13/09/2022
Península Valdés: Patrimonio de la Humanidad convertido en “basurero de la pesca”

El resultado de malas prácticas a bordo de barcos que operan con cajones de langostino es una situación que se repite, no hay control, ni se aplican sanciones y reabre un debate sobre una vergonzosa materia pendiente que tiene el sector. Quién responde por el impacto ambiental de la pesca en la costa chubutense.

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Por Nelson Saldivia

“Un desecho plástico por su densidad y estructura química con la que fue construido puede permanecer en el ambiente hasta mil años”. La categórica afirmación pertenece a un científico investigador del CONICET, al graficar los efectos nocivos que dicho material provoca en el ambiente.

La industria pesquera argentina no esconde la mugre bajo la alfombra, sino que la arroja al mar, y una parte, solo una parte, llega a las costas provocando un nivel de contaminación aún no dimensionado en toda su magnitud, ni existen, lamentablemente, planes integrales de parte del Estado para su mitigación y remediación.

Evaluaciones de organizaciones ambientalistas no gubernamentales estiman que hay, solo en la costa de Península Valdés, entre 22.000 y 25.000 cajones de pesca diseminados en las playas. Sí, solo hay estimaciones, porque no hay estudios diagnósticos oficiales ni de parte de la Provincia de Chubut, ni de la cartera ambiental nacional.

Ni controles, ni sanciones

La falta de presencia del Estado se observa también en el origen del problema. No hay controles, ni se han podido aplicar sanciones correctivas a las flotas pesqueras fresqueras que operan con cajones de plástico para el estibaje y almacenamiento de sus capturas.

Las malas prácticas a bordo de los buques pesqueros, una falta de conciencia ambiental y la carencia de un compromiso real de las empresas en corregir esas situaciones han hecho que, las caídas fortuitas de cajones en condiciones propias de la navegación, o peor aún, el voluntario desecho al mar de baldes vacíos de sulfito, conservante de langostino, se transformen en prácticas habituales.

Un debate pendiente

Hubo débiles amagues de aplicar sanciones a empresas cuyos nombres figuran en las inscripciones de los cajones que aparecen en la costa, pero sabido es que a bordo de los fresqueros van cajones no siempre con las siglas de la firma a la que pertenecen o la planta a quien le venden el pescado. Es difícil determinar la trazabilidad del cajón que termina en la arena costera y por consiguiente certificar una falta administrativa que conlleve la aplicación de una medida punitiva.

Estos habituales cajones negros de 66 y 44,5 centímetros, apilables, reforzados y de gran resistencia que utilizan las flotas fresqueras, tanto como la artesanal, barcos amarillos y los colorados de altura, se han transformado en una problemática inocultable, que exige un profundo y sincero debate hacia adentro del sector pesquero. Se trata de un pasivo ambiental del que nadie hoy se hace cargo.

Daños por siglos

Morro Nuevo es un sector ubicado en el extremo sur de Península Valdés donde habitan colonias de elefantes marinos, cerca de la boca del Golfo Nuevo, y donde se ha detectado la presencia de gran cantidad de este material plástico, y se contabilizan por miles.

Pero el hallazgo no se da solamente en estos sectores agrestes de difícil acceso vía terrestre, sino que también las céntricas playas de Puerto Madryn han sido regadas de cajones, y desechos provenientes de barcos pesqueros. Además, no es propio de Península Valdés, al sur y norte de Rawson igualmente aparecen estos rastros de la, cuanto menos, imprudente práctica a bordo de los pesqueros.

“El problema con los plásticos es que se convierten en fragmentos más pequeños y los animales los confunden con alimentos. Esto los puede intoxicar y dar una falsa noción de saciedad”, aseguró en declaraciones a TN, el doctor en biología e investigador del CONICET, Rodrigo Hernández Moresino.

“Un desecho plástico por su densidad y estructura química con la que fue construido puede permanecer en el ambiente hasta mil años”, sintetizó al dar cuenta del daño que estas malas prácticas implican.

Visibilización

En los últimos días, la diputada nacional Graciela Camaño difundió en sus redes sociales un video que exhibe esta situación, y formuló un reclamo a la cartera nacional de Ambiente que conduce Juan Cabandié y la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca que tiene a su cargo Juan José Bahillo, como así también al gobernador de Chubut, Mariano Arcioni, recomendándoles: “¿Y si hacen algo?”.

El tema no es nuevo. La visibilización de la problemática debiera contribuir a la construcción colectiva de soluciones de corto, mediano y largo plazo.

Desde REVISTA PUERTO hemos contado la situación que viene de arrastre desde hace años. Los pasivos pesqueros y la falta de conciencia ambiental, Hallan cuatro mil cajones de pesca en Península Valdés, Denuncian a pesqueras por aparición de cajones en las playas, entre otras publicaciones.

El tiempo transcurre y la reflexión es la misma. Un santuario natural convertido en un vergonzoso basural de la pesca.

Imperdonable.