07/05/2024
Basura marina, plásticos y la actividad pesquera

Tras la publicación del pedido de derogación o aplazamiento de la obligatoriedad del marcado de redes en arrastreros realizado por ALFA, la Directora de Planificación Pesquera envió a este medio un artículo de su autoría explicando el proceso de decisión y sus implicancias.

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Desde CAPEAR ALFA solicitaron al Subsecretario de Pesca y al Consejo Federal Pesquero la derogación y/o aplazamiento de la Disposición 04/23 por considerar que generará perjuicios evitables y  más burocracia. Ante la publicación de la noticia en este medio, la directora de Planificación Pesquera, Gabriela Navarro, que ha colaborado con la Dirección Nacional de Coordinación y Fiscalización Pesquera en el proceso que llevó a establecer dicha medida, consideró pertinente dar a conocer las instancias que se fueron desarrollando para llegar a esa decisión.

“La contaminación por plásticos a nivel global no es un fenómeno novedoso, lleva décadas de aumento sostenido y ha alcanzado niveles alarmantes en diversos lugares del planeta. La consecuencia más preocupante para el sector pesquero es que estos residuos son transportados por los ríos y se terminan depositando en mares y océanos, alterando los ecosistemas de los que depende su medio de vida, y amenazando la producción mundial de alimentos.

“Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) «A pesar de los esfuerzos actuales, se estima que a la fecha existen entre 75 y 199 millones de toneladas de plástico en nuestros océanos. A menos que cambiemos la manera en que producimos, usamos y eliminamos el plástico, la cantidad de desechos plásticos que ingresan a los ecosistemas acuáticos podría casi triplicarse de entre 9 a 14 millones de toneladas por año en 2016 a un estimado de 23 a 37 millones de toneladas por año de hoy a 2040.» (https://www.unep.org/interactives/beat-plastic-pollution/?lang=ES).

“Como es sabido, la problemática es compleja, se está investigando en todo el mundo, y tiene muchos abordajes posibles, pero lo que es innegable es que todos debemos tomar acciones a nivel personal, comunitario, sectorial, gubernamental, e internacional.

“A la pesca se le exige que se desarrolle de manera sustentable, con el menor impacto ambiental posible, y por lo tanto, la industria pesquera tiene el derecho y la responsabilidad de reclamar la protección del ambiente marino, cuya contaminación proviene en alrededor de un 80% de residuos generados por actividades terrestres. Pero ese reclamo, debe estar respaldado por acciones que evidencien el cuidado de ese espacio por parte de quienes tienen su vida y su futuro ligado al mar”.

La funcionaria hace saber que, del 23 al 29 de abril pasado, se realizó en Ottawa, Canadá, la Cuarta Sesión del Comité de Negociación Intergubernamental (INC-4) que se encuentra desarrollando un instrumento internacional legalmente vinculante sobre contaminación plástica, que incluye el ambiente marino.

“En esa reunión, se han presentado varias propuestas de acciones a tomar por los países miembros, entre las cuales se espera que se tomen medidas efectivas para “prevenir, reducir y eliminar los artes de pesca y acuicultura abandonados, perdidos o descartados de otro modo, tomando en cuenta las reglas, estándares y prácticas y procedimientos recomendados internacionalmente”. Para ello se requerirá la elaboración de un Plan Nacional que deberá considerar la mejora de los artes de pesca, a fin de reducir la toxicidad, aumentar su reutilización, reparabilidad y renovabilidad, a lo largo de toda su vida útil.

“Se propone también la promoción de la educación, capacitación y desarrollo de capacidades sobre mejores prácticas y métodos de reducción del riesgo ambiental, la implementación de un marcado efectivo de las artes de pesca, la facilitación de la gestión ambiental de las mismas coordinando acciones en los puertos pesqueros, incentivando la recuperación de artes perdidos o abandonados. Finalmente, el grupo latinoamericano, ha propuesto también la posibilidad de transferencias de tecnologías y la movilización de recursos financieros para los países en desarrollo, con especial atención en los pequeños estados insulares.

“Este nuevo instrumento quedará integrado al marco normativo que se encuentre vigente en cada país, y que en el ambiente marino se relaciona, entre otras, con las regulaciones sobre gestión de residuos a bordo de las embarcaciones, que en nuestro país, son determinadas por la Prefectura Naval Argentina, autoridad de aplicación del Convenio Internacional para Prevenir la Contaminación por los Buques (MARPOL), como así también las que determinen las autoridades pesqueras.

“Argentina ha venido siendo un país pionero en atender y prevenir la posible contribución de la pesca a la contaminación por plásticos. Siguiendo los lineamientos de la FAO, se establecieron medidas considerando el riesgo de pérdida e impacto de cada arte de pesca, lo que implica tener en cuenta cantidad y proporción de aparejos de pesca perdidos/abandonados de acuerdo al arte, su distribución espacial y esfuerzo (intensidad), y los impactos que pueden ocasionar tanto en el ambiente (especies de importancia para la conservación, plásticos, etc.) como en aspectos socioeconómicos (riesgos de seguridad para la navegación, costo de la recuperación, etc.).

“Las artes de pesca pasivas, aquellas que se depositan o dejan en el agua para que operen durante cierto período de tiempo y son luego recogidas para recuperar la captura, fueron identificadas como las de mayor impacto, por la posible “pesca fantasma”, ya que su permanencia en el lecho marino mantiene su capacidad de pesca, además de afectar a otros organismos que no son el objeto para el que fueron diseñados, resultando a su vez en un factor de contaminación.

