21/09/2026
Langostino 2026: el desafío de transformar abundancia en valor

La temporada nacional superó las 130.000 toneladas y confirmó la buena disponibilidad del recurso. Pero la velocidad de captura, la caída final de los rendimientos y el aumento del bycatch de merluza muestran que una buena zafra biológica no garantiza el mejor resultado económico.

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La temporada de langostino en aguas nacionales concluyó el 13 de septiembre, después de casi cinco meses de actividad. Las capturas superaron las 130.000 toneladas y el acumulado de desembarques de la especie, considerando también la temporada provincial de Chubut, se acercaba a las 180.000 toneladas al 8 de septiembre. Con la reapertura de Rawson durante el último tramo del año, 2026 podría volver a ubicarse alrededor de las 200.000 toneladas.

Los números describen una pesquería productiva y un recurso que, de acuerdo con la información biológica disponible, continúa dentro de parámetros aceptables. Pero el balance no debería detenerse allí. La cantidad capturada es apenas una de las dimensiones del resultado. También importa cuánto valor generó esa captura, cuánto costó obtenerla, cómo se distribuyó el trabajo y qué efectos tuvo la velocidad de pesca sobre la calidad del producto y sobre otras especies del ecosistema.

Una temporada concentrada

La pesca comercial comenzó el 16 de abril al norte del paralelo de 41° Sur y fuera del Área de Veda Permanente de Juveniles de Merluza. Durante la segunda quincena de ese mes se declararon 1.753 toneladas. En mayo, mientras avanzaban las prospecciones y se habilitaban subáreas dentro de la veda, el volumen ascendió a 6.081 toneladas.

El cambio de escala llegó en junio, con 38.975 toneladas desembarcadas. Julio marcó el máximo de la temporada con 45.558 toneladas. Entre ambos meses se concentraron 84.533 toneladas, cerca de dos tercios de toda la captura obtenida en aguas nacionales. Agosto todavía aportó 28.934 toneladas, aunque fueron casi 16.600 menos que en julio y la tendencia ya mostraba un deterioro claro.

La rapidez no fue un accidente. La flota posee una capacidad de búsqueda y captura cada vez mayor. Cuando se detectaban concentraciones de buena talla, numerosos buques convergían sobre ellas y las explotaban en pocos días. Esa eficiencia reduce el tiempo necesario para alcanzar un volumen determinado, pero también puede acortar el calendario de actividad, concentrar la oferta y acelerar la dispersión de los cardúmenes comerciales.

El límite apareció en agosto

En la segunda mitad de agosto, la caída de los rendimientos coincidió con un aumento sostenido de la captura incidental de merluza. Entre el 16 y el 23 de ese mes, la proporción de merluza alcanzó el 25% en la Subárea 7 y el 35% en la Subárea 15. Luego se informaron valores del 36% en la Subárea 16 y picos del 66% y del 34% en la Subárea 8.

Dado que estos registros superaron el límite del 20% utilizado para ordenar el cierre de subáreas, el INIDEP fue recomendando su cierre paulatino, y hacia inicios de setiembre, en función de rendimientos variables de langostino, agregaciones puntuales y de menor extensión, y mayor captura acompañante, recomendó finalizar las operaciones dentro del área de veda para proteger tanto al langostino como a la merluza. El cierre definitivo de la pesca dirigida en aguas nacionales llegó el 13 de septiembre.

El episodio deja una enseñanza. Mantener abierta una pesquería cuando las concentraciones del recurso objetivo pierden continuidad y aumenta el bycatch puede sumar algunas toneladas, pero también eleva el tiempo de búsqueda, el consumo de combustible y la captura no deseada. La última parte de una temporada no debe evaluarse sólo por lo que todavía puede extraerse, sino por el costo biológico y económico de conseguirlo.

Captura y valor

El desempeño comercial de 2026 fue favorable en términos agregados. Según una elaboración de CAPeCA basada en datos del INDEC, entre enero y julio de 2026 se exportaron 78.456 toneladas de langostino por 579,7 millones de dólares. El volumen creció 63,7% respecto del mismo período de 2025 y el valor aumentó 62,3%. La relación entre ambas cifras arroja un promedio aproximado de 7.389 dólares por tonelada, apenas por debajo del promedio del año anterior.

