28/09/2022
Vino de Entre Ríos a buscar embarque, lo robaron y durmió en la Escollera Norte

Braian Soria es un marinero que todavía no pudo estrenar la libreta de embarque. Lo robaron en la pensión a la que había llegado desde Colón. Tiene 29 años y pide una oportunidad de trabajo. El SOMU lo alojó en su hotel.

Revista Puerto - Mar del Plata - Marinero Braian Soria - 02
Por Roberto Garrone Fotos Diego Izquierdo

La historia de Braian Soria se repite en cientos de marineros oriundos de las provincias del litoral que llegan a Mar del Plata, el principal puerto pesquero del país, con una mezcla de esperanza y necesidad imperiosa de trabajar para darle sentido a esa libreta que los califica como hombres de mar; de poder conseguir un embarque, un lugar en los cientos de barcos pesqueros que amarran en los muelles.

Pero la historia de Braian tiene algunas aristas singulares que revisten ese objetivo primario de conseguir viaje en algo mucho más cuesta arriba. Soria es de Colón, Entre Ríos, tiene 29 años y la última vez que comió algo fue hace casi dos días. Los tripulantes del Verdel repartieron comida entre los que, como él, pateaban el muelle en búsqueda de embarque.

“A los dos días de haber llegado a la pensión donde me alojé, una noche uno de los pibes que estaba alojado comenzó a romper todo. Estaban siempre de joda, tomando, drogándose y como que se volvió loco y rompió el baño”, cuenta Braian.

La pensión queda en el barrio puerto. Soria prefiere no dar la dirección por temor a represalias. Su dueña no quiso devolverle el dinero que había pagado más allá de su insistencia para poder irse a otro lugar.

“Yo solo quería un lugar donde poder bañarme, comer y descansar hasta el otro día en que volvía a salir a patear el muelle. Ahí no había nada, ni heladera, cocina, baño, es inhumano vivir ahí. Más que una pensión es un aguantadero”, dice parado en la vereda frente al SOMU, sobre la avenida Edison.

El reclamo insistente generó cierto malestar en la propietaria y en el resto de los inquilinos. “Yo les dije que no quería nada más de lo que era mío para irme a otro lado. Que yo no venía a drogarme, a estar de joda, ni a robar; que había venido a trabajar para intentar salir adelante porque allá en mi pueblo no tengo nada y tampoco tengo nada acá”, dice Soria con la característica tonada entrerriana.

Hace una semana se produjo un hecho que terminó dejándolo en la calle. Otra madrugada en que intentaba descansar mientras el resto vivía de fiesta. “Si bien dormía solo, era un cuarto grande separado por cortinas… ellos estaban ahí cerca. Me ponía tapones para tratar de no escuchar, pero era imposible. En un momento me doy vuelta porque creí escuchar pasos al lado de la cama y siento algo de metal en el cuello y alguien que me toma la cabeza desde atrás y otros que me sujetan los pies”, detalla Braian.

Esa noche el pensionista se quedó sin un peso y con pocas pertenencias. Le robaron todo. “Solo les pedí que no me lastimaran, que venía a buscar trabajo como creía que estaban ellos; no molesto, no fumo, no tomo, no me drogo… solo quiero progresar y lo único que quería era un lugar donde poder estar…”, cuenta Braian y se apura en quitarse los lentes para que las lágrimas no corran por sus mejillas. Vuelve a sentir la impotencia que sintió aquella madrugada, solo, amenazado y robado en ese cuarto en penumbras.

Braian no se rindió. Dejó el lugar, pidió un salvavidas a sus padres jubilados que le mandaron algo de dinero y siguió caminando el muelle en busca de un viaje. Puerto Piojo, Deyacobbi, Muelle 2, debajo de la galería de los silos… Escollera Norte. La respuesta siempre fue la misma…

“Es la primera vez que vengo a Mar del Plata. Me recibí en el 2018, nunca he salido embarcado… Luego estudié y trabajé de otra cosa, pero siempre me gustó. Hice el curso de marinero, el de auxiliar de máquinas y el de cocinero… todos en la Prefectura de Colón”, dice Braian, quien pide una oportunidad para dar ese primer paso. “Veo que hay lugar para los relevos, pero piden experiencia… y cómo voy a tener experiencia si nadie me da el primer trabajo”, acota con sentido común.

Además de hambriento, Braian luce cansado. Hace dos noches que duerme a la intemperie, en un recoveco del complejo gastronómico al pie de la Escollera Norte. Lo que quedó de sus pertenencias, se las dejó a un conocido. Anda con una mochila de acá para allá.

Caminando llegó a la sede del SOMU a buscar ayuda. No es afiliado, pero ahí le dieron una mano y lo alojaron en su hotel de la calle Falucho. “Les conté lo que me había pasado, me escucharon y pudieron darme una mano. Siempre estaré agradecido”, asegura Braian. Su voz ahora tiene un tono de alivio, de quien sabe que podrá bañarse y dormir sobre un colchón.

En el gremio están tratando de conseguirle una guardia al menos, como para tener un lugar donde dormir y marcar el bautismo de la libreta de embarque. “Quiero una oportunidad para poder trabajar. A pesar de todo, mi idea es quedarme, poder hacer lo que me gusta. Así como hay gente mala también hay gente buena y sé que voy a salir adelante”, se despide Braian y enfila para el hotel.