“Si bien la pesquería de centolla no tiene una participación mayoritaria en el total de las capturas de la pesca argentina, su posicionamiento en el ranking de los métodos de pesca de mayor riesgo, implicó que desde su inicio se la obligara a incorporar paños biodegradables en las trampas de manera de inactivar su capacidad de pesca luego de determinado tiempo; y más recientemente, se les estableciera la obligatoriedad del marcado, para promover el regreso a puerto de todas las trampas utilizadas durante la temporada de pesca, como así también la registración de las trampas perdidas y su posible localización.

“Resulta lógico suponer que ni a los capitanes ni a los armadores les resulta conveniente ni irrelevante perder su herramienta de trabajo, de manera que es común que se hagan los mayores esfuerzos para recuperar las artes perdidas, sin embargo es importante que existan los mecanismos reglamentarios que disuadan posibles conductas negativas, como el abandono o el descarte de artes defectuosas o con altos costos de recuperación. Asimismo, y tal vez como resultado más relevante, este tipo de sistemas de marcación, permiten dimensionar los impactos de manera contundente y objetiva, ya que la reglamentación exige informar la pérdida del arte de pesca propio o de terceros.

“La pesca por enmalle también ocupa un lugar preponderante en el ranking de las de mayores riesgos. Dado que este tipo de pesca se utiliza mayormente en la pesca artesanal en aguas someras, que en nuestro país son de jurisdicción provincial, la medición, monitoreo, posible impacto y acciones a realizar, deberá analizarse, oportunamente, en conjunto con las autoridades pesqueras provinciales.

“El siguiente paso es abordar las artes de mayor uso por parte de la flota argentina. La intensidad de la pesca por arrastre en nuestro país (85% de los desembarques totales) posiciona a este arte de pesca en la lista de prioridades a enfrentar. Para ello se constituyó la Mesa de Diálogo para Reducir el Impacto de los Aparejos de Pesca Perdidos, Abandonados o  Descartados (APPAD) en la Biodiversidad Marina, aprovechando la previa conformación de la Comisión de Trabajo para fortalecer las Medidas de Reducción del Bycatch en las Pesquerías (CT-Bycatch), establecida por el Consejo Federal Pesquero, que agrupa a expertos en artes de pesca tanto del sector académico como de la industria, y que se encontraban elaborando propuestas de modificaciones a las artes y métodos de pesca para incrementar la selectividad de las mismas.

“La Mesa analizó bibliografía y experiencia internacional con respecto a los sistemas de marcado, buscando un sistema factible, sencillo, y adaptado a las particularidades de la pesca en Argentina. De la Mesa participaron muchos rederos de renombre en el ámbito nacional, además de técnicos y capitanes de reconocida experiencia. También se realizó una reunión en la Asociación Argentina de Capitanes, Pilotos y Patrones de la Pesca en marzo de 2023, donde se relevaron comentarios, sugerencias y preocupaciones que fueron incorporadas al proyecto de normativa.

“La Disposición DNCyFP 04/2023, que se estableció otorgando un año de plazo para marcar las artes de pesca a fin de facilitar su implementación paulatina, permitirá demostrar que efectivamente los aparejos de la pesca por arrastre «no se pierden», tal como expresó la mayoría de los participantes de la Mesa y otros actores del sector consultados oportunamente. Cabe mencionar que el proceso, las conclusiones a las que se arribaron y los pasos a seguir en esta temática, se presentaron en el Taller sobre Buenas Prácticas Pesqueras que se realizó en Puerto Madryn, el 9 y 10 de mayo de 2023.

“Por otro lado, no solo las artes de pesca perdidas pueden generar contaminación por plásticos. El caso de la pérdida de cajones de pescado y su aparición en playas donde se habitan colonias de mamíferos marinos tomó conocimiento público en años recientes, y se requirió a las autoridades pesqueras, desde distintos ámbitos de la sociedad, que se tomaran medidas al respecto. La problemática aún está en estudio y su solución seguramente requerirá de la participación, la creatividad y el compromiso de diversos actores, pero ya se dispusieron reglamentaciones para registrar la cantidad de cajones que se utilizan y los que se pierden, como así también, la obligatoriedad de llevar a bordo instrumentos para la recuperación de los mismos.

“En un mundo en el que la pesca por arrastre está siendo atacada y demonizada desde varios sectores, pero principalmente desde el conservacionismo extremo, es de la mayor importancia contar con datos precisos y bien documentados del verdadero impacto, y evidenciar de manera contundente que en nuestro país esta actividad no tiene implicancias significativas sobre esta problemática.

“Hay mucho más por hacer para contribuir a disminuir el impacto del plástico desde el sector pesquero: hay otras pesquerías que analizar, nuevos materiales para considerar, interacciones con otros sectores e instituciones para integrar procesos en el marco de la economía circular, actores para sumar, y seguramente una lista larga de ideas para probar.

“Lo importante es seguir avanzando en el camino de pescar mejor, para que los productos pesqueros argentinos sigan incrementando su posicionamiento en los mercados y puedan afrontar con holgura los requerimientos de los compradores más exigentes, mientras que con estas, y otras tantas acciones de pesca responsable, mantienen a salvo el océano del que tanto dependemos”.