este medio en su ámbito de trabajo, con una reseña de la campaña de investigación que completó el buque Víctor Angelescu en octubre pasado.

“A diferencia de 2019, el último año en que habíamos realizado la campaña sobre el stock bonaerense, este año advertimos una mayor presencia de ejemplares adultos en relación a 2019, cuando mayoritariamente eran ejemplares juveniles”, subrayó Buratti.

La campaña comenzó en la zona fluvial y desde ahí fue bajando hacia el sur. El mapa que integra el ayudamemoria del investigador resalta un círculo negro. “Las mayores concentraciones las observamos al norte del puerto de Mar del Plata, a la altura de Camet, Santa Clara”, especifica.

“En ese momento escuchamos algunas quejas de algunos armadores que habían salido para el sur de Mar del Plata y no la encontraban. El pescado estaba para el otro lado y de un muy buen tamaño, de 35 a 40 piezas por kilo, pero hubo muy pocos barcos que fueron a pescarla; creo que tres o cuatro. Este año la anchoíta se desaprovechó bastante”, cuenta David Garciarena.

El contexto de la apatía de los barcos por ir a pescar esa anchoíta a pocas millas del puerto, se explica por la abundante captura de anchoíta durante la temporada el invierno de la flota costera de Rawson, que completó los stocks de las fábricas conserveras de Mar del Plata.

“El recurso está, lo que faltan son barcos para pescarlo”, sostiene Buratti, que entiende que las capturas de especies pelágicas dependen de factores dinámicos que excluyen a la abundancia de los recursos y tienen que ver con la duración de la zafra de langostino o la demanda de las conserveras.

“Mientras el langostino concentre un mayor interés por razones de rentabilidad, los barcos irán a otras especies cuando puedan. Este año la zafra se prolongó un tiempo más y cuando terminó hubo barcos que tenían que pescar merluza por su cuota. Por eso hubo menos atención a las especies pelágicas”, remarca Buratti.

En la reunión de la Comisión de Seguimiento, realizada la semana pasada, uno de los puntos analizados fue la posibilidad de que la flota langostinera, que operó al norte del 41° S en el mismo momento en que se iniciaba la zafra de caballa, haya contribuido a que el recurso se disperse.

“Sí, lo plantearon desde UDIPA, pero creemos que si bien es la primera vez que operan en esa zona a esa altura del año, es difícil demostrar que el efecto del arrastre de la flota tangonera haya provocado la dispersión de la caballa”, sostiene Paula Orlando.

“De permanecer esas condiciones vamos a pedir que haya una mayor cobertura de Observadores”, dice Buratti. El investigador revela que durante la campaña de anchoíta llegaron a la zona de El Rincón, “vimos marcas de caballa; los cardúmenes son fáciles de identificar. Mirando la ecosonda podés identificarlas. También la habían visto en septiembre, en la campaña de langostino que hizo el buque Mar Argentino en esa misma zona, nos mandaron fotos de las marcas. Es decir, la caballa estaba… tiene que haber interés en ir a buscarla”.

“La cantidad de barcos y los viajes de pesca disminuyeron en relación al año pasado. El barco Pucará siempre pesca pelágicas y este año no participó. El Don Nicola tampoco, o los que fueron estuvieron menos tiempo”, dice Orlando. “La cantidad de barcos no es un dato significativo sino la cantidad de viajes que hace cada uno. Y este año fueron muy pocos”, reveló.

Los investigadores también derribaron otra de las hipótesis que habían planteado los armadores de UDIPA durante la reunión de la Comisión: que el San Andrés Apóstol, un barco de grandes dimensiones, había provocado que el recurso se mostrara más veloz.

“Sí, lo escuchamos y le dije que no coincidía con esa idea. Acá sí tenemos más evidencias al menos… El San Andrés es un barco de 50 metros. En los años 90 recuerdo que hubo tres barcos de Galapesca, Esturión, Poseidón y Mar Salvaje, median 100 metros de eslora y descargaban en San Antonio pero pescaban en la misma zona de El Rincón”, subraya Buratti.

“Hubo años en que se pescaron más de 20 mil toneladas con una flota no mayor en tamaño, pero sí en cantidad operando sobre el recurso y se alcanzó esa cifra”, aporta Garciarena.

Los investigadores aseguran que será clave seguir monitoreando la evolución del estado de ambos recursos en las próximas campañas de investigación, al tiempo que anticiparon que habrá una de caballa el año próximo.