Durante décadas, la industria pesquera de Mar del Plata fue descripta a partir de sus empresas más conocidas, sus principales buques, el movimiento del puerto y las cifras de exportación. Sin embargo, detrás de esos indicadores existe un entramado mucho más amplio y diverso que permanecía parcialmente oculto.
El Censo Industrial Pesquero 2023-2024 identificó 236 plantas activas en el Partido de General Pueyrredon. El relevamiento fue elaborado por el Observatorio de Problemáticas Pesqueras del INHUS, el CONICET y la Universidad Nacional de Mar del Plata, bajo la responsabilidad de Agustín Nieto y con la participación de los investigadores Gabriela Sánchez y Diego Solimeno, junto con el resto del equipo.
La investigación adquiere una relevancia particular porque el antecedente comparable se remontaba a 1996. Entre ambos trabajos transcurrieron casi treinta años durante los cuales cambiaron las especies predominantes, la composición de la flota, los mercados internacionales, las modalidades laborales y la distribución territorial de la actividad.
Los resultados fueron presentados como punto de partida de una exposición realizada en el panel de Economía Azul de la Feria Internacional Portuaria. El objetivo no fue solamente describir el presente, sino formular una pregunta más amplia: ¿qué modelo industrial pesquero se está configurando en Mar del Plata?
Una estructura mucho más amplia
De las 236 plantas activas identificadas, el 61,9% fue clasificado como empresa, el 18,2% como cooperativa de trabajo, el 17,8% como establecimiento informal y el 2,1% restante como una combinación de modalidad empresarial y cooperativa.
La primera conclusión es cuantitativa: la industria pesquera marplatense resulta mucho más amplia de lo que habitualmente muestran las estadísticas y los registros sectoriales.
No se encuentra integrada únicamente por algunas empresas de gran tamaño. Comprende una enorme red de plantas, talleres, cooperativas, pequeñas y medianas firmas y establecimientos de distintas características.
Esa amplitud puede interpretarse como una fortaleza porque refleja la existencia de conocimientos productivos distribuidos, capacidad empresarial y una cultura industrial arraigada en el territorio.
Pero la misma fotografía también exhibe una marcada heterogeneidad que puede denotar cierta debilidad. Que el 17,8% de los establecimientos haya sido clasificado como informal —aproximadamente 42 sobre un universo de 236— no representa solamente una cuestión laboral. También involucra condiciones sanitarias, habilitaciones, trazabilidad, fiscalización y competencia entre quienes cumplen las reglas y quienes desarrollan su actividad fuera de ellas.
La industria pesquera marplatense es más grande y extensa de lo que se conocía, pero también más fragmentada y desigual de lo que muchos suponían.
Mar del Plata y Chubut, dos estructuras diferentes
La atomización aparece con mayor claridad al observar la cantidad de plantas por empresa. Dentro del módulo de 44 encuestas empresariales, el 91% de las firmas relevadas en Mar del Plata posee una sola planta, el 7% cuenta con dos y solamente el 2% tiene tres establecimientos.
El tamaño de las plantas confirma esa característica. Sobre 105 establecimientos relevados en Mar del Plata, el 63% tiene hasta 50 trabajadores. El 19% ocupa entre 51 y 100 personas, el 17% entre 101 y 200, y solamente el 1% se ubica entre 201 y 300. En esa base no aparecen plantas con más de 300 trabajadores.
La comparación con Chubut muestra una estructura diferente. Allí, sobre 36 plantas relevadas, solamente el 15% tiene hasta 50 trabajadores. En cambio, existe una presencia considerable de establecimientos de mayor tamaño: el 14% emplea entre 301 y 400 personas, el 6% entre 401 y 500, y otro 14% supera los 500 trabajadores.
Mar del Plata presenta, por lo tanto, una estructura industrial extensa y atomizada. Chubut exhibe una mayor concentración en establecimientos de escala. Sin embargo, la comparación no admite conclusiones automáticas. La concentración chubutense no constituye necesariamente una virtud, del mismo modo que la atomización marplatense no representa, por sí sola, una debilidad.
La presencia de pequeñas y medianas empresas puede aportar flexibilidad, especialización y capacidad de adaptación. Al mismo tiempo, la gran cantidad de pequeñas y medianas empresas puede reflejar una dificultad en la concentración de capital, las inversiones de gran escala y el avance de una industrialización con capacidad operativa más compleja.
La pregunta central es si esa atomización refleja prosperidad empresarial o si, en determinados segmentos, también expresa dificultades para crecer, innovar y competir. Necesariamente a los efectos de responder ese interrogante surge imperante la necesidad de continuar con relevamientos diagnósticos como el actual censo industrial que permita empezar a graficar tendencias de la actividad.
Merluza, fresco y filet
La estructura industrial pesquera marplatense conserva, además, una especialización claramente definida. Del universo de 236 plantas activas, el 65% se dedica principalmente al procesamiento de productos frescos. El 17% trabaja con congelados, el 8% presta servicios frigoríficos, el 6% produce conservas o salados, el 3% harina o aceite y el 2% desarrolla una actividad mixta.
Dentro del módulo empresarial, el filet representa el 52% de los principales productos elaborados, mientras que la merluza constituye la especie objetivo para el 61% de las respuestas. De esta forma, buena parte de la identidad industrial marplatense continúa asentada sobre tres elementos tradicionales: merluza, fresco y filet.
Esa especialización expresa décadas de experiencia, conocimiento técnico y capacidad para generar empleo. Pero también abre interrogantes sobre el futuro. ¿Se trata de una fortaleza consolidada o de una dependencia que limita la diversificación? ¿El agregado de valor continuará concentrado en el filet o existe margen para incorporar nuevos productos, subproductos y procesos industriales?
La cuestión no consiste en abandonar un modelo que forma parte de la identidad pesquera local. El desafío es determinar si ese modelo seguirá siendo competitivo durante la próxima década y si la industria tendrá capacidad suficiente para adaptarse en caso de que cambien las condiciones biológicas, comerciales o tecnológicas.
El censo permite comenzar a formular esas preguntas. Todavía no ofrece todas las respuestas. Y ese límite conduce al segundo capítulo de esta radiografía: de dónde proviene actualmente el pescado que sostiene a las plantas marplatenses y cómo está cambiando el mapa nacional de los desembarques.
