09/05/2024
Trabajo dictó la conciliación y se libera la zarpada de la flota fresquera de altura

Lo determinó ayer después de las 15 la Dirección Nacional de Relaciones y Regulaciones del Trabajo. Alcanza al SOMU y también al SIMAPE. Habilita un espacio de negociación por los próximos quince días. La flota comenzaba a zarpar al cierre de esta edición.

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Por Roberto Garrone Fotos Diego Izquierdo

Después de acumular casi cien horas con la flota fresquera de altura demorada para poder zarpar en el puerto marplatense por una medida de fuerza aplicada por el SOMU y respaldada por el SIMAPE, ante la falta de acuerdo paritario con las cámaras armadoras, llegó una paz momentánea que restablece la actividad en uno de los principales sectores de la industria pesquera local.

A través de la Disposición 565/24 y 566/24 la Dirección Nacional de Relaciones y Regulaciones del Trabajo de la Secretaría del Trabajo, Empleo y Seguridad Social, dictó la conciliación obligatoria entre las partes y habilitó un espacio de quince días para continuar con las negociaciones.

La medida se conoció pasadas las quince y fueron dos disposiciones, una para el SIMAPE y otra para el SOMU, y llevan la firma de Mara Ágata Mentoro, la responsable del área. Al cierre de esta edición la flota comenzaba a mover del muelle hacia la zona de pesca.

“Exhórtase a las partes en conflicto a mantener la mejor predisposición y apertura para negociar los temas sobre los cuales mantienen diferencias y contribuir, de esa manera, a la paz social y a mejorar el marco de las relaciones laborales en el seno de la actividad involucrada”, señala el Artículo 6 de la Disposición, a la que tuvo acceso este medio.

Hasta ahora, y desde hace más de un mes, las partes no logran ponerse de acuerdo en el nivel del reajuste paritario para la primera parte del año.  Veremos qué ocurrirá en este plazo, que podría llegar a extenderse cinco días más, justo para el inicio de la zafra de langostino en aguas nacionales.

En la audiencia de la mañana las posiciones se mantuvieron inflexibles y mientras en el gremio ya pensaban en una nueva asamblea para las próximas horas, en la patronal estaban pendientes de la decisión que finalmente terminó adoptando Trabajo.

“Seguimos esperando, se siguen perdiendo días de trabajo cuando deberían haberla dictado hace mucho”, lamentaba un armador que ya tiene todos sus barcos fresqueros retenidos por la medida del SOMU que cuenta con el apoyo “solidario” del SIMAPE.

Ayer a la mañana en el muelle Deyacobbi, centro de operaciones de la flota fresquera de altura, los días de demora de zarpada se reflejan en todas las secciones, con barcos amarrados hasta en sexta andana.

Cuesta caminar por el muelle porque hay tres barcos que se están descargando al mismo tiempo. A metros de la fábrica de hielo amarró el “San Pascual” que llegó con más de 1800 cajones, mayormente de merluza.

“No vino completo; hubo un poco de mal tiempo”, cuenta uno de los estibadores de “Riomar” que espera entrar en acción y está sentado al sol, sobre un cordón del lado sur del muelle.

El encargado de la empresa, vestido con un buzo celeste brillante, se muestra hermético. Nos pide disculpas por no poder brindar mayores datos. La última vez que compartió información de la marea con este medio, casi le cuesta el trabajo. Gente sensible…

Amarrado a muelle unos metros más acá, el “Don Gaetano” aparece custodiado por dos camiones de combustible. Un par de operarios monitorean la conexión de las mangueras que bajan al interior del buque.

La marea del “Huafeng 881” se prolongó por siete días y Alejandro, su armador, confirma que vino completo de variado costero. La descarga de pescadilla mostró cierta irregularidad en los tamaños. También bajaron gatuzo, pez palo, besugo, anchoa, lenguado y pez sable.

Casi a la altura de la popa del buque charlan Mauricio y Benito, dos viejos marineros a los que les cuesta ponerse al día en medio de ráfagas de viento y alguna llovizna ligera.  Se acerca un muchacho joven que dice también ser marinero. Cada uno tiene una historia diferente, aunque ahora los une la misma necesidad de conseguir embarque, de trabajar.

“No se baja  nadie”, dice Mauricio, que pide que anote el sobrenombre para una mejor identificación. “El Loro, me dicen”, acota. Cuenta que se bajó del “Canal de Beagle” el mes pasado y que, si bien entra al otro día, vino para ver si conseguía algo antes.

“Acá (aludiendo a la flota fresquera) ya mucho no nos quieren porque estamos grandes y el trabajo requiere mucho esfuerzo”, agrega mirando a Benito. Su compañero se acomoda la melena canosa y agudiza su mirada de preocupación. El “José Luciano” comenzó a recibir cajones vacíos en la cubierta y hay que correrse unos metros, oportunidad que aprovecha “El Loro” para saludar y salir de escena.

El “Ciudad Feliz” descargó en la noche del martes pero a bordo asoma un grupo de trabajadores que llena el aire de voces. Dos prácticos de muelle piden posar para la foto. “Esto del SOMU se va a arreglar, si no acuerdan ahora no les va a quedar tiempo para discutir por el langostino”, dice con ironía el más alto de los dos.

En el “Gran Capitán” la descarga corre por cuenta de la empresa de estibaje “Polilú” que dispone de trece trabajadores más el guinchero. El buque llegó con sus cajones completos mayoritariamente de merluza y algo de calamar. La descarga parece estar en un paréntesis. Por la merluza entera se esta pagando 650/700 pesos más IVA. Por el calamar 1500 pesos el kilo y bajando porque aparece cada vez más seguido en la bodega de los fresqueros.

Una lingada de cajones quedó colgada en suspensión a un par de metros de altura. En la cubierta, unos estibadores se dedican al reproceso de calamar con una velocidad sorprendente. Dominan los ejemplares de tamaño «S» pero se ven algunos más grandes. “Para el asado”, avisan desde el muelle. La propina parece ser un beneficio del que no solo gozan los marineros.