05/09/2022
“Este año vamos a tener que calcular cuánto tiraron”

Lo anunció la jefa del Programa Langostino del INIDEP. Ante la magnitud de los descartes se incorporará esta variable en la evaluación para arribar a una cifra más real de captura. En la pesquería se observan dos modelos de empresas, las que operan de forma responsable y las que mantienen malas prácticas atentando contra la inocuidad y la sustentabilidad.

Revista Puerto - Langostino - Malas practicas
Por Karina Fernández

De la entrevista que realizamos a los investigadores del INIDEP el dato más destacable es el cambio que se deberá introducir en la evaluación, incorporando el descarte para estimar la captura real en la pesquería de langostino. Esto habla de un escenario de descontrol en altamar que genera además de un aumento del esfuerzo pesquero innecesario, una situación desleal entre las empresas que explotan cuidadosamente el recurso y quienes no, como bien señalaron los biólogos. El problema se da entre algunos barcos congeladores y un grupo numeroso de barcos fresqueros que si bien van mejorando todavía se encuentran lejos de cumplir con las requeridas condiciones de sustentabilidad, calidad e inocuidad, variables íntimamente ligadas en la explotación del recurso.

Cuando en 2005 la pesquería comenzó a ordenarse, las buenas prácticas fueron el signo distintivo de la flota tangonera; lances cortos, adecuado procesamiento y cierre de las zonas de cría dieron por resultado un aumento constante de la biomasa. El gran crecimiento del recurso animó la incorporación de más barcos a la pesquería.

El ingreso de buques comenzó en 2012 y siguió creciendo a través de reformulaciones que cada vez requerían cumplir con menos requisitos. Así se pasó de 90 buques a 203 en esta última temporada. El estrato de flota que se incorporó fue casi exclusivamente el fresquero, una flota multipropósito con poca o nula experiencia en esta pesquería, acostumbrada históricamente a una operatoria en base a volumen de poca calidad.

Arrastrar por más de una hora, levantar las bolsas llenas aplastando el recurso y atorando el procesamiento o embalaje era una práctica que también existía cuando los barcos eran pocos y de pesca específica, pero se trataba de casos aislados. Luego, con el crecimiento de la flota, aumentaron también la cantidad de casos de malos manejos.

Cuando la flota fresquera desembarcó en la pesquería, no abandonó su método de captura y comenzó a engrosar el número de barcos con prácticas pesqueras irresponsables. Se dio la particularidad, además, de que, por contagio o competencia, algunos congeladores comenzaron a actuar de la misma manera.

Las consecuencias del aumento del número de buques y las prácticas irresponsables comenzaron a tener su correlato en la calidad del producto y en la sustentabilidad de recurso. El año pasado el tratamiento inadecuado del langostino y el alto descarte en planta fue tema central y luego se supo además que, la biomasa de marzo del 2017 a marzo de 2022 se había reducido en un 27%, lo que llevó a los biólogos a prender una luz de alerta.

El propio sector fresquero se hizo cargo del reclamo y a fines de 2021 ALFA realizó un seminario sobre buenas prácticas, en el que aprendimos hasta qué punto la calidad y la inocuidad están íntimamente ligadas al uso sustentable del recurso. Tratar el langostino como una mercancía y no como un alimento es un mal negocio para el país, tanto desde lo comercial como desde lo biológico.

Este año, tanto fresqueros como congeladores han llegado a puerto cumpliendo con uno de los requerimientos de buenas prácticas, el peso de 17 kilos establecido como límite en los cajones. Pero lamentablemente en alta mar las prácticas irresponsables no cesaron, al menos en una parte importante de la flota.

El escenario en la pesquería de langostino en la Argentina, en este momento, está compuesto por dos modelos: uno conformado por empresas con barcos congeladores históricos que cuidan el recurso en la captura y el procesamiento, que solo en casos puntuales puede superar las 14 toneladas diarias y empresas fresqueras que han invertido en sus barcos y capacitado a su tripulación para dar un excelente tratamiento al recurso.

El otro modelo está compuesto por un número importante de barcos fresqueros que aún tienen mucho por mejorar en las formas de trabajo a bordo que se requieren para explotar de forma sustentable y con garantías de inocuidad al langostino. En este modelo también se debe incluir a un grupo de empresas con barcos congeladores que comenzaron a pescar con la misma modalidad y llegan a procesar 30 toneladas diarias de langostino, lo que denota un tratamiento menos cuidadoso del recurso.

Las diferencias entre un modelo y otro saltan a la vista cuando se puede observar la operatoria del buque. En los videos que presentamos de dos barcos fresqueros, se puede ver cómo en uno se levanta la bolsa cargada al máximo que seguramente procede de un lance más largo de lo recomendable; y en el otro se sube a bordo una bolsa mucho más pequeña, con pocos kilos y mejor tratado desde el inicio de la maniobra (video 1). Las diferencias marcan claramente una calidad muy distinta entre ambas operatorias.

Video 1. Lance hecho en el Espartano, barco construido con el langostino como especie objetivo.

En uno de los casos todo el pescado es amontonado en cubierta, pisoteado y paleado al pozo, incluso puede quedar mucho tiempo en cubierta al aire libre (video 3). En el otro, la acotada captura se descarga directamente en un conducto que transporta el langostino en cinta hacia una bacha donde es sulfitado en un medio acuático (video 2), siguiendo el mejor ejemplo de buenas prácticas pesqueras.

Video 2. El langostino cae de la cubierta a la cinta, se lava y se encajona cuidando el producto y las condiciones laborales.

Video 3. Todo lo que se debía cambiar a bordo de un langostinero para mejorar el producto, su aprovechamiento y las condiciones laborales.

Los investigadores cuentan que hay fresqueros que hacen 76 mil kilos por día y que hubo casos de hasta 90 mil kilos en un fresquero mediano. “Es difícil imaginar que 90 o 76 toneladas puedan llegar de manera correcta a puerto y no se produzca el famoso descarte en tierra. Quizás lo logran, pero parece muy difícil”, señaló la jefa del Programa Langostino del INIDEP, Paula Moriondo Danovaro en la entrevista que le realizamos la semana pasada.

Es decir que además del descarte en altamar por imposibilidad de encajonar o procesar todo lo que se sube a bordo, se podría sumar la continuidad del tratamiento del langostino como una mercancía y no como un alimento, lo que redunda en el incumplimiento de la ley en el mayor aprovechamiento del recurso.

En el seminario organizado por la asociación de fresqueros langostineros marplatenses, quedó claro que las fotos de tripulantes haciendo angelitos en la montaña de langostino era una imagen que se debía erradicar, pero ese cambio cultural tan necesario del que se habló es aún incipiente y no logra materializarse en la totalidad de la flota.

Este año, a diferencia del anterior, en los muelles patagónicos se ha visto un mejor tratamiento del pescado al momento de encajonar, se comenzó a respetar el peso máximo del cajón y eso contribuye a mejorar la calidad, pero todavía queda mucho por hacer, dado que las malas prácticas a bordo se mantienen.

El modelo de flota multipropósito tiene el desafío de ir mejorando sus embarcaciones y continuar con las capacitaciones de la tripulación para lograr los objetivos de calidad, inocuidad y sustentabilidad requeridos. Las buenas prácticas no solo garantizan un producto de calidad sino el sostenimiento de las capturas en el futuro.