La comparación, sin embargo, está condicionada por el conflicto gremial que mantuvo inactiva a la flota tangonera congeladora hasta el 1 de agosto de 2025. Además, el promedio general reúne presentaciones con precios y mercados diferentes. Según la elaboración de CAPeCA, entre enero y julio de 2026 el langostino entero promedió 6.871 dólares por tonelada, mientras que las colas alcanzaron 7.896 dólares por tonelada. Por eso, aumentar el volumen exportado no implica necesariamente incrementar los ingresos en la misma proporción.

La calidad también forma parte del rendimiento

Durante 2026 se suspendió de manera experimental el límite de 72 horas entre el inicio efectivo de la pesca y el arribo a puerto para los fresqueros de altura. La flexibilización otorgó mayor libertad operativa, aunque plantas procesadoras señalaron que parte del langostino llegó con menor calidad cuando se amplió el tiempo entre captura y descarga. La Resolución CFP 5/2026 dispuso que la experiencia sea evaluada antes de decidir el régimen de 2027.

Ese análisis debería apoyarse en información medible: duración real de cada marea, temperatura del producto, proporción de piezas rotas o deterioradas, rendimiento industrial y precio final. Sin esos datos, la discusión corre el riesgo de reducirse a posiciones sectoriales. La calidad no es un argumento abstracto. Incide sobre el aprovechamiento de la materia prima, el valor exportado y la posibilidad de sostener la reputación del langostino salvaje argentino en mercados exigentes.

Puertos y trabajo

La distribución territorial de los desembarques también muestra la concentración de la temporada. Al 1 de septiembre, Puerto Madryn había recibido 83.006 de las 120.022 toneladas capturadas hasta entonces en aguas nacionales, equivalentes al 69,1%. Mar del Plata acumulaba 11.864 toneladas; Puerto Deseado, 10.753; Caleta Paula, 4.374; e Ingeniero White, 2.110 toneladas.

El volumen movilizó plantas, estibadores, transportistas y servicios portuarios, pero la intensidad tuvo una contracara: muchas plantas de Chubut habían terminado su actividad nacional durante la segunda quincena de agosto y, concluida la zafra, la mayoría ingresó en receso. Capturar más en menos tiempo puede reducir algunos costos de la flota, pero también comprime la cantidad de jornadas laborales y dificulta la continuidad de ingresos en tierra.

Este efecto no invalida la eficiencia ni supone que deba prolongarse artificialmente una temporada. Sí indica que las decisiones de manejo tienen consecuencias distributivas. Un mismo volumen puede producir resultados diferentes según cuándo se capture, en qué puertos se desembarque, qué proporción se procese en tierra y qué calidad alcance el producto final.

El debate que deja 2026

La pesquería llegó al final de 2026 con una señal biológica favorable y una elevada capacidad productiva. Es una base valiosa, pero insuficiente para definir por sí sola el éxito. El próximo paso debería ser construir indicadores que combinen estado del recurso, captura incidental, duración de la temporada, rendimientos, costos, calidad, empleo y precio de exportación.

Una futura regla de control de captura podría incorporar parte de estas variables y establecer respuestas previamente acordadas frente a distintos escenarios. En ese marco también merece analizarse una eventual próxima cuotificación mediante cuotas individuales transferibles (CITC).

Si cada empresa conociera de antemano su participación en una captura total definida con criterios precautorios, podría disminuir el incentivo a competir en lo inmediato por el recurso, lo que podría permitir una planificación más ordenada de las mareas, moderar la concentración de desembarques, mejorar la selección de tallas y preservar mejor la calidad.

También podría reducir viajes apresurados, consumo innecesario de combustible y presión simultánea sobre las mismas concentraciones. La elevada variabilidad interanual del langostino y su dinámica espacial obligarían además a conservar las prospecciones, los cierres dinámicos y los límites de bycatch.

Las CITC ordenarían el acceso a la captura disponible, pero no reemplazarían las medidas destinadas a proteger el recurso y la merluza. Bien diseñado, el sistema podría alinear el interés económico de los operadores con una temporada menos competitiva y orientada a obtener mayor valor por tonelada.

El balance de 2026 no es negativo. Por el contrario, demuestra que el langostino continúa respondiendo y que la Argentina posee capacidad para aprovecharlo. La pregunta pendiente es si el sistema puede transformar esa abundancia en mejores precios, mayor calidad y una actividad menos concentrada. Medir el éxito únicamente en toneladas puede ocultar una parte sustancial de lo que la pesquería aporta y también de lo que pierde.