23/06/2022
Se capacitan en procesamiento de pescado

En la Escuela de Pesca se desarrolla el curso que busca formar trabajadores de mandos medios para la industria pesquera. Etapa final con contenidos prácticos y el fileteo de pescadilla.

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Por Roberto Garrone Fotos Diego Izquierdo

Hace casi un año el Consorcio Portuario presentaba en sociedad la primera “Planta-Escuela” que proyectaba a partir del segundo semestre de 2021 formar mano de obra calificada en procesamiento de pescado para la industria pesquera local.

Por ahora ya hay un predio seleccionado en la zona fabril y avanzan en la compra de los elementos indispensables para su instalación y puesta en marcha, que según aseguran fuentes del propio Consorcio, será pronto.

Pero el embrión de esta iniciativa ambiciosa que pretende transformar unos 200 alumnos en posibles trabajadores calificados en una planta escuela con capacidad para reprocesar 58 mil kilos de pescado por semana, generar 30 mil kilos de filet para distribuir en comedores comunitarios donde asisten 41.500 chicos, la encontramos en un aula de la Escuela Nacional de Pesca.

Ahí funciona el curso de Reproceso de Pescados, una iniciativa educativa, de acceso libre y gratuito, contenida en las actividades que realiza el Centro de Formación Profesional Nº 418 y el Centro de Estudios Portuarios.

A tres semanas de terminar el curso de dos cuatrimestres, los estudiantes se encontraron por primera vez con un volumen importante de materia prima para reprocesar. El curso lo arrancaron veinte personas, pero a esta altura la matricula se desgranó y quedaron quince, según explicó Nazarena Pérez Farías, la secretaria del CFP. Aunque este martes, cuando REVISTA PUERTO asistió para ver el desarrollo de la actividad apenas eran diez los que vestían de guardapolvo blanco, tenían guantes, portaban cuchillo y se habían puesto la “uña” para proteger el dedo del filo.

Los dos cajones de pescadilla los donó al Asociación de Embarcaciones de Pesca Costera para que los alumnos puedan practicar los distintos cortes. Los filetes obtenidos durante la práctica terminaron en la casa de cada uno de los alumnos, quienes cursan lunes y martes de 14 a 16:30. Así como el pescado lo aportan los barcos costeros, los elementos de trabajo fueron donados por Ardapez.

Además de Nazarena nos espera Soledad Pérez Farías, su hermana y directora del Centro de Formación, junto con el docente, Sebastián Piay, Técnico de Alimentos que trabaja en el área de Control de Calidad en Coomarpes.

“Vamos a tratar de conseguir langostino para que también sepan cómo es el reproceso”, dice Sebastián, mientras vigila el corte de una de las alumnas. “La idea no es formar fileteros, pero igual deben saber cómo se hacen los cortes porque si controlás algo tenés que saber hacerlo”, explica y cuenta que en estos meses pudieron ver una clasificación de los peces del Mar Argentino.

Cuando llegamos al aula-planta, ya hacía un rato largo que el grupo estaba intentando convertir en dos filetes las pescadillas enteras. Los más rápidos y prolijos tienen más de dos kilos de filet a un lado. Los residuos se colocan en una bolsa negra de consorcio ubicada en el centro de la mesa. “Varía el rendimiento según sea con o sin piel”, les dice Piay.

Julia, una de las alumnas, confiesa que le cuesta mucho cortar y su filet es un fiel reflejo de lo que dice. Trabaja en la industria, pero en el sector de la limpieza. “No quiero ser filetera, sino trabajar en el área de control de calidad”, revela.

Del otro lado de la mesa está Marta. Cuenta que es envasadora en la fábrica “Pesca Argentina” y toma el curso para ver si puede ser filetera. “Hay que tomarle la mano… para hacerlo más rápido. Ellos ganan más”.

Un filetero profesional corta unos 70 kilos de pescadilla por hora, revela el Profesor y sus palabras generan un desmoronamiento masivo en el alumnado. “Ni todos nosotros en este rato sumamos esos kilos”, dice uno de los dos alumnos varones del curso. Cuenta que llegó hasta la Escuela de Pesca luego de instalar un sistema de frío en una pesquera y le surgió la idea de instalar una planta. “Soy pescador deportivo, me sirve también para filetear el pescado”, revela.

En el mismo salón, a un costado de las mesas de corte, los alumnos disponen de los aparatos de laboratorio donde aprendieron a hacer análisis y tomar muestras, procedimientos indispensables para poder trabajar en el área de control de calidad. “Como complemento a su formación, el Consorcio les brindó el curso de Manipulación de Alimentos”, dice la Secretaria.

El curso termina en tres semanas y las docentes del CFP aseguran que ya hay empresas que han pedido los datos de los futuros egresados. “Ardapez, puntualmente, evalúa alternativas para sumar personal. Los alumnos salen formados en control de calidad y producción. Pueden desempeñarse en esos grupos ocupacionales, mandos medios, como requiere la industria”, agrega.

“Toda la oferta educativa del centro nace de las demandas del sector. Para diagramar los contenidos de este curso en particular hemos mantenido reuniones con CaIPA y CEPA. La industria creo que necesita ese nivel de formación y por eso en este curso nos enfocamos en toda la trazabilidad del pescado. El curso es un primer paso, un disparador que puede generar empleo, pero también la chance de seguir estudiando en un nivel superior”, asegura Soledad.

Algunas pescadillas todavía quedan en el cajón. Los alumnos siguen concentrados cortando el lomo gris opaco, ya sin escamas, con el cuidado de un cirujano. Algunos más prolijos y cuidadosos que otros, a todos los invade esa misma hermosa sensación de satisfacción, la de haberse superado a sí mismos.