La industria pesquera marplatense ya no puede analizarse únicamente a partir de lo que desembarcan los buques en el puerto local. El Censo Industrial Pesquero 2023-2024 muestra que una parte significativa de las plantas depende de una red de abastecimiento que conecta a Mar del Plata con otros puntos del litoral marítimo y, particularmente, con los puertos patagónicos.
Entre las plantas que respondieron sobre la disponibilidad de flota propia, el 56,4% manifestó no contar con embarcaciones, mientras que el 43,6% sí posee buques. La base de esa consulta fue de 39 establecimientos.
Cuando se preguntó por el origen principal de la materia prima, sobre 40 respuestas, el 52,3% mencionó buques de terceros, el 23,5% buques propios y el 15,9% otra planta.
El dato más significativo es que el 47,5% de esos establecimientos afirmó procesar materia prima descargada en otros puertos.
Los porcentajes representan menciones y no toneladas transportadas. Por ese motivo, no permiten cuantificar con precisión cuánto pescado llega por vía terrestre ni qué proporción de la producción local depende de esa logística. Pero sí confirman que la industria marplatense excede el desembarque que se produce en su propio puerto.
Una red industrial de alcance nacional
Este vínculo de Mar del Plata con la red de puertos del litoral patagónico puede interpretarse de múltiples formas. Por un lado, la misma puede ser una señal de fortaleza, dado que Mar del Plata conserva conocimientos industriales, mano de obra especializada, infraestructura frigorífica y capacidad de procesamiento suficientes para atraer materia prima desde otras provincias. Podría leerse entonces que la ciudad se encuentra transicionando de ser una industria procesadora de lo descargado hacia un polo industrial que presta servicios, ya no solo de reprocesamiento sino logísticos a una actividad pesquera de alcance nacional.
Sin embargo, el mismo fenómeno admite una segunda lectura. El traslado de pescado desde la Patagonia puede estar compensando la pérdida relativa de desembarques en el puerto marplatense.
Ambas interpretaciones no resultan necesariamente contradictorias. Mar del Plata puede consolidarse como centro industrial y logístico mientras, al mismo tiempo, pierde participación relativa como puerto de descarga.
La distinción importa porque cada etapa de la cadena genera efectos diferentes sobre el territorio. El desembarque moviliza estibadores, transportistas, proveedores y servicios portuarios. El procesamiento crea empleo industrial y agrega valor. El almacenamiento aporta capacidad logística, aunque su incidencia laboral puede ser menor. La localización de cada eslabón determina dónde permanecen la actividad económica, el empleo y las inversiones.
El crecimiento de Puerto Madryn
Durante el primer semestre de 2026, Mar del Plata continuó siendo el principal puerto pesquero del país, con 172.538 toneladas desembarcadas. Sin embargo, en el mismo período de 2025 había superado las 207.000 toneladas.
Puerto Madryn mostró el movimiento inverso. Pasó de aproximadamente 78.500 toneladas durante el primer semestre de 2025 a casi 124.800 toneladas en igual período de 2026.
En esos primeros seis meses de 2026, Puerto Deseado alcanzó unas 63.600 toneladas; Rawson, 46.900 toneladas; Caleta Olivia y Caleta Paula superaron conjuntamente las 24.800 toneladas; y Comodoro Rivadavia llegó a aproximadamente 15.300 toneladas desembarcadas.
La evolución continuó durante el año. Al 9 de septiembre, los puertos bonaerenses acumulaban alrededor de 265.400 toneladas y Chubut alcanzaba unas 260.500. Menos de cinco mil toneladas separaban a ambas provincias.
Las cifras corresponden a desembarques y no deben confundirse con producción industrial. Tampoco permiten determinar por sí solas cuánto pescado descargado en la Patagonia termina procesándose en Mar del Plata.
No obstante, la tendencia evidencia una redistribución territorial de la actividad portuaria. El movimiento no involucra solamente toneladas: también desplaza empleo, logística, inversiones y capacidad de negociación política.
El nuevo papel del frío
En este escenario, los servicios frigoríficos adquieren una importancia creciente. El 8% de las 236 plantas activas marplatenses identificadas por el censo tiene como actividad principal la prestación de servicios de frío. Esto equivale a aproximadamente 19 establecimientos. Las capacidades informadas van desde las 10 hasta las 16.000 toneladas, aunque el informe no individualiza cuántas plantas respondieron específicamente ese indicador.
La información disponible no permite afirmar, por sí sola, que exista una tendencia histórica hacia la expansión frigorífica. Una fotografía actual no alcanza para describir una evolución. Pero la combinación de varios factores permite formular una hipótesis. El traslado de materia prima desde otras provincias, y las variaciones estacionales de los desembarques convierten al frío en una pieza cada vez más relevante de la cadena pesquera.
Las cámaras frigoríficas funcionan como depósitos, pero también como reguladoras del ritmo comercial. Permiten administrar stocks cuando se ralentizan las exportaciones, sostener la continuidad de las plantas y organizar la logística cuando el pescado se descarga lejos del lugar donde finalmente será elaborado o comercializado.
Así, Mar del Plata podría estar evolucionando desde un centro definido principalmente por la captura y el procesamiento hacia una plataforma más compleja de elaboración, reproceso, almacenamiento y servicios pesqueros.
Ese cambio no implica necesariamente una pérdida industrial. Pero obliga a identificar qué valor agrega cada etapa, cuánto empleo produce y qué actividades quedan efectivamente radicadas en la ciudad.
La dimensión laboral
El censo registró 5.137 trabajadores y trabajadoras en las 78 plantas que suministraron información, con un promedio de 66 personas por establecimiento.
El 60 por ciento del personal relevado es masculino y el 40% femenino. La capacidad máxima declarada equivale a un promedio de 115 trabajadores por planta, mientras que la relación entre el personal actualmente ocupado y ese máximo alcanza aproximadamente el 70%.
Ese porcentaje no mide toneladas procesadas ni capacidad técnica instalada. Expresa la relación entre el empleo actual y el máximo posible declarado por las empresas. La aclaración resulta importante porque la economía azul no puede evaluarse únicamente en función de biomasa, exportaciones o desembarques. También debe considerar el empleo, los oficios y los conocimientos que permanecen en cada territorio.
Por eso, detrás de la comparación entre Mar del Plata y la Patagonia aparece una pregunta más compleja: ¿la ciudad se está consolidando como un polo industrial nacional o está compensando la caída relativa de sus desembarques mediante el traslado de materia prima?
Quizás ambas cosas estén ocurriendo al mismo tiempo.
Determinar cuál de esas dimensiones prevalece exige series estadísticas, seguimiento periódico y objetivos de desarrollo claramente establecidos. Ese es, precisamente, el problema que aborda la última nota de esta serie: cómo puede construirse una política pesquera territorial si el Estado no produce de manera continua la información necesaria para fijar el rumbo.
