01/10/2026
“El patrón me agredió y el SOIP me abandonó”

Liliana Rojas es filetera y delegada en la empresa R.R.F.AM.A.A, una pyme familiar que corta merluza y pez palo para terceros. Denuncia violencia laboral y pasividad gremial. “Cristina Ledesma estaba más interesada en que el empresario pague las deudas con el gremio que por mi salud física y psíquica”, reveló la trabajadora.

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Por Roberto Garrone Fotos Diego Izquierdo

Más allá de que intenta conservar la calma y mantener el equilibrio mientras cuenta su historia, Liliana Rojas desfila sobre el abismo emocional, a un paso de desbordarse y largarse a llorar de manera desconsolada.

Sentada a la mesa de un pequeño salón comercial al borde de una estación de servicio sobre la Av. 39, la filetera intenta mantener la calma y contener sus emociones. Esos sentimientos que ocupan gran parte de su día desde la semana pasada, en que su relación con Juan Emilio Andrés Usay, el dueño de la empresa donde trabaja, cruzó todos los límites imaginables.

Liliana tiene 52 años, suma 16 vinculada con la industria del pescado, 5 bajo relación de dependencia en la pyme R.R.F.AM.A.A que funciona en San Salvador 4140, y en noviembre cumplirá un año como Delegada, elegida por los más de 25 compañeros que trabajan en la empresa.

“Venimos hace mucho tiempo reclamando cosas que no están bien en la empresa. No liquida en blanco toda la producción que hacemos, apenas una cuarta parte, no paga la obra social hace varios meses, no nos entrega los recibos…”, enumera Liliana, quien reconoce que desde el momento en que fue elegida Delegada, la relación con la empresa se tensó más.

“Me hizo las cosas difíciles como para que renuncie; no me deja trabajar, tampoco cumplir con mi labor como Delegada. Me filma, dice que corto mal… es un hostigamiento permanente para que me canse y renuncie. Eso es lo que busca”, revela.

La insistencia del reclamo de los trabajadores llevó a Usay a comparecer ante el Ministerio de Trabajo en distintas audiencias. “Él registró pero hizo una registración a medias porque paga mucho en negro. Producimos 2 mil kilos de filet al mes y en el recibo figuran 500 kilos. Eso afecta al pago de vacaciones, aguinaldo. Queremos todo en blanco pero Usay lo rechaza”.

En marzo pasado, cuenta la filetera, el empresario aceptó blanquear pero solo su recibo. “En represalia por ese blanqueo le armó una causa a mi marido, que trabajaba en la empresa y lo despidió con causa”.

En la planta se corta merluza principalmente y trabajan casi todos los días. Procesan pescado para INAL, Supermercados Coto y en ocasiones hasta para Moscuzza. “Ahora que hay pescado trabajamos 8 horas por día. Hay un sobreturno entre las 13 y 16 que se paga en negro pero a mí no me llama a trabajar”, dice Liliana.

El lunes 21 las partes habían tenido una audiencia en el Ministerio de Trabajo por la registración de unas obreras que estaban en negro y para que blanquee los ingresos de otras dos compañeras de Rojas. “No solo no las registró sino que dejó de llamarlas”, subrayó la Delegada.

Como represalia, en la noche del 23 de septiembre Usay le envió un mensaje a la filetera para que al otro día no se presente a trabajar. Ella cuenta que fue igual porque una notificación de esa naturaleza debe hacerse por carta documento.

“Me presenté a las 5 de la mañana y no me permitía trabajar, se negaba a darme pescado”, cuenta la trabajadora. “Entonces fui yo a buscar un cajón para tirarlo en la mesa y comenzar a cortar. Ahí me agarra de las muñecas, me las aprieta con fuerza, comienza a gritar que el pescado era de él, que no me lo iba a dar… me empuja… todo delante de mis compañeros… una situación muy desagradable”, confiesa.

Luego del incidente Rojas se quedó en el comedor de la empresa y llamó al sindicato y a la policía. Hizo la denuncia en la Tercera y concurrirá a Fiscalía para presentar una denuncia penal por agresiones.

Al mediodía de ese miércoles participó de una reunión en el sindicato junto a la Secretaria General y el propio Usay. “Pensé que Cristina le iba a reprochar su conducta, por lo de la agresión, la violencia a la que me había sometido. Soy una mujer, trabajadora, delegada… No dijo nada… solo le reclamó por una deuda que mantiene conmigo, cosas mal liquidadas y los permisos gremiales que jamás pagó. Me sentí más sola que nunca… desde lo humano, lo gremial estaba en un segundo plano”, analiza.

A Liliana le cuesta creer que el desinterés del gremio tuvo que ver con su participación en la lista opositora que intentó competir en las elecciones del pasado 18 de septiembre. “Podemos tener una opinión distinta pero somos todos trabajadores. Hoy me siguen doliendo las muñecas, pero más me duele el abandono del sindicato”, confesó Rojas.

En la empresa también trabaja una obrera que integró la lista “Negra y Blanca” del oficialismo. “Es amiga de Usay y de la encargada, Marisa Rivaneira, otra maltratadora de trabajadores. El día de la agresión ni me preguntó cómo estaba”, recuerda la Delegada.

Los días posteriores a la agresión son tan difíciles como aquel jueves a la madrugada. “La estoy pasando mal, no trabajo tranquila… Usay nunca me pidió disculpas; lo único que quiere es que renuncie, que me vaya, pero no quiero renunciar porque necesito trabajar y porque quiero seguir acompañando el reclamo de mis compañeros”, sentenció Rojas.